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OPINIÓN

El "Yo, acuso" de Roman Polanski

un refugio ante la persecuciones de las que había sido víctima durante siglos.

Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Domingo, Marzo 1, 2020

En la magistral cinta de Roman  Polanski, Betillion es presentado tan sólo como un grafólogo, cuyo desempeño profesional, por lo demás, habría obedecido a consideraciones un tanto desaseadas moralmente, aun cuando, la prueba de inocencia del Capitán Dreyfus fuese obtenida por el Coronel Picquart  precisamente con la participación del propio Bertillion.

 Artuhr Cona Doyle por su parte, en “el sabueso de los Baskerville”, pone en labios de Sherlock Holmes la mayor alabanza posible para el responsable de los servicios periciales forenses de la Policía Nacional de Francia, al que considera el  más prominente criminalista de Europa, reseñando al respecto su aportación en la técnica del “retrato hablado” que se emplea como parte integrante de la cadena de investigación criminal  hasta nuestros días.

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El Capitán del Ejército de Francia, Alfred Dreyfus, nos recuerda la cinta de Polanski, fue defenestrado de su cargo en 1894 tras haber sido sometido  a un Consejo de Guerra y encausado ante los tribunales bajo la acusación de haber realizado labor de espionaje a favor y de posteriormente haber vendido los secreto militares de Francia a la embajada de Alemania en París.

El prominente novelista Emilio Zalá asumió ante la opinión pública la defensa del oficial judío; ante lo que las leyes sobre libertad de imprenta se empezaron a aplicar de manera arbitraria por parte de las autoridades, promoviéndose incluso cambios legislativos tendientes a favorecer la censura gubernamental.

Los congregantes de la fe mosaica, tradicionalmente había encontrado en los valores laicos de la “Revolución Francesa”  un refugio ante la persecuciones de las que había sido víctima durante siglos; con tal carga axiológico fue escrita la pieza del dramaturgo Franz Werfel : “Juárez y Maximiliano”, la  mismo que, al decir de don Rodolfo Usigli habría sido representado en su época en todos los escenarios teatrales importantes del orbe.

La acusación contra el Capitán Dreyfus que a la postre,  no sólo resultó  carente de sustento sino abiertamente dolosa y cargada de sevicia por parte de las autoridades francesas, es considerada como uno de los  prolegómenos de la Primera Guerra Mundial , así como del  inicio del movimiento sionista que fuera convocado  en 1897 por Theodoro Herzl , tres años después de la defenestración de Dreyfus  al celebrarse en Basilea el  Primer Congreso Internacional Judío.

El grado de similitud que el denominado “caso Dreyfus” habría observado con la el proceso seguido hace ocho años entre nosotros en contra del General Tomás Ángeles Dawahare, nos permite cuestionarnos sobre las implicaciones históricas que dicha causa habría traído aparejada, sobre todo a partir de la detención de Genaro García Luna ordenada por las autoridades estadounidenses, las mismas que han señalado que encausaran a toda la red criminal que  circundara al otrora secretario de seguridad pública bajo la administración de Felipe Calderón, contando entre sus pesquisas indiciarias , a no dudarse, con no pocos retaros hablados que habrían sido esbozados bajo los parámetros del denominado “sistema Bertillion”, no en balde, se aprecia en la cinta de Polanski su participación, así haya sido en una etapa posterior a la infamia, en el pleno esclarecimiento de los hechos.

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