Punto de quiebre

Jueves, Octubre 8, 2020 - 19:24

Ya no quiso pensar más, ¡nunca más! Se sentó en silencio, acalló su mente

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes  

La iluminación llegó del cielo: “¡Soy bipolar!”, gritó con ahogo y sorpresa al perder el aliento. Sus ojos no lograban enfocarse; miraba alrededor sin ver, divagaba en su intención de decir algo más, aunque fuera un susurro. Recordó cuando hace años una joven que trabajaba en casa de sus papás le dijo: “Niña, ¿no será usté bipolar?” Le atrapó que la mujer supiera ese concepto por algo que vio en ella, pero nunca aclaró a qué se refería, y ya era tarde porque la señora se jubiló del servicio. 

Ahora era su turno de darle claridad a lo que intuía, no podía tener ninguna otra referencia más que su propia experiencia y la resumió así: “Llevo meses con ejercicios de introspección, quiero darle una nueva estructura a mi vida, mejor sentido y dirección a cada día”. Aunque los ejercicios los ejecutaba en la quietud y silencio absolutos, el problema se presentaba al salir de ellos, al pensar y cuestionarse asuntos donde percibía su propia incomodidad; se preguntaba si la paz interior pasaba por el rechazo a los seres humanos y al mundo exterior donde todo estaba mal. “¿Cómo voy a estar en paz si todo es nefasto y no puedo dejar de pensar en “un mejor mundo posible” y no puedo hacerme pendeja?” Sus gurús espirituales le advirtieron que; “precisamente, se adquiere paz interior, no en un lugar donde lo que sucede es a gusto de uno, ésa sería paz exterior, sino que viene por todo lo contrario: al estar en el mundo, justo en esos momentos que hay que aceptar las cosas como son, sin juzgar; y ‘hacerse pendeja’ no es aceptación.”

¡No podía dejar de hacerlo! Por más que intentaba en su mente aparecía pensamientos de contrastes donde algo o todo había que cambiar en acciones, actitudes, gustos, preferencias y elecciones… incluso los de ella, la más afectada por esas críticas y juicios, por esos juegos mentales al sentirse culpable de todo lo que “pudo haber hecho de otra manera”, ¡y toda culpa, merece castigo! “¡Por eso el mundo está como está!”, se repetía a gritos en su interior. No le fue difícil dejar de chocar con todo; la pandemia la ayudó a encerrarse.

Hacerse preguntas fue un hábito que desarrolló en la preparatoria donde dudar era lo de hoy y cualquier afirmación se tenía que liar; y entre más vuelo le dabas ¡más atinabas a complejizar y encontrar respuestas. Le funcionó, ahí y entonces: la hizo brillante ante los ojos ajenos; muy inteligente, muy clara y sobresaliente; desplegó el músculo del raciocinio y la lógica de manera asombrosa. Pero no le funcionó para la vida porque ya no quería el reconocimiento, quería sentirse en paz consigo misma. 

“¿Cuál es el puente que une la espiritualidad con la materialidad, lo interior con lo exterior, la meditación con la razón y la lógica? ¿Cómo solventar esta dualidad extrema que me está volviendo loca?”, se preguntaba en su claustro. Percibió un abismo y no un puente entre esos mundos infinitamente paralelos que nunca se llegan a tocar; fue cuando dijo: “¡Soy bipolar!” y fue su punto de quiebre. Ya no quiso pensar más, ¡nunca más! Se sentó en silencio, acalló su mente, y la bipolaridad ¡desapareció!  

alefonse@hotmail.com


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