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OPINIÓN

Impulsemos un verdadero cambio de régimen (Primera Parte)

Las y los mexicanos por fin decidimos impulsar una verdadera transformación.

Fernando Manzanilla Prieto

Soy Fernando Manzanilla Prieto, desde hace 20 años la vida me ha dado el privilegio de servir a las familias poblanas. Mi mayor anhelo es que a mí Estado le vaya bien. 

Martes, Febrero 4, 2020

Antes de entrar en materia, quiero agradecer a Rodolfo Ruíz, Director General de e-Consulta, por la oportunidad de regresar a este espacio periodístico. Es un privilegio para mi, poder compartir con la gran comunidad de lectores de este portal, reflexiones y propuestas sobre el acontecer estatal y nacional, siempre en un clima de libertad y profesionalismo.

Inicio esta nueva etapa de participaciones con una reflexión sobre lo que significa para una sociedad como la nuestra, lograr un verdadero cambio de régimen.

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Recordemos que ese fue, precisamente, el principal compromiso del Presidente Andrés Manuel López Obrador y de la coalición Juntos Haremos Historia, que motivó al 53% del electorado a votar por un cambio que acabara de una vez por todas, con las viejas prácticas políticas vigentes, marcadas por la corrupción y el abuso de poder.

Después de varias décadas de espera, de años de agravios, encono y erosión del tejido social, en 2018 la mayoría manifestamos claramente nuestro hartazgo y rechazo a continuar con más de lo mismo. Las y los mexicanos por fin decidimos impulsar una verdadera transformación que, de manera pacífica, logre reformar al poder en beneficio del progreso de todos, dejando atrás la época oscura del abuso y la impunidad.

Los que votamos por el cambio y muchos de los participantes en este histórico proyecto, estamos convencidos de que ha llegado la hora de un verdadero cambio de régimen, de imaginar un México diferente.

Durante su discurso de toma de posesión, el Presidente López Obrador dejó en claro que con su mandato “no solo inicia un nuevo gobierno, [sino que] comienza un cambio de régimen”. Pero ¿qué implica, exactamente, un cambio de régimen?

Recordemos que el propio Presidente ha equiparado los alcances del cambio en curso con la transformación social y económica que se alcanzó con la Independencia, que logró abolir la esclavitud y con la que se pudo construir la soberanía nacional. Con el predominio del poder civil y la restauración de la República que se logró con la Reforma. Y con la justicia agraria y la vida institucional que se pudo concretar con la Revolución.

Cada una de estas grandes transformaciones trajo consigo un cambio de régimen político, es decir, un cambio radical de las instituciones que regulan el poder y su ejercicio, así como de los valores que animan tales instituciones.

En esta cuarta transformación, el cambio de régimen consiste en acabar con la corrupción y la impunidad que hoy son parte estructural del sistema económico y político de México. El Presidente lo ha dicho muy claro:

En el antiguo régimen, “la corrupción se convirtió en la principal función del poder político”. “El poder político y el poder económico se han alimentado y nutrido mutuamente y se ha implantado como modus operandi el robo de los bienes del pueblo y de las riquezas de la nación”.

En el nuevo régimen —continúa el Presidente— habrá una “clara separación del poder económico del poder político”, “el gobierno ya no será un simple facilitador para el saqueo”, ni será un mero “comité al servicio de una minoría rapaz”.

“Habrá un auténtico Estado de Derecho, tal como lo resume la frase de nuestros liberales del siglo XIX, al margen de la ley nada y por encima de la ley nadie”.

“El poder —concluye el Presidente— deberá ejercerse con sabiduría y humildad, y sólo adquirirá sentido y se convertirá en virtud cuando se ponga al servicio de los demás”.

En eso consiste el verdadero cambio de régimen por el que la mayoría votamos y al que todos los mexicanos aspiramos. En la siguiente entrega abundaré sobre el tema.

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