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OPINIÓN

Creación, creativos y creatividad en la Cuarta Transformación

Una valoración de El poder de la cultura. Vida creativa.

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Jueves, Septiembre 27, 2018

El último apartado de El Poder de la cultura amloista, planteado en los Ejes y líneas de trabajo, se titula Vida creativa. A él nos abocaremos en este texto.

El planteamiento inicial del apartado no deja duda de su propósito: “Para fomentar el desarrollo artístico, la profesionalización y la investigación, debemos transformar los modelos de estudios culturales y artísticos”. A primera vista, luce bien: estudiar más y mejor al arte y la cultura nacionales debe conducirnos a una mayor y más abundante vida creativa.

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Este planteamiento se desarrolla en cuatro rubros: 1. Enseñanza del arte: “Integrar la iniciación artística en el currículo escolar de educación básica y media superior”; 2. Investigación y profesionalización en arte, estudios de la cultura, promoción y gestión cultural: “Se fortalecerá la investigación y los estudios culturales. El trabajo independiente de las academias, centros y escuelas provenientes de la sociedad civil organizada, será debidamente reconocido. Se utilizarán recursos digitales que permitan ampliar el aprendizaje y la divulgación”; 3. Enfoque comunitario: “En coordinación con las universidades, se promoverá un programa de servicio social. Se articulará un programa de formación de promotores culturales, docentes y talleristas de todas las disciplinas artísticas y alfabetización para la intervención comunitaria”: 4. Museos vivos: “Impulsaremos un programa de exposiciones itinerantes en México y el mundo. A través de una Red Nacional de Museos, diseñaremos modelos de regulación, ejecución, planeación, seguimiento y evaluación de las acciones. Recuperaremos la vocación formativa del museo”. Una vez más, el asunto luce sensato; sin embargo, cuando se reflexiona sobre los rubros, estos se desdoran y traslucen el cobre de lo propuesto.

Son notorios en el planteamiento fraustiano: dos grandes ejes, tres tareas y un pilón, a saber: Grandes ejes: arte y cultura; Tareas: 1. La enseñanza de las artes (al menos de sus rudimentos); 2. La profesionalización del estudio de sus componentes (arte, cultura y promoción y gestión), y 3. La anidación en la comunidad de los esfuerzos de los dos rubros anteriores. El Pilón: Revitalización formativa de los museos nacionales.

Lo más ostentoso del planteamiento, sin duda, son los Grandes ejes. Sin arte y sin cultura, la dependencia gubernamental de Alejandra no tendría razón de existir. En anteriores entregas de esta serie he abordado algunos aspectos de estos dos ejes, pero la importancia que tienen en este último apartado de El poder, obligan a una reflexión más sustanciosa y puntual.

Es evidente que arte y cultura no son lo mismo, pero, sin duda, se corresponden. Son como un embarazo, tienen un órgano placentario que los conecta vitalmente, pero niño y madre son entes autónomos; y, asombrosamente, uno contiene al otro sin que ninguno pierda su esencia y libertad. Para el caso, el arte sería el niño y la cultura la madre. Y al igual que en la vida, ambos permanecen estrechamente unidos únicamente durante el periodo de la gestación, momento cuando el niño/arte se nutre de la cultura/madre en sus esencias, materiales, técnicas, movimientos artísticos y artistas destacados. Este periodo dura poco, porque después del parto creador, niño y madre se separan para de ahí en adelante ser ellos mismos en libertad, sin por ello perder la vinculación, retroalimentada por los gestos, sonrisas y mimos de viejas enseñanzas artísticas o nuevas tendencias culturales.

