Es una especie en peligro de extinción y su promedio de vida es de 50 años. Tenía escasos dos años de edad. Era hembra. Se cree que se perdió de su manada ya que las ballenas jorobadas no andan solas y menos a esa edad porque forman grupos pequeños y muy íntimos que permanecen juntos durante toda la vida, y el lazo más fuerte y duradero es entre madre e hijo/a.
Llegó al Río San Lorenzo en Montreal, Quebec, Canadá, desde el cruce marítimo con el Saguenay Fjord en Tadoussac, Quebec, en el Golfo de San Lorenzo, a 400 kilómetros de distancia, donde pertenecía. Se le vio el sábado 30 de mayo en el Viejo Puerto de Montreal mientras nadaba río arriba, siendo la primera vez que se veía una ballena en estas aguas dulces, bajo el puente Jacques-Cartier, canal naviero muy concurrido del país.
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Los expertos biólogos marinos canadienses señalaron varias hipótesis en referencia a la aparición de la ballena en el río: se había perdido al perseguir peces por estar hambrienta; vagabundeaba y llegó a un lugar inusual; o bien, se confundió; lo único seguro es que no era su hábitat por lo que decidieron que si no lograba salir por sí misma, la llevarían al mar, ya que no podría sobrevivir en agua dulce pese a que no le era letal durante cortos períodos de tiempo, pero una larga estadía tendría efectos nocivos sobre su piel, en su regulación celular, con riesgo de estar expuesta a parásitos desconocidos. El ballenato ya tenía una erupción que los expertos describieron como el equivalente a un caso grave de acné; también le era peligroso por la diferencia de profundidad entre río y mar a pesar de que estas ballenas actúan mucho en la superficie del agua. Testigos mencionan que intentó brincar el Puente Viejo de Montreal dos veces al impulsar su cuerpo con sus grandes aletas y cola, pero no lo logró; la profundidad no le dio.
Debido a que es una especie muy sociable, para cautivar al público que se congregó durante esos días para verla y tomar fotos y videos de este novedoso y maravilloso espectáculo, sacaba grandes bocanadas de agua por sus fosas nasales, pegaba con sus aletas en la superficie y brincaba fuera del agua constantemente con gran alegría dejándose caer con todo su cuerpo. Sin embargo, el mayor riesgo era que por su juventud e inexperiencia, además del gusto de esta especie por acercarse a los barcos, colisionara con las navíos inmersos en el tráfico de carga que se dirige hacia y desde los Grandes Lagos, en el ducto de la estrecha vía fluvial que separa Montreal de la orilla opuesta del Río San Lorenzo, cuyo tramo incluye dos islas pequeñas.
Esta ballena jorobada estuvo escasos diez días en esta zona de donde nunca pudo salir y tampoco se les ocurrió a los expertos biólogos marinos canadienses intentar sacarla del río lo antes posible hacia su hábitat. A ocho días de su aparición, el 7 de junio los observadores oficiales de la vida marítima en Canadá, la perdieron de vista; el día 8 tampoco apareció a pesar de estar pendientes de ella. A esta pequeña de edad pero grande de tamaño, la encontraron muerta el pasado 9 de junio y harán una autopsia para saber a ciencia cierta qué fue lo que le pasó, pero se cree que murió por un golpe contra un barco de carga.
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