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Opinión



Impulsemos un verdadero cambio de régimen (Segunda Parte)

Lunes, Febrero 10, 2020 - 18:35
 
 
   

Estoy convencido de que, para lograr un verdadero cambio de régimen...

En la entrega anterior recordábamos las palabras del Presidente López Obrador en su discurso de toma de posesión, cuando de manera enfática afirmaba que, con su mandato, “no solo inicia un nuevo gobierno, [sino que] comienza un cambio de régimen”.

Efectivamente, al igual que en los tres grandes periodos de transformación que ha vivido el país, —la Independencia, la Reforma y la Revolución— hoy tenemos nuevamente la oportunidad de impulsar una profunda transformación del marco institucional que regula el poder económico y político en México.

Y lo más importante: a diferencia de otras épocas, hoy estamos en posibilidades de hacerlo de manera pacífica y consensuada.

Estoy convencido de que, para lograr un verdadero cambio de régimen, la primera condición es hacer las cosas de manera diferente, sin caer en abusos ni excesos que rayen en comportamientos y prácticas asociadas al régimen que se pretende dejar atrás.

Considero que, en principio, es necesario consolidar las instituciones democráticas que han probado ser funcionales. Pero también, tenemos que imaginar, entre todos, nuevos arreglos y diseños, más inclusivos e innovadores, que promuevan la participación ciudadana y que le den sentido y funcionalidad a los valores y principios que, como mexicanos, nos identifican y nos unen.

Por otra parte, para transformar el régimen económico, es imprescindible sumar el esfuerzo de todos para que, de una vez por todas, podamos ir cerrando las brechas de desigualdad y pobreza que nos laceran.

Un verdadero cambio de régimen económico no solo implica aminorar las diferencias económicas entre estratos sociales de ingreso, sino que exige garantizar el mejoramiento permanente del bienestar de la población. Es decir, darle sostenibilidad al crecimiento y desarrollo del país.

Para ello, es imprescindible fortalecer las capacidades del Estado como impulsor y facilitador del espíritu emprendedor y la generación de riqueza y empleo.

Fortalecer su capacidad para distribuir adecuada y eficientemente la riqueza a partir de la indispensable figura de la libre empresa, garantizando la sana competencia y un piso parejo para que todos los actores económicos participen con equidad y calidad en la economía.

Como dicen los clásicos, tanto mercado cuanto sea posible y tanto Estado como sea necesario.

Un reto como éste requiere de la suma del conjunto de fuerzas sociales, económicas y políticas. Solo si en cada una de estas colosales tareas contamos con el concurso de todos, estaremos realmente en posibilidades de aprovechar el enorme potencial de la cuarta transformación para lograr un cambio de régimen.

Esa es la única manera de construir una nueva institucionalidad democrática que realmente logre reformar al poder, redistribuir ingresos y socializar la riqueza, en beneficio de todos.

Privilegiando el acuerdo y el debate civilizado de ideas, promoviendo nuevas formas de participación ciudadana, construyendo día a día, una nueva cultura democrática sustentada en los valores de la libertad, igualdad y solidaridad.

Solo así podremos darle permanencia a los esfuerzos para ampliar el acceso a bienes y servicios que impacten positivamente en el bienestar material y espiritual de las y los mexicanos.

Y solo entonces, estaremos en condiciones de reparar el tejido social y lograr un desarrollo social y económico para todos, en todas partes, gozando plenamente de nuestros derechos y libertades.

Quienes estamos comprometidos con un verdadero cambio de régimen tenemos la responsabilidad de poner el ejemplo de lo que significa ejercer el poder de manera diferente, buscando el acuerdo y construyendo consensos, a la hora del diseño de un nuevo marco institucional y de valores que nos fortalezcan como democracia.


Semblanza

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, mexicano de nacimiento, poblano por adopción y por convicción. Desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de trabajar por el bienestar de las familias poblanas. Mi mayor anhelo, es que a mi estado le vaya bien. Esa es mi misión y esa es mi pasión, saber que puedo contribuir a la transformación de Puebla para que vuelva a ser un estado tranquilo y seguro. He tenido el honor de desempeñar el cargo de Secretario General de Gobierno de Puebla en tres ocasiones, en administraciones diferentes y con distintos partidos políticos. El principal aprendizaje ha sido que, si no existe un entorno de paz, no puede haber prosperidad ni desarrollo. En Puebla llevamos años viendo cómo aumenta la división, el enojo y la violencia social. Hemos sido testigos de cómo la ley se aplica a medias y del debilitamiento de las instituciones de seguridad y el aumento de la impunidad y la criminalidad. De cómo los valores y principios que antes nos mantenían unidos, se han ido perdiendo. Ha llegado la hora de impulsar un gran acuerdo entre todas y todos, amplio e incluyente, que nos ayude a reconciliarnos como mexicanos y como poblanos. Necesitamos un nuevo contrato social que nos ayude a recobrar el respeto a la legalidad y a las instituciones que nos brindan unidad y nos dan certidumbre y seguridad como sociedad. Creo firmemente que, trabajando cerca de la gente, podremos generar nuevos lazos comunitarios que nos hagan mejores personas y mejores ciudadanos. Estoy convencido de que ése, es el camino para recuperar la fortaleza cívica, ética, moral y espiritual, necesarias para construir, como nación, un sueño común. Es así como quiero trascender: como alguien que logró un cambio positivo en la vida política, económica y social de su estado y de su país. Como un ser humano comprometido con servir a los demás, que supo inspirar y revolucionar conciencias.

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