Capitaloceno y la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán

Miércoles, Noviembre 25, 2020 - 13:19

Necesario reforzar la protección para la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán

Doctor en Ciencias por el Colegio de Postgraduados-Campus Puebla. Profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la UATx. Coeditor de la revista científica Symbolum, de la FTSSyP.

Rafael Alfaro Izarraraz

Con el fin de preservar los recursos naturales que posee la región que incluye a los estados de Puebla y Oaxaca, en 1998, durante el gobierno del entonces presidente de México, Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), del gobernador de Puebla Manuel Bartlett Díaz (1993-1999), por Oaxaca José Murat (1998-2004), se firmó el acuerdo por medio del cual se creó la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán. Con este acuerdo se unieron las reservas del “Valle de Cuicatlán”, de Oaxaca y la del “Valle de Tehuacán-Zapotitlán”, de varios municipios poblanos.

El propósito que establece el acuerdo que dio vida a una nueva región natural, señala la urgencia de proteger un área que posee recursos naturales y un tipo de fauna únicos en el mundo. Dichos recursos estuvieron (y siguen estando) amenazados por múltiples problemas que vive la región, entre ellas las consecuencias que deja lo que se ha dado en llamar el progreso. En otras palabras, la industrialización, el incremento de la población, el crecimiento de las ciudades, la necesidad de suelo los nuevos asentamientos, etcétera.

La reserva está integrada por un poco menos de medio millón de hectáreas (490,186-87-54.7 ha), en donde cohabitan seres humanos, vegetación y múltiples especies animales. Dice el decreto original que: “debido a su compleja topografía y elevación, se encuentran zonas con una gran diversidad de hábitats y ambientes propicios como refugios de flora y fauna, así como más de 3000 especies de plantas y animales superiores por lo que es considerado centro de biodiversidad mundial. De tal manera que, los efectos que se puedan ocasionar tendrían un impacto no solo en la región sino nivel mundial”.

En las explicaciones que existen sobre el deterioro, expuestas por el Decreto de 1998, agrega claramente algunas causas: “Que el desarrollo industrial, agropecuario, urbanístico y turístico se ha realizado, en las últimas décadas, de una forma desordenada, y ha ocasionado graves daños al patrimonio natural, provocando que algunos ecosistemas sufran perturbaciones y que numerosas especies estén en peligro de desaparecer; esta situación amenaza la posibilidad de continuar obteniendo los beneficios y recursos que la naturaleza proporciona”.

Sin embargo, los resultados no han sido los esperados originalmente. El marco de referencia del decreto no fue el más adecuado. Las medidas que se tomaron como crear la misma Reserva de la Biósfera no puede decirse de manera tajante que no fueron saludables. Sin embargo, tanto las causas como las medidas que se tomaron se quedan en soluciones superficiales que, aunque importantes, no van al centro del problema. Se toman lo que son consecuencias por causas y no se contextualiza adecuadamente el fenómeno ambiental, debido a que se reduce a explicaciones que sin bien es cierto tienen que ver con aspectos locales, relevantes, ese no es todo el problema de fondo, aunque es parte de él.

Los problemas ambientales son asuntos que tienen que ver con lo que se ha dado en llamar “antropoceno” o mejor dicho “capitaloceno”. Es decir, que existe un modelo de sociedad en el mundo cuya existencia afecta directamente las formas de vida naturales, amenazándolas de muerte, entre ellas al mismo ser humano. Utiliza a la naturaleza como una mercancía que puede ser vendida como cualquier otra en el mercado. El impacto de esos hechos puede tener un efecto en lugares inimaginables. La madre tierra, para decirlo en términos muy nuestros, está interconectada en sus procesos vitales. La actual pandemia es un hecho más que elocuente.

El cuidado de la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicaltán, implica no solamente contar con una serie de normas que regulen la preservación de sus riquezas. Cuidando la Reserva se cuida a la región y se cuida la vida del planeta, pero habrá que añadir nuevas visiones. Se debe modular la sociedad industrial, de lo contrario, sus efectos perniciosos irán mermando lo que sigue siendo una amenaza para la Reserva y para nosotros como seres humanos: industria, crecimiento de zonas habitacionales, asentamientos irregulares, incremento de la población, uso de materiales tóxicos para producir alimentos, extracción de sus riquezas como flora y fauna.

El progreso es el alma de la sociedad industrial más dañina cuando se aloja en nuestra manera de pensar y actuar. El también llamado desarrollo ha creado una cultura en nuestra manera de pensar que nos atemoriza y nos lleva a la parálisis ante problemas ambientales. Se dice desde el Renacimiento y la Ilustración, con el fin de incorporar a los recursos naturales a los procesos productivos privados, que el hombre está por encima de todo. Se devastan zonas naturales, se utilizan cientos de miles de litros de agua para producir un auto o por medio de agro tóxicos se producen alimentos que se privatizan y luego se venden, con tal de dar gusto a ese principio engañoso.

Sin lugar a dudas se crean empleos, más productos alimenticios, se incrementa la circulación del dinero, pero a final de cuentas en nuestra América, nuestra América Latina, poco a poco se va quedando con miles de millones de personas con hambre y que viven en la pobreza extrema. Ahí están las cifras en cualquier medio publicadas todos los días. El progreso va a otros sitios que no son precisamente nuestras poblaciones. No estamos en contra de que otros se beneficien, pero si de que el concepto de humanidad debe cambiar para evitar que se utilicen como un engaño.

Por encima de los intereses económicos está la vida, literalmente hablando ahora con la pandemia que ahora vivimos. Y la preservación de la Reserva de la Biósfera Tehuacán-Cuicatlán, es un asunto relacionado con la vida.


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