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OPINIÓN

La tragedia de la estación Oliva

La tragedia del poder en la que las cartas fundamentales de la sucesión han quedado desacreditadas

Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Miércoles, Mayo 5, 2021

A la extenuación laboral que permite a duras penas proporcionar el sustento diario, se aunaba día a día el tedio de un largo trayecto al hogar al fin de la jornada, truncado esa noche por la muerte.

Al decir del tango, en  “la esquina rea”  de “corrientes” y “esmeralda” se habría “levantado una oleada de ropa plebeya que al hombre tragedia”  encontraría en la ocasión.

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Pascual Contursi no habría sido el poeta que cantara los sucesos de la estación “Oliva”. Otra tragedia, no obstante se escenificaría en la demarcación de Tláhuac en un pasado ya no tan reciente; hace ya diecisiete años de entonces, cuando el  jefe de la policía fue destituido del cargo por el linchamiento de dos agentes adscritos a su mando y a los que la corporación no  brindó la protección adecuada.

La línea de transporte que fuera motivo de acres disputas y controversias entre Ebrard y Mancera colapsa bajo la jefatura de gobierno de Sheinbaum. Mucha tinta correrá al respecto, acaso, mucha más de la que ha corrido ya en relación con el asunto.

El hoy alcalde de la demarcación Iztacalco en la Ciudad de México fungía como secretario de Transporte al realizarse los trabajos  concernientes a la línea 12 del Metro. Por aquellos días, el propio “Jefe de Gobierno” y el finado Manuel Camacho impulsarían una alianza opositora en varias entidades, Puebla entre otras; y como consecuencia de sus buenos oficios, Armando Quintero se encargaría de promover el metrobús.

¿Colapsará también el sistema de transporte en Puebla? Al menos todo pareciera indicar que tal suceso no revestiría, por principio de cuentas, el mismo grado de dramatismo que hoy se observa en la línea del metro capitalino.

Tendida por contratistas de obra de especial relevancia como a la sazón lo son ICA y CARSO bajo el gobierno capitalino de Marcelo Ebrard, con Mancera se suspendió el servicio para corregir errores en la línea, la principal: el ancho de vías (gálibo) no correspondía con el de los furgones.

A la tragedia del hombre común que enfrentaría una muerte anónima y triste al regreso de una rutina sin perspectiva, se suma la tragedia del poder, en la que las cartas fundamentales de la sucesión del mando político en funciones han quedado totalmente desacreditadas.

Salvo que me corrijan los ingenieros civiles, el resultado del peritaje que se espera no podrá ser muy variado fuera de tres posibilidades centrales: falla estructural, deterioro por falta de mantenimiento o sabotaje; y, de descartarse ésta última opción por no encontrarse en la escena del hecho residuos de explosivos, no quedan sino las otras dos posibilidades a explorarse.

Y salvo una mejor opinión, al igual que en lo concerniente a una falla estructural, los inadecuados cálculos de mecánica de suelos y sus variaciones por desecación del manto acuífero o por los antecedentes telúricos en la zona,  serían imputables tanto al contratista como el dueño de obra por la recepción de la misma. Pero si por el contrario, el percance se hubiese ocasionado por falta de mantenimiento, la responsabilidad recaería en los subsiguientes operadores del sistema.

Al decir de los ingenieros civiles, el concreto nos avisa cuando va a fallar con grietas y fisuras. De no haberse derivado el colapso de los furgones del metro en la estación “Oliva” por una imprecisión en los cálculos originales de edificación, el pandeo de la viga pudo ser ocasionado por el hundimiento, fallando en tal caso la adecuada supervisión.

Difícilmente Ebrard y Scheinbaum podrían seguir considerándose aspirantes presidenciales. Los acontecimientos vividos, por lo demás, incidirán en el resultado de la contienda electoral. Una eventual pérdida de la mayoría legislativa por parte de las fuerzas afines a la actual administración, dejaría al gobierno al garete ante la contienda por revocación de mandato a celebrarse el año entrante.

¿Qué cartas jugará el presidente en su sucesión? ¿Alejandro Encinas?, ¿su esposa Beatriz Gutiérrez Müller?, ¿la oposición permanecerá unida?, ¿jugará acaso la nominación de Claudio X. González con el apoyo de la CIA?, ¿la titular de la cartera de Gobernación como sustituta inmediata  cuentan acaso con los más elementales instrumentos de negociación para que la mayoría calificada de la nueva legislatura federal designe presidente sustituto  ante un eventual fallo favorable a la revocación del mandato el año entrante?, ¿podríamos entrar a una espiral de inestabilidad generalizada y a la subsiguiente entronización de un gobierno militar?

Al igual que el carruaje de Hipólito huyendo de la pasión desbordada de Freda, un furgón del metro se precipita al vacío, y la cotidianidad sin lustre ni brillo que desemboca en la muerte de hombre y mujeres modestos, nos precipita a la tragedia.

albertoperalta1963@gmail.com

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