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Opinión



Regreso a un sendero en tinieblas

Lunes, Octubre 7, 2019 - 14:33
 
 
   

Es inherente a la juventud el impulso de lograr cambios rápidos y drásticos

¿Quién en su juventud no ha querido cambiar las cosas para mejorarlas? Creo que casi todos, especialmente cuando se trata de injusticias y desigualdades que hieren tanto dentro de una comunidad, nuestro país o el mundo. Es inherente a la juventud el impulso de lograr cambios rápidos y drásticos, el opuesto al don supremo enunciado por Buda, la paciencia, que logra triunfos con tiempo y paciencia. La tentación de los caminos violentos para lograr cambios sociales y políticos siempre estará latente, brillando como una quimera hermosa que puede terminar en pesadilla.

Hace ya unos años leí un libro estremecedor sobre el tema de las guerrillas y la lucha armada en busca de justicia social en los años sesentas y setentas del siglo XX. (Sendero en Tinieblas, Alberto Ulloa, Cal y Arena, 2004). El libro narra hechos reales sucedidos a un hombre joven, de clase media alta, idealista y bondadoso, pero ávido, impaciente y deseoso de cambiar el país.

Lo releí en estos días en que el tema de los jóvenes que se fueron a la guerrilla se ha puesto sobre la mesa de discusión desde muchos frentes y ángulos. Si hay un tema que requiere entender los matices y no quedarse en posturas de blanco y negro, es éste. Leer el libro ayuda a mirar con cuidado los matices.

Alberto  explica con profundidad por qué decidió luchar contra un estado de cosas  insoportable y asfixiante, el del estado mexicano post revolucionario, violento,  crudo, hipócrita y sin contrapesos, el del caldo de cultivo que derivó en una plutocracia cínica, el de las enormes fortunas  y las redes del narcotráfico construidas desde el poder político que nos agobian desde hace décadas, el de las desigualdades lacerantes encubiertas por la demagogia de los discursos priístas y partidistas, las desigualdades extremas cuyas consecuencias vislumbrara ya  Alexander Humboldt  en 1805 cuando visitó México, desigualdades que describiría como monstruosas, señalando que debiera ser prioritario corregirlas usando la educación, por el bien de todos, ricos y pobres, españoles e indígenas. Tuvo buen ojo Humboldt. En esa tarea, como país, hemos fallado por completo. 150 años después, esas desigualdades, la impotencia ante ellas y el poder aplastante del estado fueron el motivo principal de casi todos los jóvenes que se fueron a la guerrilla.

El 4 de Septiembre de 1974, Alberto Ulloa Bornemann fue detenido por la policía judicial del Estado de Morelos. Fue trasladado en un Volkswagen con los ojos tapados con cinta adhesiva y la cara vendada durante un trayecto eterno y aterrador hasta llegar al Campo Militar Número Uno. Fue incomunicado en una celda de dos metros cuadrados antes de ser interrogado por primera vez. Alberto había sido colaborador ocasional del maestro y guerrillero Lucio Cabañas, al que conoció en la sierra de Guerrero. Alberto pertenecía a una vertiente de la izquierda radical, la Liga Comunista Espartaco. Había estudiado Ciencias y Técnicas de la Información en la Universidad Iberoamericana y militó en la organización mencionada desde 1967, hasta que fue detenido siete años después, a los 32 años. Nunca mató a nadie. Para apoyar el movimiento de Lucio, haría a un lado sus privilegios, su educación, y sobre todo, a su esposa e hijita, a las que arriesgó enormemente para ejercer su labor de mensajero, facilitador, gestor, proveedor y chofer.

Después de su detención pasaría setenta días "desparecido" y a merced de las torturas e interrogatorios de sus captores, agentes de la temida Dirección Federal de Seguridad. Desde su celda escucharía o vería pasar a jóvenes campesinos o militantes urbanos rumbo a sus celdas o a los cuartos de interrogatorio. Vio a muchos llegar vivos y salir muertos. Supo de su agonía porque vivió la propia. Tomó el camino de la lucha clandestina inspirado por la revolución cubana, el Che Guevara y la revolución cultural de Mao, como muchísimos jóvenes del mundo de entonces y de hoy.

Alberto optó por unirse a la clandestinidad cuando llegó a la conclusión de que la apertura del sistema político mexicano de esos años era infranqueable y las promesas de cambio solo simulaciones; ya no había tiempo para la paciencia porque la puerta para la transformación por medio de una equitativa contienda electoral permanecía tercamente cerrada. El PRI ganaban entonces de todas, todas, y no parecía dispuesto a dejar de hacerlo. Su determinación por cambiar al país lo orilló a elegir el difícil camino de una vida dedicada a la clandestinidad que desembocaría en su detención en 1974. Como en toda guerra, la violencia se ejerce de parte de todos los contendientes y dominarán en ambos bandos los más fuertes y violentos. El espacio para la piedad se reduce al mínimo, y menos la habrá del lado del que tiene un poder superior, en este caso, el estado.

