3era vía: cambio de régimen, con paz y unidad

Martes, Abril 20, 2021 - 07:52

Un cambio de régimen implica una transformación que regule el poder económico y político

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Hace poco más de un año —el 4 de abril de 2020 para ser exactos— reinicié mis colaboraciones en este espacio con una reflexión sobre el reto que, para un país como el nuestro, significa lograr un verdadero cambio de régimen. En aquel artículo recordé que el propio Presidente López Obrador ha equiparado el desafío de la Cuarta Transformación con los alcances logrados durante la Independencia, la Reforma y la Revolución, porque cada una de estas grandes transformaciones trajo consigo un cambio radical de las instituciones que regulan el poder y su ejercicio, así como de los valores que las justifican y les dan sustento.

Efectivamente, un cambio de régimen implica una profunda transformación del marco que regula el poder económico y político. Pero, a diferencia de los tres grandes periodos de transformación que ha vivido el país —la Independencia, la Reforma y la Revolución— el mayor reto del cambio de régimen actual consiste en lograrlo de manera pacífica y consensuada. Por eso votamos la mayoría en 2018: por acabar, de manera pacífica, con las prácticas políticas vigentes marcadas por la corrupción y el abuso de poder. Y por eso la gran mayoría sigue apoyando el proyecto de transformación de la vida pública de México impulsado por el Presidente.

En mi opinión, un reto como éste requiere de la suma del conjunto de fuerzas sociales, económicas y políticas. Lograr un cambio de régimen por la vía pacífica requiere del mayor consenso posible, es decir, del concurso del mayor número de actores y grupos, en torno al nuevo proyecto de Nación. Pero en lugar de eso, lo que hemos visto en estos años en un profundo proceso de división y polarización entre las y los mexicanos.

Todo es polarización y, por lo tanto, todo es caos. Ricos contra pobres, güeros contra morenos, globalifóbicos contra globalifílicos, estados del Norte contra estados del Sur, mujeres contra hombres, liberales contra conservadores, populistas contra neoliberales, chairos contra fifís. Una eterna pugna entre visiones parciales que ha dejado de lado la esencia de lo que somos: nuestra esencia fraterna y cooperativa; nuestra preeminencia cultural y espiritual como mexicanas y mexicanos.

La gran mayoría está harta de tanto odio y tanto resentimiento. Las familias están cansadas de ver cómo en las pocas reuniones familiares que permite la pandemia, escalan los enfrentamientos y descalificaciones entre hermanos, primos, tíos e incluso entre padres e hijos. Cada vez nos separa y nos divide más la falsa idea de que la realidad es binaria y de que solo hay dos opciones de futuro: la opción de Morena o la del PRIAN. Creo que es un error pretender reducir la realidad a solo dos opciones o dos modelos de país.

¿Qué hacer para superar nuestras divisiones? ¿Qué hacer para superar la polarización y el caos? Creo que es necesario construir una alternativa a esta falsa disyuntiva, a esta falsa realidad dicotómica que tanto nos ha enfrentado y que nos ahoga y nos asfixia como sociedad. Estoy convencido de que es posible imaginar una vía alternativa de Nación. Es decir, una tercera vía que avance en un cambio de régimen sustentado en la fraternidad y la solidaridad, que dé lugar a un amplio proceso de reconciliación, paz y unidad entre las y los mexicanos.

A México le urge un amplio proceso de reconciliación nacional, tanto entre nosotros como con todo aquello que nos rodea, como lo es la naturaleza. Porque un pueblo dividido y enfrentado no podrá progresar. Para ello, es necesario que todos empujemos hacia un mismo lado. A México le urge una paz duradera, tanto entre nosotros como en nuestro interior, fincada en un nuevo sistema de valores que reconozca nuestra esencia humana y nuestra preponderancia espiritual, más allá de paradigmas ideológicos y políticos. Y a México le urge un amplio proceso de unidad, porque solo unidos podremos vencer a nuestros enemigos comunes, que son el crimen organizado, el hambre, la pobreza y la desigualdad. Unidad que nos permita sumar esfuerzos para poder articular un nuevo relato convincente en torno al cual podamos imaginar y construir un mejor futuro para todas y para todos.

Los que votamos por el cambio de régimen y muchos de quienes apoyamos activamente la Cuarta Transformación, estamos convencidos de que ha llegado la hora de imaginar un México diferente a partir de un nuevo orden social sustentado en la reconciliación, la unidad y la paz. Solo así podremos articular una alternativa viable de Nación y alcanzar el bien común. México es la casa de todas y todos, y en la que todas y todos merecemos vivir en reconciliación, paz y unidad.

 


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