Ad portas de la dictadura: unidos ¿venceremos?

Miércoles, Mayo 5, 2021 - 09:46

Colombia vive una crisis social de la comunidad local frente a la represión oficial

Maestra en Ciencias políticas y politóloga colombiana. Docente investigadora en la Universidad de Ibagué e Investigadora de la Universidad del Tolima. Sus temas de interés son minorías étnicas, representación política, movimientos sociales, reformas electorales, filosofía y teoría política.

El mundo político se mueve a pasos agigantados y la democracia se debacle hoy entre continuidad o quiebre. Un nuevo resurgir del actor político en sociedad, el “zoom politikon” que referían los griegos en el ágora toma hoy protagonismo a través de las protestas sociales surgidas en Colombia en noviembre de 2009 que adquieren hoy nuevos aires y vigorosidad. El reclamo es claro: no a la reforma tributaria y no a la continuidad de políticas estatales dirigidas a eliminar la incipiente clase media y trabajadora del país mientras se continúa llenando las arcas de la anquilosada y poderosísima clase política y económica fiel al capital extranjero.

El 28 de abril la ciudadanía colombiana salió nuevamente a las calles de las ciudades principales e intermedias del país tras la convocatoria de las centrales obreras y sindicales en respuesta a la reforma tributaria que el gobierno de Iván Duque pretendía tramitar a pasos agigantados en el Congreso.

Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Barranquilla, Tunja, Boyacá e Ibagué entre algunas de ellas, han sido escenario de un estallido social inusitado desde la Constituyente de 1990 que dio como resultado la redacción de la constitución vigente hoy en territorio colombiano.

En tal pangea social confluye la clase trabajadora y sindical del país: maestros, estudiantes, feministas, amas de casa, campesinos, taxistas, camioneros, comerciantes, indígenas, etc.; produciendo un gran eco a nivel nacional y tomando cada día más vuelo en la medida que a la tributaria se le suma el rechazo a la Ley 010 de 2020 que busca privatizar el sector salud -más de lo que está-, así como el asesinato de líderes sociales, la no voluntad del gobierno en continuar el acuerdo de paz con las FARC y el uso excesivo de la violencia por parte de las fuerzas oficiales, que ya dejan varios muertos y desaparecidos en los seis días continuos de protesta social en las calles.

Bajo este panorama, es importante detenerse en dos aspectos: Colombia no ha vivido un estallido social de tal tamaño en su historia política reciente y la represión oficial ante la que se conmueve la comunidad local, nacional e internacional es apenas una muestra de que la rancia clase política del país usufructuante del poder, está dispuesta a conservarle a costa del derramamiento de sangre en las calles, tal como lo han hecho antes.

La posibilidad de que Duque, en consejo del partido de gobierno y en cabeza del expresidente Álvaro Uribe, decreten el “estado de conmoción interior” (artículo 630 de la Constitución Política) es un recurso desesperado por aferrarse al poder ante un inminente quiebre institucional.

Frente a esto, hay que decir que la manifestación social efervescente hoy en el país a la que se suman más sectores y actores sociales cada día, tuvo como punta del iceberg la reforma tributaria, pero sobrepasa dicho evento y se concentra en demandas estructurales ante una institucionalidad desprestigiada, corroída y departida a las comidillas electorales de la bancada de gobierno, mismo que, para colmo de males, continúa gobernando de espaldas a la realidad del país en su programa presidencial de las 6:00 pm (esa platica serviría para el proceso de vacunación estancada, por ejemplo).

A su vez, la agudización de la pobreza extrema en el país que desplomó a la incipiente clase media y deprime aún más a los pobres tras los estragos de la Covid, devela una realidad social inaguantable: Colombia es uno de los países más desiguales del mundo.

Así las cosas, lo que se debate hoy en las calles no puede ni debe reducirse a una oposición ante el mal llamado “paquetazo de Duque” sino una conjunción del malestar social que venía cocinándose tiempo atrás ante la injusticia social, la disparidad económica, el desempleo, las altas cuotas burocráticas, el derroche del gobierno de turno y anteriores en equipamiento militar-armamentístico, mientras se desfinancia sectores claves como la salud, la educación, la seguridad social, etc., etc. La lista es larga.

Por tal, ante la necesidad de conocer qué pasa hoy en el país cafetero sumido en caos, es imperativo dar un vistazo a la historia política colombiana que palabras más, palabras menos tal como sostuvo Pareto “(…) la política es entre las élites, la historia no es más que el cementerio de las aristocracias” (1).

Más un estallido social magnánimo e histórico interpela hoy al poder y desafía al orden institucional desgastado al servicio de la clase gobernante, sorda ante la catarsis social que en diversidad cultural y etaria que se presenta hoy más viva que nunca. Vendrán días difíciles sin duda a medida que avanza la militarización del país, más el pueblo colombiano pregona hoy en las calles: ¡Resistencia, resistencia! (…)

Notas:

(1) Pareto, Wilfredo. The Rise and The Fall of the Elites, Nueva York, 1979.