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Opinión



El albañil de la discordia

Jueves, Febrero 13, 2020 - 16:34
 
 
   

En el diálogo telefónico la tía le comentó que estaba muy contenta...

Compró una casa en obra negra. Requería un albañil que revocara dos cuartos para pasarse lo antes posible. Uno hizo un presupuesto de 18 mil pesos. Al hablar por teléfono con su tía, le platicó: “¡Ay tía, se me hizo demasiado, los cuartitos son chiquititos y sólo es revocar y yo pongo el material!” La tía le sugirió buscar otro que cobrara menos.

En el diálogo telefónico la tía le comentó que estaba muy contenta ya que, por fin, le estaban arreglado las humedades de años; además pondrían impermeabilizante y pintarían la casa por dentro y fuera. “¿Y quién te está haciendo esto, tía?” preguntó la sobrina. “¡Pues un albañil m’ija!”, respondió la señora. “¡Ay tía, préstame tu albañil!” exclamó la sobrina sin proceso de pensamiento alguno. La tía, confundida, preguntó a qué se refería, y la sobrina lanzó: “¡Que venga, me rovoque y te lo devuelvo!”

Son como madre e hija y se adoran pero esta petición hizo una cuasi-crisis infernal. “¡A ver chamaca, ¿tú sabes lo que me estás pidiendo?” Y fresca como lechuga recién regada al amanecer, la sobrina alegó: “¡Sí tía que me prestes a tu albañil para que me arregle mi casa y luego te lo regreso!” La tía no sabía si reír o llorar. “¿Estás segura de lo que me estás pidiendo? ¿Escuché bien o me imaginé que quieres que mi albañil deje mi casa a medias y se vaya contigo un tiempo indefinido hasta que termine de revocar tus cuartitos chiquitititos y luego me lo regresas a que termine el trabajo por el que ya pagué más de la mitad? ¡Niña, no tienes mesura en lo que pides, estás loca, mi albañil no sale de aquí hasta que termine!” “¡Ay tía!, ¿qué tiene de malo? ¡Sólo rovoca y ya!” dijo la joven con inaudita desfachatez.    

Colgaron el teléfono y la tía quedó rumiando la audacia de la joven. Al día siguiente la chamaca, mañosamente, se presentó con su marido en casa de la tía. Le trajo un regalo  lindo del día del amor y la amistad y se sentaron a hablar de finanzas. En eso, la muy astuta joven, al ver pasar al albañil se le ofreció viaje, y le dijo a la tía: “Pues de una vez nos ponemos de acuerdo para que el joven me diga más o menos cuánto me cobra por revocar mis dos cuartitos”. La tía sabedora de sus mañas, la echó una mirada de ¡no cambias! Habló con el joven y se pusieron de acuerdo que cuando le terminara a su tía, se iba a su casa a revocar los cuartitos y creció la lista a hacer una cisterna. La joven, ni tarda ni perezosa, le pidió al albañil su número de celular y la tía alarmada hasta la médula, gritó: “¡No, no se lo dé, usted no la conoce! ¡Le va a estar hablando mañana, tarde y noche hasta cansarlo y lograr que vaya usted a su casa; yo se lo doy tan pronto me termine aquí!”

A la joven sólo le quedó no insistir y cuando el albañil se retiró, la tía le dijo a la sobrina: “Mira, te voy a platicar. Hace algunos años tenía un galán y me estaban arreglando la casa unos albañiles; al hombre se le ocurrió que le prestara a los trabajadores para que le hicieran un arreglito en una ventana. Accedí. Pero ese arreglito se convirtió en dos, en tres, en cuatro, en cinco, en seis y la lista crecía, y me quedé esperando más de un mes a que regresaran los albañiles a terminar lo que habían empezado en mi casa. Le reproché ferozmente al hombre su abuso y me tuvo que mandar a los trabajadores de inmediato pero ahí terminó la relación. ¡Y tú vas por el mismo camino, ya te vi, eran dos cuartititos y ahora se añade una cisternota. ¡No m’ija esa ya me la sé!”.

alefonse@hotmail.com


Semblanza

Alejandra Fonseca

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