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OPINIÓN

La arrogancia desmesurada de una evaluación educativa

El 26 de febrero del2013 fue publicada en el diario oficial de la federación la llamada reforma educ

Samuel Tovar Ruiz

Catedrático de la Maestría en Ciencias Políticas de la BUAP.  Autor de los libros: Hume: el Fundamento del Estado y Derecho Moderno, Epistemología de las Ciencias Sociales y Políticas

Domingo, Octubre 21, 2018

De la “arrogancia desmesurada” de una arcaica y perniciosa “evaluación educativa”, a una propuesta educativa de nuevo cuño que dignifique y viabilice la Gran Transformación Democrática del Magisterio Nacional.

El 26 de febrero del2013 fue publicada en el diario oficial de la federación la llamada reforma educativa de Peña-Nuño, que incluyó cambios sustantivos a los arts., 3º y 73 constitucionales con el propósito de “dotar” al sistema educativo nacional de los elementos que impulsaran su mejoramiento y fortalecieran la equidad.  Se estableció la responsabilidad del estado de garantizar la calidad de la enseñanza pública obligatoria, del servicio profesional docente, el sistema nacional de evaluación educativa y la conformación del instituto Nacional para la evaluación de la educación (INEE), este último como máxima autoridad en la materia. También abrió pauta para la promulgación de las leyes generales del servicio profesional docente y del instituto nacional para la evaluación  de la educación, así como a reformas de la ley general de educación (Véase periódico la jornada del viernes 12 de 2018, sección política pág. 16)  Respecto a esta reforma ya MORENA presentó iniciativa para reformar los arts. 3º y el 73 constitucionales que dan sustento a la Reforma Nuño/Peña. Han argumentado que la viabilidad de la iniciativa se sustenta en que la llamada reforma educativa en realidad sólo es la fachada de una “anfíbica” y mal intencionada estrategia represiva en contra de los trabajadores del magisterio nacional, particularmente de su ala disidente, o su parte más anti-sistémica o contraria al llamado “educacionismo” convencional tecnocrático.

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Ahora bien, tal “reforma”, ya, ha sido, en efecto, develada  por la crítica nacional como un intento sólo “cosmético”, cuya pretensión no ha sido otra que “embellecer” la política “represora” del todavía actual régimen Peñanietista, que en su apresurado paso por legitimar muchas de sus “políticas fallidas”, entre ellas, la educativa, ha pasado de largo, en ella, aspectos esenciales del acto evaluativo.  Es decir, cuestiones cualitativas absolutamente gravitantes sobre esa materia, parecieran sus tecnócratas aún los “más trasnochados” no dominarlas (¡sic!), o lo que es peor “desconocerlas”.  Por ejemplo, valgámonos de un simple símil para clarificar más este punto.  Como se sabe en la teoría epistémica y pedagógica contemporáneas, un observador no sólo es observador sino lo es en cuanto igualmente es observado, por lo cual no dejan de concurrir ambos caracteres, ya, en su propia observación, en su mismísima actividad de observar.  Así, en esa, su, “situación”, el binomio observador/observado queda ya inserto, incluso sin que se lo proponga el primero. Tal inserción, por supuesto, no sólo es metódica, sino obedece a una ineluctable <<lógica interna>> del acto mismo de observar. Y, si no sé es un “supino” irremediable o un contumaz empedernido, no hay modo de negar esto que es inherente al <<acto de observar>> mismo, como aquí constatamos.   Ahora si rápidamente giramos nuestra “manija topológica”  y nos volvemos al específico <<acto de evaluar>>, en esencia ocurre otro tanto, dirían los físicos, ocurre otra especie de  <<quantum>>. Así,  advertimos que, de igual modo, el evaluador en cuanto evalúa no es sino evaluado, por lo que ambos caracteres son concurrentes igualmente en el mismo <<acto de la evaluación>>. Pero esto como hemos visto no ha sido explícito ni consciente en quienes “confeccionaron” o “pretenden” poner en práctica  la “evaluación educativa” mencionada.  Igualmente se ve que han inadvertido, o que les pasó de “noche”, el que, en el México recientísimo, la evaluación sobre el evaluador, sin desmerecer, con igual rigor, seriedad y gravedad de juicio,  se explicitó de otra forma, en la <<vía electoral>>. De ese modo, la <<otra evaluación>> que en los evaluadores convencionales se echa de menos, fue verificada, incluso con más rigor y contundencia.  Así es en ese recambio, en sus otras <<coordenadas>>  donde situamos el presente análisis. 

