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OPINIÓN

2019. Del Morenovallismo al Barbosismo

Ante la disyuntiva entre pelear o huir con bolsillos llenos, el morenovallismo emprendió la huida

Juan Manuel Mecinas Montiel

Es Doctor en Derecho Constitucional por la Universidad Complutense de Madrid. Es investigador en temas de democracia, política y derecho.

 

Martes, Diciembre 24, 2019

Morenovallismo

La muerte de los Moreno Valle dio lugar al mayor terremoto político en Puebla en los últimos lustros. Ese día murió el morenovallismo. Se estrelló en el Augusta porque solo tenía un proyecto: Rafael Moreno Valle. Rafa era principio y fin de su grupo. El objetivo era alcanzar el poder y aprovecharlo. Lo hizo sin miramientos y con talante autoritario. Y quería más, pero la muerte le cortó las aspiraciones presidenciales. Con su deceso murió el morenovallismo porque el grupo era una suma de pigmeos que no sabían qué hacer sin el jefe que indicaba qué y cómo hacer las cosas. Contrario al estilo de las mafias, el morenovallismo no previó la sucesión de su líder y nadie supo o nadie quiso asumirse como heredero de los aciertos y las tropelías que había cometido Rafael. Ante la disyuntiva entre pelear políticamente o huir con los bolsillos llenos, el morenovallismo emprendió la huida. Hoy, esos pigmeos rezan para que no les quiten lo único que siempre les interesó: el dinero. Les queda agazaparse en sus negocios y esperar a que su silencio los haga flotar como corchos en el mar durante la tormenta que para ellos comenzó el 24 de diciembre de 2018.

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Pacheco

La caída del Augusta abrió una nueva etapa en la que Morena es el partido/grupo que detenta el poder en la entidad, aunque antes hubo un interinato infravalorado, sin el que no se puede entender el momento actual. Pacheco Pulido comprendió su tarea y se dedicó a bajar los decibeles al discurso de confrontación que había dejado la elección de 2018 (la más discutida en la entidad en las últimas décadas). No había que hacer otra cosa, sino hacer política a la antigua: el pastel es muy grande y alcanza para todos. Pacheco, el político de siempre, lo entendió mejor que nadie.

Durante seis meses, el gobernador interino deambuló, lo que puede ser mortal para un gobierno, pero no para un interinato que buscaba garantizar la elección del nuevo gobernador y que el rancho no se incendiara. Y en ambas encomiendas el trabajo de Pacheco tuvo éxito. El político de siempre daba resultados.

Barbosismo

Llegado el punto de sustituir al grupo en el poder, el barbosismo se presenta como la antítesis del morenovallismo. Si aquello era obra, esto será programa; si aquello era dispendio, esto será austeridad; si aquello era elitismo, esto será un martes ciudadano.

Habrá quien vea ventajas y desventajas, pero es indudable que ha habido un cambio en la forma de hacer política. Barbosa representa a un grupo distinto que ha llegado al poder y que -a veces parece- no tiene claros sus objetivos. Pero es aún muy temprano para evaluar al barbosismo. Es un proyecto que se está acomodando en el poder y que solo las elecciones de 2021 serán el termómetro que le permita valorar su desempeño. No puede compararse con el morenovallismo. No aún.

El barbosismo tiene tareas pendientes. La primera de ellas, la más importante y la más complicada, será dejar atrás al morenovallismo. Hasta ahora, aún falla en su tarea esencial: construir una democracia.

La BUAP

El 2019 fue crucial, pero el 2020 lo será aún más para la universidad más importante del Estado. Alfonso Esparza comienza a sentir el calor del fuego que el gobierno tiene preparado para el día que caiga y arda en leña verde. Sus defensores son los jefes de Barbosa, pero nadie asegura que sus apoyos subsistirán hasta el último de sus días al frente de la BUAP. Alfonso no es ningún neonato. Sabe leer la política y conoce las fortalezas y debilidades de la universidad. Ha convivido con 5 gobernadores desde que encabeza la BUAP. Los tambores de Casa Puebla no lo asustan, pero los sabe escuchar.

Rivera Vivanco

La peor noticia para Morena: la capital está perdida. Si hoy fueran las elecciones de 2021, la capital la perderían por una diferencia de 30 puntos. Y no parece que la alcaldesa tome nota: ella cree que sigue en campaña. Sus logros son menores frente a la percepción de pasividad. Es la alcaldesa que aún no llega. Y no sabemos si algún día llegará.

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