El pasado domingo 16 del presente, como en los últimos veinte domingos, fuimos a una comunidad indígena a repartir despensas con un grupo de gente buena. En particular, en esta ocasión sucedió algo que tenía tiempo de no pasarme, lo que comparto con ustedes.
Vamos casa por casa, tanto por medida de seguridad de evitar aglomeraciones, como por empatía con la gente de no hacerla caminar, pues la mayoría son adultos mayores. Al llegar a casa de un señor que rondaba en los 65 años, nos recibe con una gran sonrisa, mostrando el notable agradecimiento. Le entregamos la despensa, y junto con ella, le dimos un mensaje, ya saben, ese idealismo de dar un poco de comida y un mucho de esperanza.
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La sorpresa fue la respuesta de este buen amigo, que después de un sincero gracias, nos dijo: “¿Y por quién hay que votar?”
Parece una frase simple. No lo es.
Es una frase cargada de años de paternalismo político. Reflejo del clientelismo electoral que malamente hacen partidos y gobernantes. Costumbre que tiene a los sectores más vulnerables sumidos en una profunda pobreza donde la característica fundamental es la falta de educación. Dádivas a cambio de un voto, donde se utiliza la necesidad de la gente.
Ya no. No más. Dejemos de ver esto como normal. Seamos una sociedad consciente que exige a quienes quieren dirigirnos hacer las cosas bien. Ya basta de intercambiar nimiedades por sueños y esperanzas.
Rescoldos.
Que ver a un político dando despensas o cosas a cambio de votos sea lo extraño.
Que ver a un ciudadano dando algo de ayuda a quien lo necesita sea lo normal.
La solución está en nosotros. Leyes más estrictas que sí se cumplan, ciudadanos y ciudadanas más conscientes que levanten la voz.
Rafael Reyes Ruiz
@RafaActivista