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OPINIÓN

Sobre la controversia

AMLO vs “Financierismo” Neoliberal y Peñanietista.

Samuel Tovar Ruiz

Catedrático de la Maestría en Ciencias Políticas de la BUAP.  Autor de los libros: Hume: el Fundamento del Estado y Derecho Moderno, Epistemología de las Ciencias Sociales y Políticas

Miércoles, Septiembre 19, 2018

Sólo quien se ha beneficiado de los pasados y recientes “sobreendeudamientos” a costo del erario público nacional; de los “bajísimos salarios” traducibles en ganancias descomunales sostenidas a favor de minorías con ingresos y patrimonios insultantes; de las “sangrías desastrosas” que como la “reforma energética” o el IPAB atan financieramente por más de 35 o más años no sólo a la generación presente de mexicanos sino las generaciones que están por venir; de la “escalada inflacionaria” actual que merman el de por sí “castigado” ingreso de las familias mexicanas; de los “gasolinazos” y del “huachicol” que tras bambalinas “hartan” los bolsillos de determinados delincuentes de cuello blanco, es decir de “sujetos con poder” que los financian y organizan para defraudar y hurtar el recurso nacional (petróleo y gas natural) que pertenece a todos; de los jugosos salarios, privilegios financieros y demás compensaciones todos a cargo del erario público y a favor de “castas burocráticas” reacias a renunciar a su privilegio que consideran como “algo natural”, etc.,  pueden  volver la cara a la actual situación “ruinosa” de la economía nacional y afirmar que les parece un paraíso.

 Pero quien no sólo ve sino sufre el “lastre” de la pobreza o la pobreza extrema, de la “marginación” de servicios elementales como salud, educación, canasta básica, inseguridad sobre todo social, etc.; la esclavitud “financiera” derivada de los excesivos sobreendeudamientos, deuda externa, IPAB, que injustamente atan de por vida sobre todo a las mayoría de mexicanos que quedan supeditados a pagar intereses de “deudas injustas” que “jamás” consintieron, del pago de impuestos sin “retorno” ante la sangría “agravada” por el gabinete económico simplón y complaciente de las políticas claramente erráticas de Peña Nieto, quien ve esto, no puede ver sino una catástrofe, una situación de tragedia nacional, donde los Peñanieto y cía., sólo ven oportunidades de hacer “jugosos negocios” personales.  He aquí la diferencia entre el juicio de AMLO y el desequilibrado del Srio. de Hacienda (José Antonio González Anaya).  El primero ve y se coloca en la realidad y circunstancias de millones de mexicanos y por esa razón puede observar (como el Angelous Nouvo de Benjamin)  lo “descomunal” de la tragedia que para los millones de mexicanos representa el “estado ruinoso” en que Peña Nieto deja la economía nacional.  El segundo no sólo no se coloca, sino está impedido, privado,  de hacerlo, en su situación actual de “ego-burócrata”, pues su actual “jerarquía burocrática” solo le permite hablar con gentes como Peña Nieto; es decir, con “gentes” de cuello blanco, que cuando ven a las otras gentes, a las  mayoritarias (al pueblo mexicano) si no “arriscan” la nariz,  le “sacan la vuelta” o como dice la expresión popular la “mosquean”.  Tal actitud y condición, desde luego, les impide ver la “tragedia” de esas mayorías, y sobre todo que sea efecto directo de los manejos “erráticos” o “dolosos”, sólo “financieristas”, de la economía nacional, sujeta, con semejantes “subjetivismos”,  sobre todo a “sangrías financieras” de todo tipo.

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De ese modo la visión “financierista” (permanente saqueo y traslado del producto y riqueza nacional con destino a la cartera de “firmas usureras” nacionales e internacionales, por cada peso que se produce en México, por lo menos el 75% tiene ese destino, así la “tragedia nacional”, los “finacieristas” ya la traen inscrita, como consigna, en su frente y por eso no la ven, sólo la actúan como los robots) mira como antinatural (¡sic!) la posición de AMLO, mientras ven como familiar, como muy “natural”, la posición no solo financierista sino pro-esclavizante del Pueblo mexicano. Así la posición de Peña Nieto y su secuaz de Hacienda  hacen “intervenir” al estado (¡supersic!) para financiar y subsidiar a las firmas no sólo nacionales sino, lo que es peor, a las internacionales.  Mientras, en el periodo neoliberal, “retiraron” o “negaron” cualquier subsidio y ayuda a las mayorías nacionales.  Más aún, se declararon y se declaran en contra de esta política a la que incluso tildan o descalifican de “populista”. Lo “absurdo” de tal posición reside en que no sólo “utilizan” el esfuerzo productivo nacional para “subsidiar” firmas nacionales y extranjeras, sino que se declaran en contra de las políticas que subsidian las necesidades populares.  Se declaran en contra de la intervención del estado en la economía, pero no tienen reparo en hacerlo intervenir para, eso sí, “subsidiar” esas firmas. Como se advierte la posición del “finacierismo” es poco seria, sólo es una “política” de conveniencia, unilateral, que se impone a otra.  Hoy les asusta que el nuevo régimen sea proclive a la asistencia social popular.  Lo cual no es imposible si AMLO genera un esquema no sólo redistributivo sino productivo de cara a la nación, es decir si democratiza ambos niveles del acto creativo nacional.  Todo eso conlleva a que incluso las firmas nacionales se beneficien y desde luego la emergencia de más actores podría generar círculos virtuosos que no se han visto por ahora.         

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