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OPINIÓN

El “filisteismo televisivo y de medios”

La “crasa ignorancia”, y la “frivolidad” sus características

Samuel Tovar Ruiz

Catedrático de la Maestría en Ciencias Políticas de la BUAP.  Autor de los libros: Hume: el Fundamento del Estado y Derecho Moderno, Epistemología de las Ciencias Sociales y Políticas

Domingo, Mayo 12, 2019

El “filisteismo televisivo nacional” representado sobre todo por Ciro Gómez Leyva y Cía., procediendo de modo absolutamente acrítico con quienes cree su “cautiva” y “pasiva” audiencia,  no cesa de echar en cara la “imposibilidad” de solución de graves problemas por parte del actual gobierno federal encabezado por AMLO.  El “filisteo” empero ni por un momento repara en que la mayoría de esos problemas no tuvo su origen sino en el tiempo en que trascurrieron los largos y penosos sexenios de los llamados gobiernos “neoliberales”; es decir,  desde: Peña Nieto, Calderón, Fox, Zedillo y desde luego Carlos Salinas.  Pues fue en estos sexenios en que, por un lado,  los mexicanos pasamos de millones de pobres a pobreza extrema; es decir, a pobreza asfixiante, insoportable, de clara vulnerablidad en perjuicio de muchos millones de mexicanos. Fue en esos sexenios en que también, también por otro lado, apareció la más reciente “mafia en el poder”, los muy ricos, el puñado de familias que de modo “insultante” para la <<inteligencia nacional>>  concentran entre el treinta y  cuarenta por ciento del PIB nacional.  El “filisteismo” de don Ciro reside en que a sabiendas de este hecho, no lo informa ni mucho menos denuncia, y por el contrario lo obnubila, se lo calla, o simplemente lo maquilla o le da carpetazo.  Y “sobre las injusticias” que ya de por sí implica la infame concentración de riqueza en nuestro país, busca culpables en otra parte, en lo que encuentra más amodo.

El “filisteismo desinformativo” actual en nuestro país no sólo es una “crasa ignorancia”, de aspecto muy “vulgar” y “tosco” con que se conducen actualmente los llamados “líderes de opinión” (o líderes de manipulación desinformativa), sino es una “escalada política” esencialmente comunicativa patrocinada desde el capitalismo trasnacional, y que en nuestro país encabeza “don Ciro” (no “pera loca” sino el comunicador de la tele), pero también televisa, incluso se incriben otros canales que se llaman “amigos” del actual gobierno.  Su pretensión no es otra que 1. Generar una “imagen pública de desprestigio”, de “ineficacia” e “inoperancia” no sólo del actual presidente, sino de sus correligionarios.  Pero, además, 2  Olvidando por completo que graves problemas como: la corrupción, el sobrendeudamiento, el desmantelamiento de la planta industrial nacional, la descapitalización del campo, la entrega de la soberanía nacional mediante reformas espuria a favor del capital extranjero, la entrega de los servicios financieros a la banca extranjera, la entrega del espacio satelital a firmas trasnacionales, la entrega de la extracción minera a capitales extranjeros  a mafias nacionales, la dependencia tecnológica y científica, el analfabetismo nacional, la marginación y excusión indígena, la impunidad, la inseguridad, el desempleo, la improcuración de justicia, la migración, la trata de personas, el tráfico de órganos, la pobreza extrema, la inequidad de género, los crímenes de odio, los femenicidios, etc., olvidan en su precario haber que tales problemas en realidad fueron “deudas pendientes” heredadas por la larga serie de gobiernos neoliberales. Tal “autismo” (cualquier parecido con el de Anaya o el de Meade, “sería mera coincidencia”), creen, entonces, por un lado, alcanza para eximir de responsabilidad a los verdaderos autores del “drama social” mexicano; es decir, a esa serie de gobiernos que le hacen “confesión de fe” al neoliberalismo, y que se etiquetan bajo las siglas del WC (o Waschinton Consensus); y, por otro, ya sin otro responsable que lo que ven como gobierno inmediato, lanzan sus dardos en contra de éste. Lo acusan de todo, hasta de que “no se suba” al Super Tren Bala, capaz de recorrer 400 Kms por hr. Y que en 2021, habría de darse el banderazo de salida, en Japón. Lo acusan de que “ha desechado y está apunto de vender” el avión presidencial de Peña Nieto, etc., etc.

