De la “arrogancia desmesurada” de una arcaica y perniciosa “evaluación educativa”, a una propuesta educativa de nuevo cuño que dignifique y viabilice la Gran Transformación Democrática del Magisterio Nacional.
El 26 de febrero del2013 fue publicada en el diario oficial de la federación la llamada reforma educativa de Peña-Nuño, que incluyó cambios sustantivos a los arts., 3º y 73 constitucionales con el propósito de “dotar” al sistema educativo nacional de los elementos que impulsaran su mejoramiento y fortalecieran la equidad. Se estableció la responsabilidad del estado de garantizar la calidad de la enseñanza pública obligatoria, del servicio profesional docente, el sistema nacional de evaluación educativa y la conformación del instituto Nacional para la evaluación de la educación (INEE), este último como máxima autoridad en la materia. También abrió pauta para la promulgación de las leyes generales del servicio profesional docente y del instituto nacional para la evaluación de la educación, así como a reformas de la ley general de educación (Véase periódico la jornada del viernes 12 de 2018, sección política pág. 16) Respecto a esta reforma ya MORENA presentó iniciativa para reformar los arts. 3º y el 73 constitucionales que dan sustento a la Reforma Nuño/Peña. Han argumentado que la viabilidad de la iniciativa se sustenta en que la llamada reforma educativa en realidad sólo es la fachada de una “anfíbica” y mal intencionada estrategia represiva en contra de los trabajadores del magisterio nacional, particularmente de su ala disidente, o su parte más anti-sistémica o contraria al llamado “educacionismo” convencional tecnocrático.
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Ahora bien, tal “reforma”, ya, ha sido, en efecto, develada por la crítica nacional como un intento sólo “cosmético”, cuya pretensión no ha sido otra que “embellecer” la política “represora” del todavía actual régimen Peñanietista, que en su apresurado paso por legitimar muchas de sus “políticas fallidas”, entre ellas, la educativa, ha pasado de largo, en ella, aspectos esenciales del acto evaluativo. Es decir, cuestiones cualitativas absolutamente gravitantes sobre esa materia, parecieran sus tecnócratas aún los “más trasnochados” no dominarlas (¡sic!), o lo que es peor “desconocerlas”. Por ejemplo, valgámonos de un simple símil para clarificar más este punto. Como se sabe en la teoría epistémica y pedagógica contemporáneas, un observador no sólo es observador sino lo es en cuanto igualmente es observado, por lo cual no dejan de concurrir ambos caracteres, ya, en su propia observación, en su mismísima actividad de observar. Así, en esa, su, “situación”, el binomio observador/observado queda ya inserto, incluso sin que se lo proponga el primero. Tal inserción, por supuesto, no sólo es metódica, sino obedece a una ineluctable <<lógica interna>> del acto mismo de observar. Y, si no sé es un “supino” irremediable o un contumaz empedernido, no hay modo de negar esto que es inherente al <<acto de observar>> mismo, como aquí constatamos. Ahora si rápidamente giramos nuestra “manija topológica” y nos volvemos al específico <<acto de evaluar>>, en esencia ocurre otro tanto, dirían los físicos, ocurre otra especie de <<quantum>>. Así, advertimos que, de igual modo, el evaluador en cuanto evalúa no es sino evaluado, por lo que ambos caracteres son concurrentes igualmente en el mismo <<acto de la evaluación>>. Pero esto como hemos visto no ha sido explícito ni consciente en quienes “confeccionaron” o “pretenden” poner en práctica la “evaluación educativa” mencionada. Igualmente se ve que han inadvertido, o que les pasó de “noche”, el que, en el México recientísimo, la evaluación sobre el evaluador, sin desmerecer, con igual rigor, seriedad y gravedad de juicio, se explicitó de otra forma, en la <<vía electoral>>. De ese modo, la <<otra evaluación>> que en los evaluadores convencionales se echa de menos, fue verificada, incluso con más rigor y contundencia. Así es en ese recambio, en sus otras <<coordenadas>> donde situamos el presente análisis.
