Nos acercamos al final de una época

Lunes, Abril 12, 2021 - 20:42

Vivimos tiempos apocalípticos que exigen un nuevo orden civilizatorio

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Filósofos, historiadores y líderes mundiales coinciden en que nos acercamos al final de una época, al final de un ciclo de contradicciones y excesos que nos han llevado a una coyuntura histórica muy peligrosa en la que nos estamos jugando el futuro como especie. Una coyuntura marcada por el caos, en la que se han exacerbado las desigualdades, las divisiones y la polarización social. No solo entre naciones, sino también al interior de cada país, hemos perdido la fe en el relato liberal y en las bondades de las instituciones democráticas. 

Esta interpretación, que se basa en el modelo simbólico del Doomsday Clock, o como se le conoce en países de habla hispana, el Reloj del Apocalipsis, señala que cada vez estamos más cerca de la hora cero, que simboliza el final de los tiempos y, que de acuerdo con los 13 científicos encargados de mover las manecillas —todos ellos galardonados con el premio Nobel— de seguir en ese camino, pronto llegaremos al día del Juicio Final.

Yo no creo que nos estemos acercando al día del Juicio Final. ¡Yo creo que ya lo estamos empezando a vivir! Prueba de ello es el fracaso del modelo económico capitalista que por su naturaleza voraz y desalmada ha mostrado ya su total agotamiento e inviabilidad. Prueba de ello es el triunfo de la maldad sobre la humanidad que parece haberse apoderado del futuro al convertirse en la nueva racionalidad del sistema. Prueba de ello también es el resurgimiento de la amenaza del nacionalismo, del egoísmo y del individualismo.

Pero la mayor prueba de que ya estamos en plena época apocalíptica es la crisis climática por la que atraviesa la humanidad, cuya primera manifestación mortífera a escala global habría sido la pandemia del coronavirus. Mi interpretación es que este virus es producto de las alteraciones climáticas que los seres humanos hemos provocado a nivel global. Y que, de ser así, esta pandemia solo será el preludio de varias plagas y calamidades que vendrán y que exacerbarán la pobreza, la violencia y la injusticia que ya padecíamos. 

En este sentido, podríamos decir que el calentamiento global y sus efectos ya son una realidad y que uno de sus primeros efectos se llama Covid, que ya está afectando profundamente nuestras vidas y ya ha condicionado nuestro futuro como especie. Y que a esta calamidad seguirán otras, producto del calentamiento global, como el deshielo, las alteraciones irreversibles de ecosistemas de flora y fauna, tanto terrestres como marinos, así como los daños en los equilibrios químicos de la atmósfera.

Por eso, no podemos ver esta pandemia como un evento coyuntural, sino como parte de un daño estructural más profundo que no vamos a lograr superar con una vacuna o una cura. La pandemia es el primer aviso de que, como humanidad, hemos entrado a una espiral irreversible de efectos devastadores producto del calentamiento global para los cuales, no estamos preparados como civilización.

¿Qué significa esto? Que el cambio climático no es una amenaza, sino una realidad. Que esa realidad es, además, apocalíptica, y que podría marcar nuestro destino final a menos que realmente estemos dispuestos a enfrentar el problema de manera diferente. Es decir, a enfrentarlo a partir de una nueva racionalidad y una nueva institucionalidad. O si se quiere, a partir de un nuevo modelo de humanidad. En otros términos, si no logramos construir un nuevo orden social, económico y político sustentado en una nueva racionalidad, no será posible superar esta amenaza. Así de simple. Si no somos capaces de redirigir toda esta energía negativa que circunda el planeta hacia un nuevo horizonte de positividad sustentado en la fraternidad, la solidaridad y la cooperación, no podremos prevalecer como especie. 

Nunca como ahora, se había puesto a prueba nuestra capacidad para llegar a acuerdos tanto sobre los hechos, como respecto al mejor curso de acciones a tomar, y que de ello dependiera nuestra subsistencia. Y esta pandemia puede que sea nuestra última oportunidad para replantear el mundo, no a partir de una racionalidad que ha demostrado su fracaso, sino de un nuevo orden en el que prevalezca la unidad, la paz y la reconciliación como pilares de una nueva convivencia civilizatoria.

Mientras sigamos pensando que podemos superar esta amenaza a partir de las mismas fórmulas y los mismos modelos obsoletos, seguiremos padeciendo la furia de la naturaleza hasta que, a fuerza de más dolor y muerte, tengamos que entender que no nos queda otra opción que la de adoptar un nuevo modelo de organización humana basado en un nuevo orden civilizatorio y una nueva racionalidad.


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