Veinticinco años han pasado desde aquel fatídico día en Lomas Taurinas. El asesinato de Luis Donaldo Colosio en abril de 1994 nos retrotrae a una época en que la descomposición del partido en el poder y el ejercicio de su hegemonía desde 1929, era tan perceptible que la sociedad pedía a gritos el cambio tan necesario en nuestro país.
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También veinticinco años atrás, en 1968, el clamor estudiantil reflejaría el hartazgo de obreros, campesinos, indígenas y diversos sectores populares. Confluyendo en el Palacio Negro de Lecumberri diversos líderes estudiantiles, comunistas, sindicalistas, pintores, artistas, todos bajo un mismo cargo: oponerse a un régimen carente de libertades.
Y en los setenta, irrumpiría el sindicalismo universitario, uniéndose a las banderas y exigencias de libertad sindical que el sindicato de ferrocarrileros, de electricistas, de telefonistas, levantaran. Al igual, se manifestarían médicos y maestros a finales de los cincuenta y principios de los sesenta.
Desde entonces, muchos han sido los sacrificios, sufrimientos, muertes y desapariciones por disminuir las desigualdades. Igualmente, han sido muchos los caminos recorridos. La izquierda en México, que bajo nuevas “reglas del juego” dejaría atrás la clandestinidad, iba encaminada en un aprendizaje para actuar bajo lineamientos establecidos que permitirían avanzar hacia una reforma política que abonara hacia la construcción de la democracia en nuestro país. Esa era una postura, claro, habría otras como las guerrillas.
En ese contexto es como surgen sindicatos como el Sindicato Único Nacional de Trabajadores Universitarios (SUNTU), la Unión Nacional de Trabajadores (UNT); partidos como el Mexicano de los Trabajadores (PMT), el Socialista de los Trabajadores (PST), el Mexicano Socialista (PMS), el Socialista Unificado de México (PSUM), de la Revolución Democrática (PRD), Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA). El camino ha sido largo y sinuoso. Los jovenzuelos que participamos en esos movimientos, hoy somos de la tercera edad.
Hoy, veinticinco años después del asesinato político de Colosio, tenemos un Presidente que sostuvo todo un movimiento a fin de lograr llegar a Palacio Nacional.
Andrés Manuel López Obrador fue candidato presidencial en 2006 por la Coalición por el Bien de Todos, donde confluyeron el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el Partido del Trabajo (PT) y Convergencia. Ahí se habló de fraude electoral. Las cifras oficiales mostraban una diferencia apenas por décimas. Repitiendo en la Presidencia de la República –como en el 2000- el candidato del Partido Acción Nacional (PAN).
En 2012, López Obrador como candidato del Movimiento Progresista: PRD, PT y Movimiento Ciudadano, perdería frente al candidato del PRI.
Habrían de pasar varios años todavía para cumplir AMLO uno de sus principales propósitos: “Por el bien de todos, primero los pobres”.
Varios han sido los movimientos y escenarios donde han confluido un sinnúmero de personas para alcanzar la transformación de México. Hablar de la 4T como propaganda electoral, es buena; como lucha emprendida, se queda corta. Muchas han sido las transformaciones que ha tenido nuestro país, desde su movimiento independentista hasta nuestra actualidad, el siglo XXI.