En estas últimas, hemos constatado que el acto de <<evaluar al evaluador>>, por decirlo de este modo, acaba de “trasponer los límites” de la especie de “aserradero medioevalezco” del mero acto frío, ríspido, meramente punitivo y tecnocrático, en que el ansíen régimen confinó el acto de “evaluar”, contemplado, como ya advertimos sólo reduccionistamente en la “reforma fallida” aquí aludida. De ese modo, con el sometimiento de conjunto de las políticas educativas del actual régimen, incluso del “conjunto mayor” de políticas de éste, dicho régimen y sus políticas en especial la educativa y, desde luego, la evaluativa que nos ocupa, fueron <<evaluados>>, y no exactamente por un “grupillo” de “trasnochados” tecnócratas, sino por la gran <<inteligencia nacional>>, en que desde luego también se incluye ese “grupillo”, y esto a pesar de que, en la perspectiva electoral, a que aludimos, éste sea casi “insignificante”, pues su voto “minoritario”, no da ni dio para mucho, por lo que, con esa “insignificancia” a cuestas suyas, no dejó de concurrir y actuar pero a contrario sensu, es decir contestatariamente, en la gesta electoral del pasado 1º de julio, y lo hizo sin ningún tipo contratiempo o de duda, pues en ello les ¡iba la vida!, su “vida burocrática”. Pero ¿qué realmente pasó en esa gesta? Bueno, lo que pasó, ya todo mundo lo sabemos, por lo menos en nuestro querido país quedó muy claro. Dicho “grupillo” fue tsunámicamente “barrido”, “aplastado”, y conjuntamente con la “sarta” de políticas privado-públicas, o más “privadas” que públicas, que encabezó el ancien regimen “peña-nuñista”, fue rotunda y contundentemente “reprobado”. Así, ¡No aprobaron! el crucial examen evaluativo nacional. Fueron, en efecto, en esa situación holística y ecuménicamente reprobados, ¡vaya cosa! Pero ¡aún no les cae el veinte!, y así no terminan de reconocer y acostumbrarse a su nueva y penosa situación, a la de la “helada” banca, a la que tantas veces despreciaron mientras redujeron y “confinaron” a otros, pero ahora esa misma “banca” tan fría y tan helada como sus “intenciones represoras”, se “venga” de ellos, y casi les enfría los “glúteos”, al haber sido reducidos a sólo ridícula y minuscular oposición. Tan “inesperada situación” los dejó más que helados, peripléjicos, los “tomó por asalto”, por lo que, ahora, su condición “cuasi-Zómbica” o “ demasiado enana” ya es inocultable, y por un largo rato “insuperable” y por ello les arroba, les copa, un “gran desconcierto”.
¿Qué les queda?, no otra cosa, que la obtusa miopía y traumática desesperación, pues no ven sino su “barcaza” hundida. Pero dan aun de patadas, ¡patadas de ahogado! por cierto, siendo así todavía “peligrosos” y no dejan de blandir contra sus víctimas su aun consabido “impulso represor”. Así todavía “por aquí y por allá” en el entorno, local o incluso nacional, “buscan” víctimas a quien imponerse, a quienes demostrarles que “aún las pueden” (¡sic!) y que por tanto deben reconocerles la exclusividad del “ser” de su ser tantas veces represores. Así siguen abrigando el “despropósito” tan “fallido” como “inconsciente” de que aún se les siga reconociendo como “acreditados represores” (¡supersic¡), incluso en conpleta perdida de juicio y desfachatez aceptaría incluso un pergamino o un diploma que en completa “locura” los acredite como tales; pero ese desatino no es lo peor, sino el que contumazmente buscan aplicar lo que ya todo mundo, por la misma razón antedicha, considera un “arcaísmo” en bancarrota, más aun, una “pseudo-evaluación” con “falla” o de plano “fallida”, que según la opinión pública nacional ya, desde hace largo rato debería reposar en el “basurero” de los malos recuerdos “anti-nacionales”; es decir, al no superar su traumático “traspiés” electoral, buscan aplicar su veleidosa receta “evaluativa”, sin reparar que el “atraso” que conlleva, en realidad raya en una reacción “estertoria”, ya sostenida sólo por un desfasado recuerdo en desgracia. De ese modo, la “bestia” sufrio, en efecto, una “estocada” electoralmente descomunal, sólo comparable con la peligrosidad de su antigua “garra”, pero, ahora, en medio de su probada inconsciencia no aciertan sino a recurrir a lo que siempre hizo, al “acto represivo en serie”.
En completo extravío los “exámenes evaluativos” no alcanzan a representárselos sino como su “tablita de salvación”, pero en realidad su aplicación abusiva, a “destiempo”, puede trocarse, en términos políticos, en la <<puntilla>> que habría de enterrar el último halito de su no tan imperceptible “impulso fariseo”, neoliberal. Su fachada de “arrogancia desmesurada”, en otro tiempo temible, todavía la “blanden” contra la dignidad de los profesores, y no dejan de “usarla” como coartada, ya demasiado “pestilente” pero sólo sorprenden y asustan a los mentores aun no organizados, aun no dados de alta, en el nuevo espíritu de la renovada democracia magisterial que ya se ve imponente, pujante, orientada bajo un nuevo impulso de cara hacía un <<nuevo horizonte>> de gran acción académica y cultural y por lo mismo <<desalienante>> y <<descosificante>>; es decir <<transformadora>> <<revolucionaria>>. El gremio profesoral ya se alista no para hacer exactamente “ajuste de cuentas” contra una tradición nefasta, anquilosada, claramente regresiva, que por supuesto discrepa con el <<Proyecto de Nación>> encabezado por AMLO. Sino para hacer algo más trascendental y más crucial, desactivar el cochambre de la “mediocridad” y de las “actitudes aventureras” inconscientes que tanto daño han hecho al nobilísimo espíritu del <<Magisterio Democrático Nacional>>. El <<Nuevo Espíritu Propositivo del Magisterio Democrático>> ni más ni menos es próximamente uno de los <<Pilares>> de la Cuarta Transformación anunciada por AMLO.
¿Cuáles son los ejes centrales de la nueva propuesta?: