Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Amar a la humildad a pesar de todas sus debilidades y defectos

No habrá paz ni humildad en nosotros hasta que seamos vencidos por la Diosa de la Misericordia.

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Lunes, Febrero 25, 2019

Dr. Ricardo Velázquez Cruz.

El mono era hábil pero también vanidoso; tenía suficiente magia de mono como para abrirse camino hasta el Cielo, pero no tenía bastante cordura y equilibrio y templanza de espíritu para vivir pacíficamente allí. Demasiado bueno quizá para esta tierra y su existencia mortal, no era empero bastante bueno para el Cielo y la compañía de los inmortales. Había algo de craso y maligno y rebelde en él, algunas borras sin refinar en su oro, y por eso es que cuando entró en el Cielo, en el episodio preliminar, antes de unirse a la partida de peregrinos causó allí un susto terrible, como un león salvaje que se escapa de la jaula del circo por las calles de la ciudad. Debido a su incorregible diablura innata, echó a perder la Comida Azul dada por la Reina Madre Occidental del Cielo de todos los dioses, santos e inmortales en el Cielo. Furioso porque no se le invitó a la fiesta, se hizo pasar por mensajero de Dios y envió al Duende Descalzo, que iba a la fiesta, en otra dirección, diciéndole que se había cambiado el lugar, y entonces se transformó en igual al Duende Descalzo y fue a la fiesta. Muchos otros duendes y hadas y trasgos habían sido enviados por él a otros sitios. Al entrar al patio vio que era el primero en llegar. Nadie estaba allí, salvo los sirvientes que cuidaban las jarras de vino celestial en el corredor. Se transformó entonces en insecto de la enfermedad del sueño y picó a los sirvientes hasta que cayeron dormidos, entonces bebió las jarras de vino. Casi ebrio ya, pasó al salón y comió los duraznos celestiales tendidos en la mesa. Cuando llegaron los invitados y vieron la comida perdida, ya estaba él haciendo otras hazañas en la casa de Laotsé, donde trató de comer las píldoras de la inmortalidad, finalmente, aún disfrazado se marchó del Cielo, temeroso en parte por las consecuencias de sus andanzas de ebrio, pues sobre todo enojado porque no se le había invitado a la Comida Anual. Volvió a su reino de los Monos, del que era Rey, y así lo dijo a los monitos, y alzó bandera de rebelión contra el Cielo, y en ella escribió “El gran sabio, igual al Cielo”. Hubo entonces terribles combates entre este mono y los guerreros celestes, en los cuales no fue capturado el mono hasta que la Diosa de la Misericordia le derribó con un dulce ramito de flores de nubes.

Más artículos del autor

Tal como el mono, siempre nos rebelamos y no habrá paz ni humildad en nosotros hasta que seamos vencidos por la Diosa de la Misericordia, cuyas dulces flores arrojadas desde el Cielo nos harán caer. Y no aprenderemos la lección de verdadera humildad hasta que la ciencia haya explorado los límites del universo porque en la epopeya el mono se rebeló aún después de su captura y preguntó al Emperador de Jade en el Cielo por qué no se le daba un título más alto entre los dioses, y tuvo que aprender la lección de humildad mediante una apuesta final con Buda o Dios mismo. Apostó a que con sus poderes mágicos podía ir hasta el fin de la tierra y el premio sería “El gran sabio, igual al Cielo” o la sumisión completa en caso de perder. Saltó, por el aire y viajó con velocidad de rayo a través de los continentes hasta que llegó a una montaña con cinco picos, que juzgó debía estar tan lejos que en ella jamás habían puestos pie los seres mortales. A fin de dejar prueba de que había llegado al lugar, orinó al pie del pico central y satisfecho ya con su hazaña volvió y relató su viaje a Buda. Abrió entonces Buda una mano y le pidió que oliera su propia orina en la base del dedo medio y le dijo cómo durante ese tiempo no había salido siquiera de la palma de su mano. Sólo entonces logró humildad el mono y después de estar encadenado a una roca por quinientos años fue liberado por el Abate y se unión a él en su peregrinación. Al fin y al cabo este mono, que es imagen de nosotros mismos, es una criatura extremadamente simpática, a pesar de su vanidad y sus travesuras. Así deberíamos nosotros también, ser capaces de amar a la humildad a pesar de todas sus debilidades y defectos.

Vistas: 522
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs