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Opinión



Preguntas sobre Horacio Aguilar Álvarez

Domingo, Mayo 31, 2020 - 12:13
 
 
   

En el otoño del 2018 el cardenal emérito Norberto Rivera sufriría un atentado en su domicilio, los despachos informativos de la época reportarían que sus agresores, uno de los cuales sería identificado con residencia en Ecatepec, vestían uniforme militar.

 En los últimos la opinión pública del país se hizo sabedora de un penoso incidente:  quién fuera el apoderado de la diócesis metropolitana bajo su gobierno episcopal de Norberto Rivera, el notario Horacio Aguilar Álvarez de Alba agredió físicamente en la vía pública a su muy, pero muy joven esposa.

El agresor de disculpó posteriormente en una misiva que hizo pública por medio de sus respectivas redes de internet y a la que la prensa del país se ha encargado de dar amplia difusión, y en la que el signante se ostenta como integrante del ejército mexicano”, resultando digno de destacarse que en la misiva en cuestión,  el suscribiente no ostenta el grado militar que al efecto le habría sido asignado por las fuerzas armadas del país, carácter que, por lo demás, no ha sido desmentido hasta el momento al menos por el General-Secretario de la Defensa Luis Cresencio Sandoval González.

Por las fechas en que Horacio Aguilar Álvarez de Alba comenzó a impartir cátedra den la Escuela Libre de Derecho no se escuchó entre los alumnos que ostentara grado militar alguno o que hubiese pasado alguna vez por las aulas del H. Colegio Militar, lo que se supo a lo largo de su vida docente, es que habría sido acusado de acoso sexual e incluso de haber violado a una de sus alumnas.

Una de las muchachas afectadas por conducta impropia del doble prócer, tanto de la diócesis de la Ciudad de México como del ejército mexicano, habría sido en efecto hija de un militar, cuyos reclamos se toparían en la ocasión con el muro infranqueable de las autoridades escolares.

Norberto Rivera llegó a ser indiciado en su momento junto al cardenal Roger Michel Mahoney ante la corte de Los Ángeles, California; como protector de las conductas pederastas del sacerdote Nicolás Aguilar, y, posteriormente, ya en su carácter de cardenal se erigió a plenitud como denodado defensor ante la opinión pública del padre Maciel

¿Qué podría decirnos la psiquiatría forense respecto al medio de desenvolvimiento de sus actividades de un hombre que agrede en la vía pública a su joven, pero muy joven esposa?

¿Qué papel habría desempeñado el apoderado legal de la diócesis de la Ciudad de México en la frustrada implementación de la capellanía del ejército?

¿Acaso el frustrado proyecto de entronizar la capellanía en las fuerzas armadas del país, podría ser la clave del atentado al domicilio del prelado emérito, cuyas circunstancias no han sido a cabalidad esclarecidas?

albertoperalta1963@gmail.com


Semblanza

Atilio Peralta Merino

Nací en ésta ciudad, en la sala de maternidad “Covadonga” de la Beneficencia española, “tal vez un jueves como hoy de otoño”, dijera parafraseando a Cesar Vallejo, y de inmediato me trasladé a las islas del Caribe, entre brumas mi primer esbozo de recuerdo es el vapor de un barco que desembarcó en la Dominicana, Isla a la que jamás he vuelto y que no registro en la memoria consciente, desconozco si habríamos arribado a “Santo Domingo” o si todavía sería “Ciudad Trujillo” acababa de tener verificativo la invasión auspiciada por la OEA y, al decir de mi señora madre, era en ese momento el lugar más triste que habría sobre el planeta tierra. Estudié orgullosamente con los jesuitas hecho que me obliga a solazarme en la lectura de james Joyce, y muy particularmente en “El Retrato del Artista Adolescente”, obra que conocí gracias a mi amigo y compañero de andanzas editoriales juveniles Pedro Ángel Palou García, y asimismo orgulloso me siento de mis estudios en leyes en la Escuela Libre de Derecho pese a los acres adjetivos que le endilga a la escuela José Vasconcelos en su “Breve Historia de México” al referirse a otro egresado de la “Libre” como lo fuera el presidente Emilio Portes Gil. Crecí escuchando los relatos de mi abuelo sobre su incursión en los primeros años de su adolescencia en las filas del ejército constitucionalista, sus estudios de agronomía en “Chapingo” junto a los Merino Fernández, su participación en la “Guerra Cristera” al frente de cuadrillas armadas bajo la indicaciones del General Adrián Castrejón quién años después crearía los servicios de inteligencia militar y se convertiría en el gran cazador de espías nazis durante los años de la conflagración mundial, y por supuesto, de los días aciagos del avilacamchismo de cuyo régimen perdería el favor dadas las intrigas que suscitarían su parentesco con el líder obrero Manuel Rivera Anaya. Mi padre por su parte, llegaría a éste país mitad en vieja de estudios, mitad exiliado, habría corrido a su cargo el discurso que en representación de los jóvenes fuese pronunciado ante la multitud reunida en Caracas el 23 de enero de 1958 con motivo de la caída de la Dictadura de Marcos Pérez Jiménez, suceso al que alude Gabriel García Márquez en “El Otoño del Patriarca, matriculándose en la entonces Escuela Nacional de Economía que, muy pocos después, se transformaría en la “facultad” gracias a la brillante intervención de la maestra Ifigenia Martínez. “Soy todas las cosas por las que voy pasando”, he tenido en suerte el haber colaborado, o convivido de alguna manera con hombres cuya actuación ha resultado clave en la historia reciente del país, mencionaré a manera de ejemplo y obligado por la más elemental de las gratitudes a los senador José Ángel Conchello y Humberto Hernández Haddad así como y mi entrañable maestro el constitucionalista Elisur Artega Nava ; transformación que conduce por un lado , a darle cabal cumplimiento al deber bíblico de dar testimonio de los sucesos que corren en el siglo, y por la otra a convertirse en un hombre sencillo como dijera Borges: “ que aprecia el sabor del agua, el caminar pausado y la conversación con los amigos”.

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