 En estas últimas, hemos constatado que el acto de <<evaluar al evaluador>>, por decirlo de este modo, acaba de “trasponer los límites” de la especie de “aserradero medioevalezco” del mero acto frío, ríspido, meramente punitivo y tecnocrático, en que el ansíen régimen confinó el acto de “evaluar”, contemplado, como ya advertimos sólo reduccionistamente en la “reforma fallida” aquí aludida.  De ese modo, con el sometimiento de conjunto  de las políticas educativas del actual régimen, incluso  del “conjunto mayor” de políticas de éste, dicho régimen y sus políticas en especial la educativa y, desde luego, la evaluativa que nos ocupa, fueron <<evaluados>>, y no exactamente por un “grupillo” de “trasnochados” tecnócratas, sino por la gran <<inteligencia nacional>>, en que desde luego también se incluye ese “grupillo”, y esto a pesar de que,  en la perspectiva electoral, a que aludimos, éste sea casi “insignificante”, pues su voto “minoritario”, no da ni dio para mucho, por lo que, con esa “insignificancia” a cuestas suyas, no dejó de concurrir y actuar pero a contrario sensu, es decir contestatariamente, en la gesta electoral del pasado 1º de julio, y lo hizo sin ningún tipo contratiempo o de duda, pues en ello les ¡iba la vida!, su “vida burocrática”.  Pero ¿qué realmente pasó en esa gesta?  Bueno, lo que pasó, ya todo mundo lo sabemos, por lo menos en nuestro querido país quedó muy claro.  Dicho “grupillo” fue tsunámicamente “barrido”, “aplastado”, y conjuntamente con la “sarta” de políticas privado-públicas, o más “privadas” que públicas, que encabezó el ancien regimen “peña-nuñista”, fue rotunda y contundentemente “reprobado”. Así, ¡No aprobaron! el crucial examen evaluativo nacional.  Fueron, en efecto, en esa situación holística y ecuménicamente reprobados, ¡vaya cosa!   Pero ¡aún no les cae el veinte!, y así no terminan de reconocer y acostumbrarse a su nueva y penosa situación, a la de la “helada” banca, a la que tantas veces despreciaron mientras redujeron y  “confinaron” a otros, pero ahora esa misma “banca” tan fría y tan helada como sus “intenciones represoras”,  se “venga” de ellos, y casi les enfría los “glúteos”, al haber sido reducidos a sólo ridícula y minuscular oposición. Tan “inesperada situación” los dejó más que helados, peripléjicos, los “tomó por asalto”, por lo que, ahora, su condición “cuasi-Zómbica” o “ demasiado enana” ya es inocultable, y por un largo rato  “insuperable” y por ello les arroba, les copa, un “gran desconcierto”.

