Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El Zócalo de Puebla y sus túneles NO subterráneos

Debajo de su gran plancha, en 2002 se habló de catacumbas, ahora de túneles, ¿qué sigue?

Elvia de la Barquera

Egresada de Antropología UDLAP, Bellas Artes Universidad de Barcelona y Doctorada en Espacio Público: Arte-Sociedad UB. Artista, investigadora, docente y Crítica de Arte con publicaciones varias

Viernes, Mayo 21, 2021

Sin duda alguna, nuestra Plaza Mayor es el principal espacio público de la ciudad de Puebla. Es el corazón que dio inicio al desarrollo de una urbe que encabezaría la economía, el arte y la productividad durante los primeros siglos de la vida virreinal. Es un punto importante para los poblanos y le resguardamos con celo. Pero poco sabemos de ella, poco hemos investigado su historia, poco se ha escrito y aún menos hemos leído. Pero la celamos.

Cada vez que una autoridad municipal quiere intervenir nuestra Plaza Mayor, nos encrespamos aún sin conocer el proyecto, aún sin saber si son obras necesarias o no, paramos las antenas, y no es para menos.

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Nuestra Plaza Mayor, como todo espacio público, está descrito por los elementos que le adornan como las jardineras, los elementos naturales que cada vez debemos de valorar más y también por su mobiliario. Lajas, bancas y lámparas guardan historia, y que decir de la grandiosa Fuente de San Miguel, un portento de belleza, significativa no sólo por su carácter ornamental, sino por su función de abastecimiento de agua a la comunidad.

Las diferentes temporalidades en que se fabricó el mobiliario nos habla de momentos específicos de la historia de Puebla. Lo mismo sucede con las lajas, mismas que se han colocado en su mayoría durante la segunda mitad del siglo XX, incluso algunas en el XXI. A este respecto, integrantes del Consejo Ciudadano del Centro Histórico y Patrimonio Edificado consideran no necesario quitar las que están en buen estado, como tampoco desechar el mármol recientemente instalado durante la primera década de este siglo, bajo la administración de Blanca Alcalá, ya que el mármol de los pasillos se encuentra en perfectas condiciones, es propio de nuestra región y su movimiento implicaría un gasto innecesario. Me sumo a estas observaciones.

¿Y qué hay de lo que puede haber bajo tierra? Debajo de la gran plancha de la Plaza Mayor también hay historia, hay un contenido arqueológico; sus exploraciones también nos pueden describir procesos de construcción y de uso. De la misma manera, los diferentes materiales que se pudieran recuperar de esta tierra pueden hablarnos de producción cerámica, de contacto con otras sociedades, de comercio, de intercambio, así como de pautas estéticas, modas, usos y costumbres.

Hablando de elementos soterrados, la semana pasada el Secretario de Cultura habló de la existencia de túneles. Tal vez existan, sería necesario hacer exploraciones arqueológicas para cerciorarse de tal, pero considero difícil hablar de túneles que están por arriba del nivel del suelo. Es decir, la plancha de nuestra Plaza Mayor está elevada por encima del rodamiento vehicular, de tal manera que se necesitan varios escalones para acceder a ella. Por otra parte, el techo de los supuestos túneles tiene un grosor máximo de 30 cm, de tal forma que el techo conforma el piso de la plancha del zócalo:

Estos “túneles” en realidad son cárcamos, cuartos de mantenimiento de las fuentes que habían al poniente y al oriente  y que fueron instaladas en 1915.

Por la altura: Por encima de la superficie; por los materiales de construcción: vigueta y bovedilla; por el contenido: material eléctrico como cables y cajas metálicas empotradas; y por su ubicación: justo debajo de donde estaban los espejos de agua. Asegurar que se construyeron durante la intervención francesa, es sencillamente errado.

En el 2002, cuando Luis Paredes pretendía construir un estacionamiento subterráneo, se hicieron excavaciones y habló de catacumbas, ahora se habla de túneles… ¿Qué sigue?

No es del todo desechable la idea de la existencia de túneles, pero deberían de estar a mayor profundidad, contar con otro tipo de materiales constructivos y sin cableado eléctrico. Solamente la exploración arqueológica podrá despejar esta y otras dudas, y permitirnos acceder al contenido histórico de este peculiar espacio.

Lo que es meritorio es el interés de la ciudadanía por esta plaza patrimonial y sus demandas por una buena obra y una buena investigación, demandas que deben continuar y fortalecerse, y que esperemos encuentren eco en las autoridades.

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