Alberto sería quebrantado con torturas, con el ruido constante del radio a todo volumen durante día y noche, con los gritos inesperados de otros detenidos, con la certeza de que nadie de su familia sabía dónde estaba, y por último, con la amenaza de muerte y desaparición de su cadáver. Nadie bajo tortura puede ser culpado de lo que dice. El instinto de sobrevivencia y la respuesta al dolor en casos extremos nos son desconocidos. Creo que casi toda persona sometida a tortura acabará diciendo lo que sus captores desean oír. Habrá quienes quieran culpar o sentirse culpables por eso. Son situaciones que no deben ser juzgadas, solo comprendidas.

Sesenta y cinco días después de su detención Alberto aceptó haber trasladado el dinero de un asalto bancario y dio nombres y ubicaciones de algunos de sus conocidos, imaginando que ya habrían huido.No fue así, y tres de ellos fueron detenidos y presentados junto con él , cinco días después, ante un ministerio público. Fue entonces que su padre y su esposa supieron que estaba vivo. Como miembro de la organización a la que perteneció, no le tocó ejercer la violencia, pero si supo de ella y luego la padeció a lo largo de los cuatro años que pasó en diferentes cárceles. Primero Lecumberri, luego el Reclusorio Oriente y al final Santa Martha Acatitla. La amnistía decretada por José López Portillo a los presos políticos de la llamada guerra sucia mexicana, le permitió a él y a otros muchos salir de la cárcel cuatro años después. 

 La primera persona a la que Alberto vio después de los setenta días de detención en el Campo Militar Número 1 fue a su padre. Qué banales les deben de haber parecido sus distanciamientos y diferencias en esa hora de la verdad, en ese encuentro de su regreso del mundo de las desapariciones forzadas, de las que muchas veces solo queda un vacío indescifrable.

Sendero en tinieblas no es fácil de leer sin inquietarte e involucrarte. Hay muchos momentos del libro en el que quieres ir por ese joven y por muchos otros y regresarlos a sus casas y a sus familias. Decirles que crecerán, y que podrán encontrar otros caminos para construir un mejor país. Ves la manipulación de siempre en todos lados y en todos los bandos. También los errores y la grandeza humanas. Jóvenes casi niños,adultos casi jóvenes, todos empeñados tercamente en defender un sueño o en combatirlo. De uno y otro lado hay de todo. Están los judiciales y policías desalmados, pero también los médicos militares que salvan vidas e insisten en presentar ante un ministerio público a los detenidos que aparecen en sus hospitales. Están los carceleros- soldados, pobres entre los pobres, que a veces, compadecidos, le pasan agua o un taco a un preso, y otras, están esperando que algún preso muera para quedarse con los huaraches o la camisa del difunto. Están los vengadores revolucionarios que ejecutan a sus propios compañeros cuando les parecen equivocados o desleales a la causa. Ni la verdad, ni la maldad, ni la bondad son patrimonio de ningún bando. Seres humanos en el momento y condición en que los colocó la vida, marcados por sus actos, pero también por la casualidad del destino.

Al salir de la cárcel Alberto reconstruyó su vida, tuvo al hijo que anheló en los momentos más oscuros de su encarcelamiento, reconquistó la confianza de su mujer, que nunca dejó de apoyarlo, cultivó el cariño de su hija y los lazos con sus padres.

 Algunas frases de Sendero en Tinieblas de Alberto Ulloa: 

"A los mexicanos de centro, izquierda o derecha nos urge aprender a ejercer la tolerancia, a abandonar los estrechos cauces personales, partidarios o de clase..."

"Los atajos revolucionarios o los contragolpes reaccionarios, como lo prueba la historia mundial, no solucionan los problemas sociales, económicos y políticos de los pueblos, más bien los complican y empeoran....."

"Habría que abandonar las satanizaciones fáciles y los mesianismos delirantes...la herencia sangrienta de los dictadores de derecha o de izquierda no deben de ser reverenciados ni mucho menos reinvidicados."

" Los de izquierda suelen socializar la pobreza mientras sus dirigentes acaparan el poder y sus privilegios, además de suprimir los derechos civiles y humanos de millones de personas. Los de derecha, lo mismo. Ambos extremos suelen llevar a otras naciones muerte y destrucción, así como derrota y humillación a sus propios pueblos....". 

Coincido con él sin haber vivido su horror. Coincido con él en que no hay atajos y que la humilde gradualidad suele ser más eficaz que las medidas radicales. Coincido con Humboldt en que no atender y cerrar la brecha de las desigualdades, básicamente por medio de la educación y de manera paciente e inteligente, solo puede llevar a un país al abismo.


Semblanza

Verónica Mastretta

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