“Para mis queridos maestros:
Eduardo Libreros, por construir
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en el día a día, el sentido y la
esperanza en la educación
cotidiana”
En muchas de mis colaboraciones he escrito sobre la necesidad de recuperar la esperanza en lo cotidiano, en las aulas, en cada escuela y dentro de cada profesor.
Mucho se ha hablado de la Reforma Educativa que se está discutiendo para este sexenio, Reforma que para muchos tampoco es Reforma, puesto que, desde la perspectiva de varios investigadores como Manuel Gil Antón, se modificaron ciertos hilos, pero el andamio sigue siendo el mismo con ciertos ajustes, porque se limaron, impidieron o procuraron aspectos de la Reforma del 2013.
No se le puede llamar tampoco Reforma, porque no plantea en realidad un nuevo proyecto educativo, entre sus aciertos se explicita la necesidad de concebir al magisterio como agente de cambio; se le nombra como vinculado a las niñas, niños y jóvenes; se le adjudica el interés supremo de la impartición de educación por parte del estado como un agente primordial de la trasformación social; tiene el derecho a acceder a un sistema permanente de actualización y formación continua para el logro de los objetivos y propósitos del sistema educativo nacional y se determina que sea reconocida su contribución a la educación.
Sin embargo y la experiencia recabada así lo muestra, dentro del proceso histórico de la educación en México, el papel del maestro ha sido renovado casi cada sexenio… en papel. En realidad, el maestro cada vez más se enfrenta a una sociedad que de manera despreocupada les entrega a sus hijos para que los forme integralmente, sin darles el apoyo profesional, material ni emocional para realizar su labor y formar a los ciudadanos del mañana.
El pasado sexenio envolvió a los maestros de educación obligatoria de escuelas públicas, en un ambiente de descalificación y falta de motivación, poco se les apoyó para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje y tampoco se valoró socialmente su trabajo.
Actualmente los maestros se enfrentan también, a muchos distractores sociales que afectan no solamente el aprendizaje de sus alumnos, también la conducta, las emociones, su percepción de vida, sus valores, sus hábitos etc.
Los aprendizajes no se generan de la nada, se construyen a partir de las experiencias y las interacciones, todo influye en la construcción social de cada uno de nosotros y en lo que aprendemos. Dentro de esa construcción todo importa, por ejemplo, lo que se escucha.
Hay estudios en donde se considera que el aprendizaje en el ser humano se lleva a cabo cuando se producen interconexiones entre las neuronas, tomando en cuenta que el cerebro humano es altamente plástico, porque puede ser modelado en respuesta a nuevas experiencias. La estimulación sonora puede influir en la plasticidad de aprendizaje o memoria mediante el aumento de conexiones sinápticas (Sadler, 2001).
En la actualidad se han creado grabaciones musicales con una función específica dentro de la música intencionada, las cuales pueden ser utilizadas como herramientas por los docentes en determinadas actividades específicas como la concentración, motivación, relajación, etc.
Es un hecho que lo que escuchan y cantan una buena parte de nuestros adolescentes y jóvenes, presentan contenidos machistas, sexuales, violencia, ausencia de valores y mucho ruido. Los lectores pensarán que tienen derecho a escuchar y cantar lo que quieran, pero está comprobado que afecta su percepción sensorial y, por tanto, sus procesos cognitivos, emocionales y sociales.
En cada escuela convergen muchos intereses, sentimientos y actitudes con los que cada maestro o maestra cotidianamente realiza su labor. Los docentes aprendemos cada día a descubrirnos, a profundizar en nuestras incertidumbres, a construir nuestras propias libertades y a tomar decisiones.
La vida es una dinámica perfecta que no se detiene y en la que cada maestro, en el día a día se pregunta: educar ¿para qué?, buscando apoyar y estimular a cada uno de sus alumnos en su construcción.
Nuestro país requiere en estos tiempos polarizados, a maestras y maestros motivados, valorados, que re dignifiquen la profesión y que sean capaces de construir en las aulas, en las escuelas y en las comunidades, los esfuerzos necesarios para un México mejor.
En este próximo 15 de mayo, les invito a reflexionar en las palabras de Pablo Latapí: “ser maestro es cosa de vocación, de inclinación interior, de proyecto de vida; quizás de amor”. ¡Felicidades maestros!