 ¿Qué les queda?, no otra cosa, que la obtusa miopía y traumática desesperación, pues no ven sino su “barcaza” hundida.  Pero dan aun de patadas, ¡patadas de ahogado! por cierto, siendo así todavía “peligrosos” y no dejan de blandir contra sus víctimas su aun consabido “impulso represor”.   Así todavía “por aquí y por allá” en el entorno, local o incluso nacional, “buscan” víctimas a quien imponerse, a quienes demostrarles que “aún las pueden” (¡sic!) y que por tanto deben reconocerles la exclusividad del “ser” de su ser tantas veces represores.  Así siguen abrigando el “despropósito” tan “fallido” como “inconsciente” de que aún se les siga reconociendo como “acreditados represores” (¡supersic¡), incluso en conpleta perdida de juicio y desfachatez aceptaría incluso un pergamino o un diploma que en completa “locura” los acredite como tales; pero ese desatino no es lo peor, sino el que  contumazmente buscan aplicar lo que ya todo mundo, por la misma razón antedicha, considera un “arcaísmo” en bancarrota, más aun, una “pseudo-evaluación” con “falla” o de plano “fallida”, que según la opinión pública nacional ya, desde hace largo rato debería reposar en el “basurero” de los malos recuerdos “anti-nacionales”; es decir, al no superar su traumático “traspiés” electoral,  buscan aplicar su veleidosa receta “evaluativa”, sin reparar que el “atraso” que conlleva, en realidad raya en una reacción “estertoria”, ya sostenida sólo por un desfasado recuerdo en desgracia.  De ese modo, la “bestia” sufrio, en efecto, una “estocada” electoralmente  descomunal, sólo comparable con la peligrosidad de su antigua “garra”, pero, ahora,  en medio de su probada inconsciencia no aciertan sino a recurrir a lo que siempre hizo, al “acto represivo en serie”.

 En completo extravío los “exámenes evaluativos” no alcanzan a representárselos sino como su “tablita de salvación”, pero en realidad su aplicación abusiva, a “destiempo”, puede trocarse, en términos políticos, en la <<puntilla>> que habría de enterrar el último halito de su no tan imperceptible “impulso fariseo”, neoliberal.  Su fachada de “arrogancia desmesurada”, en otro tiempo temible, todavía la “blanden” contra la dignidad de los profesores, y no dejan de “usarla” como coartada, ya demasiado “pestilente” pero sólo sorprenden y asustan a los mentores aun no organizados, aun no dados de alta, en el nuevo espíritu de la renovada democracia magisterial que ya se ve imponente, pujante, orientada bajo un nuevo impulso de cara hacía un <<nuevo horizonte>> de gran acción académica y cultural y por lo mismo <<desalienante>> y <<descosificante>>; es decir <<transformadora>> <<revolucionaria>>.  El gremio profesoral ya se alista no para hacer exactamente “ajuste de cuentas” contra una tradición nefasta, anquilosada, claramente regresiva, que por supuesto discrepa con el <<Proyecto de Nación>> encabezado por AMLO.  Sino para hacer algo más trascendental y más crucial, desactivar el cochambre de la “mediocridad” y de las “actitudes aventureras” inconscientes que tanto daño han hecho al nobilísimo espíritu del <<Magisterio Democrático Nacional>>.  El <<Nuevo Espíritu Propositivo del Magisterio Democrático>> ni más ni menos es próximamente uno de los <<Pilares>> de la Cuarta Transformación anunciada por AMLO.

¿Cuáles son los ejes centrales de la nueva propuesta?:

  • Hacer de la educación un acto esencialmente humanista, en que se enseña, aprendiendo del mismo educando.  El profesor en cuanto es profesor, o por serlo, se vuelve alumno, tanto como éste profesor de su profesor.  El profesor así tanto más enseña, cuanto más se torna y asume en la situación del alumno; pero también éste más aprende cuanto más se asume en la situación de su profesor. Ambos, alumnos y profesores, en el proceso de enseñanza-aprendizaje, se tornan además de sujetos de máxima comprensión y propuesta educativa, en actores de máxima solidaridad y disponibilidad de colaboración para perfeccionar el acto académico y así mismos.  Esta armonía de sistemática y progresiva colaboración, resultado de un máximo esfuerzo y de la necesidad o complejo de circunstancias en que los actores del acto educativo se encuentran social he históricamente insertos, induce “universos culturales y académicos” nuevos, que no idealizan el mundo, sino sólo para transformarlo.  Son su sueño real. Y el acto educativo o su condensación y propuesta de posibilidades diversas su gran herramienta
  • Hacer de la educación un acto en que se resuelve conocimiento sólo a partir del  conocimiento de un tema o temas socialmente propuestos.  No se sabe sobre éste o estos, nada de antemano sino lo que apenas es punto de partida para arribar a un conocimiento esencialmente cooperativo, socialmente producido; es decir, reconociendo esa su condición originaria y por tanto su posibilidad de hacerse a partir de esa su propia complejidad o gama de haces en que se sustenta, el conocimiento no detona la facultad socialmente reflexiva sino para hacerse  nuevo. Se trata de un conocimiento que sólo tiene fronteras en las propias capacidades de hacerse en cada uno, por lo que  los actores del proceso educativo, reconocen como limitada toda puntual satisfacción cognitiva.  De ese modo lanzan un <<reto al contrario>> casi en todo tema, y así no dejan uno solo sin discutir o sin advertir la necesidad de su perfección.  El lente critico de cada uno conduce a máximos desarrollos  pero también a posibilidades insospechadas de propuestas sociales por ensayar.  Su cristalización final, más allá del laboratorio, por ejemplo como política pública o social, depende por supuesto del arribo convencional de consensos claramente sustentados.
  • Se hace del conocimiento un acto de dignidad no sólo científica sino social en cuanto supera los impases de un problema o conjunto de estos.  Por lo que de acuerdo a este reto se pone a prueba no sólo el esfuerzo de un componente sino del conjunto de componentes de un grupo.  El grupo no deja de particularizarse en sus componentes pero cada uno no deja de generalizarse o socializarse en su grupo. De ese modo, el grupo no queda borrado por sus componentes, pero también estos, al desarrollar el conocimiento son dignificados y reconocidos por el grupo, que así crece con el crecimiento de cada uno de sus componentes.  Entre grupo y componentes se desarrolla una dialéctica de sumo interés.  El primero funciona como supuesto para la creación individual, mientras los segundos, al desarrollarse jalan al grupo, y se vuelven paradigmáticos y claramente trascendentes. Pueden de ese modo no sólo jalar a su respectivo grupo sino a otros, casi sin límite. Pueden tornarse incluso especies de infinitez creadora.  Y por lo mismo merecedores de gran dignidad social y cultural.
  • Las “distinciones morales” que se adquieren en la actividad educativa que, aquí se propone, dejan de ser sólo títulos o pergaminos que “adornan” la sala de una morada particular, y más bien se tornan particularmente actuantes, plásticos, incluso histriónicos.  De ese modo, abandonan su naturaleza tradicionalmente “pasiva”, sólo formalmente exterior, y más bien al <<configurar>> interiormente al sujeto, son igualmente no representativas sino consubstanciales  de la excelencia social y cultural que ya les es inherente, por lo que, incluso en sus actos mínimos, no dejan de actuarlas, tornándolas además excelencia en su actuación.  El saber entonces no se anuncia, como si fuera simple “fetiche de vitrina”, o una especie de “abandono abstracto” en que bestialmente quedaría sustituido el sujeto que contrapone, por el contrario, siendo sujeto mismo lo que habría que evaluar sería una multidimensión y por lo mismo diversidad de aristas suyas, siendo todas igualmente importantes, sin que quede soslayada alguna.  Así arribamos al sujeto educativo nousico o tetradimensional.  Frente a éste una evaluación unilateral, sesgada, además de vetusta, es por completo inconsciente y de altísimo calibre irracional.  Sólo un “zombie en serie”  podría si acaso no estuviera programado de antemano “ensayarla” en completo despíste.  La reforma sonambúlica de peña nuño es de ese cuño, de ese perfil malogrado, fallido. Es un intento ya claramente “fallido” por sorprender al cerebro nacional. Pero este, al parecer, ya se repuso y bajo la específica y preferente forma del mentor nacional sigue adelante, nadie lo detiene y su propuesta es una Cuarta Transformación verdadera, sólo anclada como extraordinario acto educativo nacional.         
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