#AprendeComoPuedas es el nuevo modelo educativo en nuestro México bronco. Al paso de las semanas, la falta de inversión y la improvisación son cada vez más evidentes, y como en toda crisis, las oportunidades, pero sobre todo los defectos y amaños del sistema se hacen cada vez más evidentes. Para muestra un botón de San Nicolás, mientras una mayoría silenciosa hace bien su chamba con corazón y alma, otra parte de la base docente está literalmente pasando este año en blanco, protegidos por las corruptas cúpulas sindicales como la CNTE, arropada completamente por el actual sistema. La falta de recursos, talento y supervisión son las tareas diarias que hacen implosión en el seno del hogar que miles de familias han convertido en escuelas de facto. Abuelitas cansadas, padres y madres en ansiedad permanente, y docentes rebasados son el saldo parcial que hasta el momento ha cobrado la Pandemia en la educación.
En los corredores se menciona insistentemente que este periodo está perdido para millones de estudiantes de nivel básico. Algunos lo cifran entre el 10 y 15% mientras que otros con dolor hablan de hasta un 40. Cayó como anillo al dedo eso de la cancelación de las pruebas estandarizadas, sino imagínense la tragedia de demasiados ceros derramados como solía decir la genial Mafalda. Sumado a la falta de televisión, de herramientas de tecnología, supervisión parental, controles educativos y recursos en general la terrible realidad es que para las altas esferas burocráticas la educación no tiene un lugar de privilegio en la asignación de recursos. Esteban Moctezuma es probablemente de los mejores elementos en el gabinete presidencial, sin embargo, carece de esa lealtad ciega que es el sello de la casa y, por lo tanto, su voz y solicitudes están sumamente limitados. Su insistencia choca magistralmente con un gobierno enfocado en obras faraónicas por no llamarlas elefantes blancos. Aviones, trenes, refinerías y consultas inútiles tiene su lugar en primera fila mientras que el sistema educativo ocupa los últimos en ese auditorio llamado presupuesto nacional. Hasta gayola dirían los antiguos.
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Ante la magnitud de esta tragedia, asignar poco menos de 500 millones de pesos para palearla con las empresas televisivas no solamente es una burla, sino una ofensa al esfuerzo que tutores y docentes hacen diariamente y que empiezan a normalizar en una impotencia impávida. Este billete contrasta con los 100 mil millones gastados este año en programas sin ningún oficio ni beneficio, creados más bien en un ánimo clientelar y dispersados por los llamados siervos-de-no-se-quien. Están dejando, como en muchas otras cosas, que cada estado se rasque con sus propios medios, acción que solo aumenta las ya de por si graves brechas, porque una política pública de esta magnitud y necesidad solo puede ser efectiva cuando sucede nacionalmente. Un antiguo dicho griego menciona que los gobiernos se miden en el interés que tienen por educar a las masas, y si esto es así, entonces estamos amolados.
Países latinoamericanos como Perú están dando la batalla con acciones contundentes como, por ejemplo, contratar y pagar el internet a maestros, mientras otros más lo hacen pagándoselo a los alumnos más necesitados, comprando equipo de cómputo y distribuyéndolo estratégicamente. Lo principal es que las desigualdades no aumenten, sino que disminuyan. Venezuela en el extremo de las antípodas como referencia que debemos de mirar siempre para evitar caer en la misma catástrofe, padece actualmente hasta un 78% de deserción escolar por el deterioro de las condiciones económicas y sociales, un número que hasta hace poco nos parecía escandalosamente lejano, pero, que al hablar del cuarenta por ciento de niños que no están recibiendo correctamente educación en esta crisis se siente ahora peligrosamente cercano. Cuando México se rehusó recientemente en las Naciones Unidas a votar a favor de continuar investigando las faltas a los derechos humanos que ha cometido el inmaduro de Maduro, deja el sabor en la boca de curarse en salud, porque la educación de los niños es un derecho y no saldremos bien librados en los años próximos.
Inventar datos y regar números es la forma menos inteligente de enfrentar la realidad. Si el símbolo de los gobiernos populistas ha sido el de rehusarse a usar cubre bocas públicamente como un acto de auto validación y rebeldía en contra del status quo, sin duda la afectación del derecho de la niñez a recibir una educación digna y de excelencia será el último clavo en el ataúd político ese que llaman juicio de la historia. Los de lealtad ciega dirán que todo esto no es cierto, que son mentiras de un grupo que busca bloquear la transformación y harán todo lo posible para que uno más uno sume tres. Pero ese mismo coro nunca consentiría en su sana e inteligente lealtad, que sus hijos padecieran esto, prefiriendo mandarlos a escuelas privadas, un poco más alejadas de esta vorágine
Hacer a los demás como quieras que te hagan, y a pesar del mantra, heredarán una mayor pobreza y mortandad en el corto plazo para los adultos, condenando a los niños a vivir en el largo plazo una constante y permanente falta oportunidades.
Origen es destino como el epitafio perfecto del devenir de un régimen. Una singularidad del sistema.
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