A la luz de esta reflexión, parecería bien encaminada la propuesta de Alejandra Frausto de retomar –donde ya no se ejerza-, la Primera tarea, a saber: la educación artística elemental para los escolapios; pero, para ejecutar este deseo Alejandrino es necesario que en los recintos escolares se amplíen las horas/clase y, por ende, la permanencia en las  aulas de alumnos y profesores, mismos que dedicarían el tiempo extra a la educación artística y cultura. Pero, siendo francos, debemos aceptar que, vista así, la cosa se antoja rocambolesca, porque, hasta donde sabemos, autoridades educativas y padres de familia están menos preocupados por el conocimiento de sus hijos en arte y cultura, que por el dramático índice de aprendizaje de las matemáticas (66% está en el mínimo de comprensión. INEE)  y el paupérrimo nivel de la  lectoescritura de los educandos (34% entienden pero no comprenden. INEE). Y como botón de muestra, el Estado de Tlaxcala, asiento venidero de la Secretaría de Cultura federal, menciona lo siguiente en la Evaluación especifica de desempeño del Programa de Escuelas de Tiempo Completo en el 2016:

Como se muestra en la figura 2, en la relación entre el gasto que hace en materia de educación (Producto Interno Bruto (PIB) per cápita) y los puntajes obtenidos en las pruebas PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes), México se encuentra por debajo de la línea de tenencia; en otras palabras, el país no gasta de manera eficiente (…) Si bien, el examen de PISA se dirige a estudiantes de educación secundaria, los resultados (insatisfactorios) también se deben a que los estudiantes adquieren en la primaria las bases educativas para los niveles subsecuentes. En consecuencia, los bajos puntajes obtenidos en las pruebas estandarizadas PISA, reflejan que el país tiene baja calidad desde el nivel de educación primaria. Entre las causas de la baja calidad se identifican las  siguientes: Deficiencias en los procesos de elección de maestros; Falta de autonomía presupuestal de las escuelas, y, Falta de autonomía organizacional de las escuelas.

Pero no seamos pesimistas anticipados y demos por hecho que el espíritu de la Cuarta Transformación inyectará ánimo desmedido a los corazones de los Sentes y los Centes, a tal grado, que los maestros/maestras dedicarán gustosos el mentado tiempo y esfuerzo extraordinarios para cumplir el deseo de Alejandra y Andrés Manuel de formar una niñez y juventud más artística y culta.

Dicho lo cual, vayamos a las tareas Segunda (profesionalización) y Tercera (enfoque comunitario).

Profesionalizar cualquier actividad humana es, sin duda, sano y juicioso. Saber antes de hacer, es mejor que ignorar y aprender sobre la marcha. Y el saber solo tiene dos métodos: el autodidacta y el escolar estructurado. Hay defensores y detractores de ambos, pero, en términos generales, existe menos aceptación del autodidacta en las ciencias exactas, que aquel que incursiona por los saberes humanísticos. Por ello, en el país han existido literatos casi ingenieros: como Jorge Ibargüengoitia y poetas casi abogados: como Octavio Paz o casi médicos: como Jaime Sabines. En contraste, los hay quienes no estudiaron formalmente en alguna institución superior, como Juan Rulfo o Juan José Arreola.

Ahora bien, en el caso del arte: ¿no siendo el saber anticipado de su oficio el componente principal de su quehacer, a qué se debe el éxito de estos personajes? A unas cuantas variables, de las que destacan: el talento, la oportunidad, la  disciplina y el deseo. Así, proveniente del Éter y sin que nadie pueda explicar cómo, la creación se consuma en objetos y sujetos artísticos, para gloria y asombro de tirios y troyanos.

El caso de la cultura es distinto, se forma de componentes tangibles e intangibles que conocen y reconocen como propios los pueblos que los originan, pero que, desprendidos de su creador, se transforman en comunales. Nadie como Manuel Machado para explicarlo: “Hasta que el pueblo las canta/ las coplas, coplas no son/ y cuando las canta el pueblo/ ya nadie sabe el autor”.

Pues bien, a mi entender, estos componentes –talento, disciplina, deseo, cultura tangible e intangible-, son los que Alejandra Frausto pretende que se estudien e investiguen exhaustivamente para conocer sus secretos y, tal vez, reproducirlos de forma sistemática. En cuanto a la Cultura, podría no ir tan desencaminada, pero, en cuanto al Arte, yerra de palmo a palmo si supone que el talento es un chip transmisible o injertable; pero, bueno, como aseguré líneas arriba, es mejor saber que ignorar y, tal vez, los estudios a profundidad sobre el arte y la cultura produzcan algo más que empleos temporales o becas del CONACYT. Lo cierto, en este mundo feliz huxleyano que plantea Alejandra Frausto, es que los resultados de estos estudios: reflexiones, tesis y ensayos, abrirán una oportunidad de alfabetización para la intervención en la cultura, sin importar lo que esta frase quiera significar o signifique.

Pasemos ahora al Pilón: los Museos vivos.

México es un país de museos, pues existen, a decir de la Secretaria de Cultura, mil ciento y pico en todo el país (el dato es más que sorprendente ya que estadios de futbol existen alrededor de cien, entre grandes, mediados y chicos). O sea que, materia prima hay más que suficiente para el programa fraustiano. Sin embargo, el diagnóstico que ella tiene sobre la actividad de los museos es errado, porque ya existen, desde la fundación del INAH, programas de exposiciones artísticas y culturales, tanto en el país como en el extranjero. Este botón de 2013 lo demuestra, (pero los hay de 2016 y 2017 si se requiere):

México destaca en el extranjero a través de su arte y su cultura. Siete magnas exposiciones están abiertas en Copenhague, Dinamarca; Wellington, Nueva Zelanda; Sao Paulo, Brasil; Bali, Indonesia; París, Francia, así como Texas y California, en Estados Unidos; dos más cerraron con gran éxito en Biarritz, Francia y Londres, Inglaterra Las exposiciones exhiben obras de Diego Rivera, Frida Kahlo, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, Alfredo Zalce y Gabriel Figueroa, así como de creadores de arte contemporáneo como Gabriel Orozco, José Antonio Macotela o Teresa Margoles En siete semanas, la muestra Frida Kahlo-Una vida en el arte, que se exhibe en el Museo Arken de Copenhague, Dinamarca, ha recibido más de 60 mil visitas (Secretaría de Cultura).

También desde hace más de 25 años existe el Sistema de Información Cultural de México, que contiene, entre otros datos, la información nacional de sus museos (e infinidad de variables culturales más):

El Sistema de Información Cultural existe desde los años 1990, su cobertura es nacional y también tiene excelentes perspectivas de establecer un programa permanente de cooperación e intercambio internacional. (CONACULTA, hoy, Secretaría de Cultura).

Asimismo, los museos mexicanos no han perdido su vocación formativa –no sé cómo Alejandra llegó a la conclusión contraria-, pues de hacerlo dejarían de existir y, como puede constatarse en lo informado por el INEGI, están más vivos que nunca:

Durante 2017, los mil 156 museos que existen en el país registraron una afluencia de 75.1 millones de visitantes, lo que equivale a aproximadamente 65% de la población total mexicana.

Como hemos visto a lo largo de este texto, la Vida creativa en México demanda, nuevas ideas, sí –que bien podrían venir de las reflexiones y deseos de Alejandra Frausto y sus futuros colaboradores-, pero requiere, también, de una atemperada y sensata aceptación de que en el universo nacional de creación, creativos y creatividad artística y cultural mexicana, no todo lo existente y actuante necesita de nuevos proyectos y programas, sino, más bien, de renovada pujanza, sensatez y cordura para enriquecerlos.

De tal suerte que, ahora que armen el proyecto cultural real y definitivo del gobierno de la Cuarta Transformación, agradeceríamos, como una señal de buena voluntad y mejor comprensión del papel que jugarán en ello, que sus lineamientos, rubros y proyectos sean claros, realizables y humanamente posibles para nuestra realidad patria.

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