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Opinión



Mi Niña Paulette

Jueves, Abril 25, 2019 - 10:57
 
 
   

Decidí hacer algo que me relajara y me pusiera de buenas

Busqué las tijeras para cortar las yerbas del jardín, no las encontré; busqué el machete para cortar los matorrales, tampoco; estaban en el suelo junto a la mesa del estudio pero decidí guardarlas “bien” y no recuerdo dónde es “bien”. Mientras las tenía ahí, al paso, puestas sin cuidado y a buen resguardo en el suelo junto a las patas de la mesa del estudio, las tuve a la mano para tomarlas cuando las necesitaba, pero cuando les quise dar “un lugar especial”, todo salió mal.

Busqué por todos lados por horas, con cuidado de no hacer ruido para no despertar a la familia, se fue pasando el tiempo; me desesperé, mi plan del domingo era levantarme a las 5 am y cortar las plantas antes de que saliera el sol; me levanté temprano, salió el sol, empezaron a caer leves rayos de sol que fueron arreciando conforme pasaban las horas. Mi plan dominical matutino, se me fregó. Eran las 11 del día.

Decidí hacer algo que me relajara y me pusiera de buenas: dispuse escribir la síntesis de algún libro interesante para pasarlo por radio lunes temprano. Busqué la computadora que la noche anterior había usado para ver una película y caí rendida sin que terminara, y ya medio dormida, retiré la mesita donde la coloco, apagué la computadora y la puse sobre la cama. No estaba. Me extrañó porque siempre hago lo mismo. Volví a buscar sobre la cama, debajo de cobijas y almohadas, revolví las sábanas, busqué bajo la cama, en el suelo, por si la había colocado ahí para no pisarla como hacía a veces… y nada.

Buscar la computadora me hizo olvidar mi frustración de arreglar el jardín. Me concentré y despacio imité todo lo que hice la noche anterior con la computadora porque tenía que estar ahí (al igual que las tijeras y el machete): me desperté, apagué la computadora, la cerré, la quité de la mesita y la puse sobre la cama, coloqué la mesita sobre la cómoda, me levanté al baño, fui a la cocina para servirme un vaso con agua, regresé a mi cama, puse el vaso sobre el buró y me acosté a dormir, ¡la pinchi computadora no estaba en ningún lado y más que desesperarme, me preocupó porque aquí tengo mi vida entera! 

No me lo van a creer pero busqué en el baño, en la sala, en el refrigerador, en mi vestidor, lugares donde ni por error hubiera podido dejarla, pero por si las moscas… y no aparecía la pinchi computadora. ¡Me asusté!, así se comienza el Alzheimer, me dije. Me tranquilicé por mi bien y por encontrar la pinchi computadora. Entre la búsqueda de los implementos del jardín y la computadora, ya era la una de la tarde, ¡ocho horas de infierno tan temprano, qué domingo! Volví sobre mis pasos de la noche anterior muy atenta y concentrada, detallando en cámara lenta y enfocada en cada movimiento… Y de repente, al pasar por el lado de mi cama que está pegado a la pared, una espontánea y profunda intuición me llevó a buscar entre el colchón y la pared ¡¡ahí estaba!! Vino a mi mente el triste recuerdo de la niña Paulette que se encontró metida en el cochón, según cuenta la leyenda, por lo que, desde entonces mi computadora se llama “Mi niña Paulette”.

alefonse@hotmail.com


Semblanza

Alejandra Fonseca

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