Los empresarios están verdaderamente encabronados con el gobierno federal y no es para menos. Las razones son obvias. Aparte del desaire que reciben del presidente Andrés Manuel López Obrador, son objetos de burla y de chistes de mal gusto lanzados desde Palacio Nacional.
El miércoles, quien “lidera” este país (AMLO), pidió al presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar Lomelín, que le ayude a cobrar a los grandes contribuyentes la suma de 50 mil millones de pesos que deben al Sistema de Administración Tributaria (SAT).
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"No podemos condonar, no podemos diferir el pago de impuestos, al contrario, le vamos a pedir a Carlos Salazar que nos ayude, hablando con los dueños de las grandes empresas que deben dinero a la hacienda pública".
Y mientras se pelea con ellos y los denigra, en tan solo tres semanas se perdieron 346 mil 878 empleos, más que todos los generados durante el 2019, de acuerdo con cifras oficiales.
El tono sarcástico que utilizó el presidente de la República refleja, en primer lugar, el odio o resentimiento que se carga contra los dueños del capital de este país. Específicamente contra los magnates.
Contra los que él considera son los saqueadores, la rapiña, el hampa, los delincuentes agazapados que han hecho sufrir, durante décadas, al “pueblo bueno”.
Para sacarse la espinita, López Obrador dijo que tres importantes empresarios del país (Carlos Slim, Alberto Bailleres y Germán Larrea), le han expresado su apoyo al Plan de Alivio Fiscal que tiene preparado para enfrentar la contingencia sanitaria.
El mensaje que quiere dar el presidente es claro: “los buenos millonarios están con el gobierno, con nosotros”, pero “los pérfidos evasores fiscales, los ruines capitalistas, deben ser condenados”.
Lo que no entiende López Obrador, es que los más de 50 empresarios (hombres y mujeres) que integran el Consejo Mexicano de Negocios, se sienten una sola familia, se protegen como parientes cercanos, se cuidan las espaldas unos a otros.
No hay unos que estén con él y otros que estén contra él. Los grandes inversionistas mexicanos forman unidad, un grupo compacto de vida o de muerte, porque primero están sus capitales y luego la supuesta lealtad a un presidente. Uno de tantos, por supuesto. Quienes ponen en peligro sus millones, no se salvan.
Como dicen sabiamente las mujeres: “quien le pega a una, pega a todas”. Esa misma fórmula se aplica para los potentados de este país: “quien le pega a uno de los nuestros, pega a todos”. Y hoy están encabronados.
López Obrador, para defender su postura anti empresarial, lanza un argumento demasiado manoseado, choteado, ridículo y ya poco creíble: "Ojalá que los empresarios entiendan que yo estoy aquí para representar los intereses del pueblo".
Quizá Andrés Manuel no termina de entender que el Estado Mexicano está compuesto por Pueblo, Tierra y Gobierno, y por “pueblo” se entiende a toda la población, a todos los mexicanos, sean ricos o pobres, cultos o ignorantes, blancos o negros, altos o bajos.
Tratar de encubrir su ignorancia y limitada cultura para ocultar su falta de pericia gubernamental, no justifica que persiga tan agresivamente al empresariado nacional.
Salvarlos o hundirlos
Entre salvar a los pequeños, medianos y grandes empresarios o hundirlos, con la ausencia de apoyos ante la contingencia sanitaria, con toda seguridad el presidente de la República optará por la segunda opción.
Lo que dijo recientemente uno de los principales funcionarios federales es una realidad: “si los grandes empresarios mexicanos quieren largarse de México, que lo hagan. Nadie los está deteniendo. Para México, mejor”.
Temerosa declaración que suele escucharse constantemente de altos funcionarios, de diputados y senadores, que forman parte del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
Por lo que se ve, quieren un país de pobres, de miserables, de desempleados, porque su filosofía marxista-leninista, es la de ser todos proletarios.
Lo que quiere el gobierno federal, es dejar un país sin esa “rapiña empresarial” a la que considera evasores, delincuentes de cuello blanco. Es dejar a México sin capital.
Por lo tanto, los marxistas-leninistas tienen que promover el desorden, la anarquía, la guerrilla urbana y rural, el caos total. Por eso no habrá apoyo para los empresarios, ni chicos ni medianos ni grandes. Aquí todos seremos pobres.
Esa postura le costará el puesto público más pronto que tarde, porque terminará afectando a todos los mexicanos. Nadie se lo perdonará, aunque diga estar dispuesto a asumir los costos políticos.
Lo cierto es que, para que los ciudadanos lo saquen del poder, tendría que estructurar una auténtica dictadura difícil de socavar. Ese es su segundo paso, y eso no pinta nada bien para nuestro querido México.
@elmerando