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Como se advierte no sólo la “crasa ignorancia”, sino la “frivolidad” son características del “filisteismo  televisivo”.  Sus personeros, en realidad, depositarios de muy “mediana” cultura comunicativa, casi nunca se esmeran por mejorarla, pues en ellos, no se advierte, ni en el mediano ni en el largo plazo,  por lo menos significativos avances culturales, sino, más bien, además de “cretinismo “y “auto complacencia ególatra”, se esmeran por volverla todavía más “ruin” y “tosca”.  Tan “grotescos perfiles” quedan rubricados cuando en lugar de informar al público, que creen “cautivo”, lo “desinforman y manipulan”.  “Ignoran” que el poder que tienen sobre el ya reducido público que creen controlar, no se debe, por un lado, a las “afectaciones” de voz, o a las harto risibles gesticulaciones o “inesperadas muecas” propias de “payaso forzado”, y con las cuales creen suplir la “desastrosa” ignorancia que llevan a cuestas, en efecto, sobre gran cantidad de temas.  Pero, dicho poder, el de los medios o de sus titulares, no es sino resultado del casi “nulo tiempo” que la gente del público emplea, para informarse por sí sola, para conseguir la noticia por su cuenta.  Siendo la tele quien suple ese déficit.  Claro, “el costo” es mucho, residiendo en que un “desconocido virtual” intente “aprovechar la ocasión” para manipularles o venderles “baratijas”, “chatarra” desinformativa.

  Por otro lado, se debe a que ya desde hace un buen rato la opinión que antes era del público. Esto ocurría cuando un dato en boca de uno se volvía dato en boca de varios, hasta volverse dato en boca de la mayoría. Más tarde, <<este brinco>> de la opinión que así, siendo primero de uno, luego, se hizo social, publica, fue entones cuando metamorfoseado por la tecnología comunicativa, fue aprovechado por la tele.  La cual primeramente, cuando entra en escena, tarda un buen rato en mantener el origen social de la opinión.  Pero, poco tiempo después, ya en “sus manos”, la opinión deja de ser <<de uno>>, incluso deja ser de muchos (social).  Así al ser tramitada tecnológicamente, termina convirtiéndose sólo de unos, de los dueños de los medios; es decir, de nuevo, en privada.  Con este paso, la tecnología le arranca a la opinión su <<carácter social>>, pero sólo para convertirla en “tecno-social”, esto es en poder comunicativo de quien la detente (unos pocos).  Un dato que antes pasaba por el uno, luego por varios, por muchos, para convertirse en “tecno-social” ya no requiere de aquel <<primitivo rodeo>>.  Ahora, mediante el trámite tecnológico, de inmediato se salta el <<uno>> o incluso el <<muchos>>.  Con ello, el poder del “tecno”, en cuanto comunicativamente tramita, ya, le es inherente, ya aparece con  el “alcance holístico” que antes no aparecía sino en  <<muchos>>,   en lo que imprimía el carácter <<social>>. Así, ahora, basta que un reportero emplee su cámara  desde “el lugar de los hechos”, desde “el centro de gravedad” del dato, para que de inmediato se torne social, es decir “tecno-social”.  Esta producción, esencialmente “técnica” se vuelve así, entonces, no sólo una “gran manufactura” del dato social y por tanto de la “opinión” que lleva el epíteto de los <<social>>, pero en “manos privadas” se torna “un gran poder de manipulación”, superior al de cualquier “demagogo con microfono”, al de un “obispo dominador de grandes masas de fieles”, por tanto sólo podría ser comparable con las “homilías del papa” desde la iglesia de San Pedro en Roma, pero ya asistidas de modo técnico comunicativo.  De modo que en “manos de particulares”, es casi como ponerlas en “manos del diablo”, es decir, en manos de quienes detentan, con “fines privados”,  los modos de producción comunicativa de datos sociales o de la opinión pública,  implica ello un “gran riesgo” un “gran peligro” para la sociedad, quien así queda a expensas de “dictaduras” comunicativas, de personajes con perfiles “siniestros”, no sólo por su mala fe, por su la mediocre cultura que portan, sino por el tipo de “negocios oscuros”,  de “intereses criminales”,  que representan, y tratan de sacar adelante, llevándose entre “las patas” al gran público cuya cautividad buscan gran parte de los medios de comunicación masiva entre ellos sobre todo la tele y los programas de “don Cirilo” o los de televisa y Cía.

Urgen entonces las siguientes medidas: a) el capital que maneje medios como la tele, la telefonía, no debe ser absolutamente privado sino por lo menos mixto, B) Por cada noticiero y programas de telenovelas debe haber por lo menos tres programas de cultura popular, de equidad de género, ecológica, y científico tecnológica.  C) se debe dar a conocer la reglamentación del <<derecho de réplica>> imponiendo severas multas a quienes no respeten ese derecho, D) debe haber un comisión evaluadora de medios cuya función permanente consistirá en permitir o no programaciones  dirigidas al público.  E) Los medios deben ser sometidos por lo menos una vez por sexenio a consulta popular.  Se debe hacer valer la otra cara de la libertad de expresión, la del público. Esta libertad no tiene nada que ver con facultades privadas para manipular y sacar ganancias, solo. 

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