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OPINIÓN

Los barones del dinero y los errores de AMLO

Los grandes temas difícilmente eran sujeto de debate antes del entrar al escenario López Obrador.

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Noviembre 4, 2018

En alguna medida el país se ha vuelto a polarizar con el tema de la cancelación del proyecto del aeropuerto. Me parece que sensatamente no debería de asustarnos. De nuestro país hemos visto o nos han mostrado una cara que no es la real.

Los grandes temas difícilmente eran sujeto de debate antes del entrar al escenario López Obrador. Y cuando se abría la discusión, por lo común prevalecía una opinión dominante, la del gobierno federal. Y un  gigantesco aparato coral, a través de los medios, la televisión de modo preponderante, confeccionaba una imagen armónica, monocorde.

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A raíz de la campaña presidencial esto ha cambiado. Temas escabrosos se plantan en el escenario y se suscita un mundo de opiniones. Así es la democracia. Nada para temer. Sólo que no estábamos acostumbrados. En las campañas presidenciales anteriores, recordémoslo, se manipuló a la opinión pública con sofisticados métodos intensamente.

 Con esa estrategia se impidió a AMLO llegar a la presidencia. Y otro tanto se hizo en el caso de Cuauhtémoc Cárdenas. El tiempo ha revelado operaciones, cifras, confesiones y revelaciones de todo orden.

El tema de ahora tiene muchas aristas, es altamente polifacético. Y es bueno el intento de todos por hacer acopio de la mayor información posible al menos para ponerlo en claro y entenderlo.

La famosa encuesta, ilegal e imperfecta, improvisada y dirigida, es muy probablemente un error estratégico del gobierno que viene. Eso y los problemas de comunicación concomitantes. Pero no hay que verla de manera aislada.

Antes de este proceso parchado, jamás ha habido el mínimo intento por consultar a la gente decisiones importantes o trascendentes del gobierno del país. Todo ha sido decidido o manipulado desde la cúspide.

 Inclusive escandalosos casos de corrupción que marcan al sexenio que termina, han sido manejados en secreto, con gruesas capas de protección o mecanismos de manipulación para proteger a toda una red de complicidades.

Ya no hablemos de encuestas. Simplemente de aplicación de la ley. Ni un pétalo ha tocado la gruesa costra corrupta, por ejemplo, de Emilio Lozoya y Odebrecht.

Y como ese hay 20 escandalosos casos de saqueo acumulados.

Entonces, frente a la cuestionada encuesta, miremos completa la película. Al país todo le debe una detallada explicación de ese mar putrefacto  la administración que termina.

Pero no es sólo eso. Esto sólo es una parte mínima de lo que está en fondo, de lo que se esconde tras el debate.

Es simple. Veamos en perspectiva: la feroz y gigantesca campaña o guerra mediática contra AMLO y equipo en relación con el aeropuerto, guarda una relación directa con el tipo y monto de los intereses que están en juego.

Con esa decisión, arbitraria o cuestionada, se están afectando poderosísimos intereses que son las columnas que apuntalan al gobierno que termina.

 Son también, la estructura ósea que ha sostenido a las elites gobernantes en al menos los últimos cuatro sexenios.

Sólo un dato, uno sólo: el monumental negocio del NAIM no es por sí misma dicha obra, sino las enormes extensiones de terreno colindantes. Adquiridas a precios irrisorios y con un valor extraordinario derivado de la plusvalía del aeropuerto. Y el otro: Son 5 grandes compañías constructoras las que tenían o tienen el pastel cuya afectación se quiere vender como tragedia nacional: ICA, CARSO, Hermes, Gia y Grupo Ángeles.

Ellos tienen el 51 por ciento de la obra. Además, tienen también el 70 por ciento de los contratos, de los cuales unos 344 se han adjudicado de forma directa, sin concurso.

Asimismo, ellas también están  atrás del incalculable negocio de las casi 160 minas de arena, tezontle, grava y tepetate.

Si la encuesta es ilegal, atrás de estos monumentales negocios donde hay dinero público  y complicidad con el gobierno que concluye hay también una montaña de ilegalidades.

A la gente, con un aparato mediático formidablemente concertado le dan pedazos de la verdad, pero no la verdad completa. Dirigen los reflectores hacia aquello que afecta sus poderosos intereses, pero  no van al fondo. Ese no se toca.

Nos venden la idea de que el aeropuerto era la llave de México para acceder al mundo moderno. Nos llegan a comparar con China y otras potencias en esta materia. Sacuden el petate del muerto para azuzar al país diciendo que la nación se cae en pedazos con esta clase de decisiones. Se cuidan muy bien de ocultar lo que en realidad  defienden, los negocios, el dinero, los contratos, las complicidades.

No se condena el negocio, se sospecha de profundos mares de corrupción al obtener contratos, concesiones y privilegios. Esas indescriptibles fortunas, por otra parte, no son un modelo de honestidad en México. Aquí, bien lo sabemos, atrás y en el fondo de esos extraordinarios capitales hay madejas de corrupción, explotación, abusos, tragedias, sangre o traiciones. Y a veces todo junto. Basta rascarle al asunto.

 

México debería estar curado de espanto. Nos vendieron como espejitos que el acceso al Tratado de Libre Comercio en automático llevaría al país al primer mundo; que el Pacto por México de Peña y todos los partidos –con excepción de Morena- sería la solución mágica a todas nuestras miserias y nos llevaría al desarrollo primermundista.

Puros cuentos.

Por la otra parte, al equipo del nuevo gobierno hay que anotarle severos errores. Fundamentalmente de comunicación. Pero también aires de autoritarismo, intolerancia e improvisación. Eso, le ofrece generosos ángulos de crítica, a sus detractores.

La prudencia, el silencio, la comunicación oportuna e inteligente, han estado ausentes en esta muy importante etapa previa a asumir el mando. Un excesivo protagonismo, un activismo febril  innecesario y un festival de improvisaciones, son exactamente lo contrario a lo que dicta el más elemental sentido común: sentarse.

Sentarse para pensar, planear, dialogar y concertar.

Gobernar es también sentarse.

La silla ha estado asociada al poder todo el tiempo del mundo.

xgt49@yahoo.com.mx

 

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