Confesiones de encierro 5/5

Jueves, Agosto 13, 2020 - 18:45

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes  

“Llegué aquí muy niña. No sabía regresar a mi pueblo y mi mamá dijo que cuando me tocara descansar ella vendría por mí para llevarme de vacaciones y nunca vino. Los señores me ayudaron a aprender las letras y los números, me daban libros para leer y me mandaban a la tienda y así aprendí a sumar y restar. Tengo mi cuarto y mi baño, ahora mi televisión. Siempre he acompañado a la señora, aunque ahora se ha vuelto un poco grosera porque no sabe qué hacer sin su marido.”

Socorro ha trabajado con la familia Fuentes desde hace 50 años. Ella no tiene familia; se dedicó a cuidar del matrimonio y sus dos hijas desde que tenía ocho años cuando su madre la fue a depositar con la promesa de regresar por ella. Nunca sucedió, y Socorro se quedó a vivir con ellos y los acostumbró a que no tenía días de descanso, y es la única familia que conoce. 

El señor murió antes de la pandemia; la señora, muy dolida y amargada por la muerte de su marido, enferma en cama durante el encierro, tuvo que ser trasladada al hospital en ambulancia y operada de emergencia por un problema de hernia. Socorro la acompañó fielmente y se quedó para atenderla en el sanatorio. Las hijas, no se ocupan de la mamá y mucho menos de la mujer que ha dedicado su vida a servirles. Por lo que ambas, la señora y Socorro, sólo se tienen la una a la otra.

Durante esos 50 años de servicio, Socorro ha logrado tener muy bien medido el pulso de la casa y de las amistades de la familia; sabe dónde buscar teléfonos de emergencia y a quien dirigirse cuando se ofrece algo:

--Le llamo porque no sé qué hacer. Usté es muy amiga de la señora y siempre ha sido muy buena conmigo. Después que llegamos del hospital la señora empezó con tos y mucha calentura. Le di su medicina y llamé a las niñas; dijeron que esperara la ambulancia para regresarla al sanatorio y me quedara con ella. Pero al llegar me detuvieron y dijeron que yo ya no entraba: No sé qué hacer, siempre he acompañado a la señora, y me regresé a la casa.

--¿Hay comida y agua para algunos días?

--Sí.

--¿Sabes dónde está la medicina para la calentura y cosas así?

--Sí.

--¿Tienes dinero para comprar medicina, si se ofrece?

--Si, poquito, pero sí.

--¿Tienes el teléfono de la farmacia para que te llevan medicina y no salgas?

--Sí.

--No te salgas de la casa, aunque las niñas te digan que tomes tus cosas y te vayas, no lo hagas porque esa es tu casa. Ellas se tienen que hacer responsables de ti. Cuelga conmigo y háblales para que te digan qué tiene su mamá y que te digan qué haces tú y me vuelves a llamar.

La señora se infectó de covid-19 en el hospital; a Socorro le hicieran la prueba y salió positiva. Se obligó a “las niñas” a hacerse cargo de todo su tratamiento y de acogerla como su familia, quedarse en esa casa, su casa, donde tiene que estar.

alefonse@hotmail.com


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