Una de las nociones que el capitalismo en su versión neoliberal repite a través de sus emisarios, es el de la meritocracia, entendida como un sistema de ascensión social basado en el mérito. Esto es, las posiciones sociales ponderadas son conquistadas con base al merecimiento, en virtud, del talento, educación, competencia o aptitud específica para un determinado puesto.
Es decir, la meritocracia según los poderosos es una ideología que defiende la idea de que si uno se esfuerza lo suficiente, va a conseguir las mismas cosas que los demás, independientemente de su condición económica, clase social y red de relaciones. Estamos ante una de las mayores falsedades que nos ha vendido el capitalismo neoliberal. Los capitalistas afirman cínicamente, que los hijos de los pobres tienen las mismas oportunidades que los hijos de los ricos para escoger su profesión y tener éxito. Es sólo esforzarse mucho, dicen. Pero, en realidad, la ideología de la meritocracia esconde, por detrás de una aparente y aceptable ética del merecimiento, una perversa justificación de la opresión y la desigualdad.
Más artículos del autor
Solo hay que decir que el éxito no lo determina el mérito, sino son otras las circunstancias que intervienen como la familia donde uno nace, la riqueza, la educación recibida, las amistades y relaciones interpersonales las que van a determinar en gran parte por el origen social del individuo, su fortuna, y su poder. En este sentido, la evidente ineptitud de muchos de los que están arriba, muestra que el mérito tiene poco que ver con su posición social en que se encuentren. Son sus conexiones y redes de intereses, su poder económico, sus enlaces y maniobras lo que les permite trepar al éxito social. Otra de las falacias más utilizadas por el capitalismo en nuestro tiempo es el del emprendimiento. Durante años hemos soportado campañas continuas y cansadas que tratan de convencernos que todos debemos ser emprendedores. De que debemos tener iniciativa individual, crear nuestra propia empresa, ascender en la escala social, ser ricos a cualquier precio.
Así se lanzan slogans como “La crisis es el mejor momento para emprender”; “Si no encuentras empleo, conviértete en emprendedor”; “Capitaliza el desempleo y conviértete en emprendedor de éxito”. Todas estas sandeces llevan tiempo escuchándose con insistencia, sin ningún tipo de recato moral. Destacan en la promoción de esta farsa, voceros de medios de comunicación, políticos, empresas, universidades etc., todos estos emisarios del corrupto sistema que prevalece en México, son verdaderos extremistas del mensaje de la ideología del emprendedurismo. Donde prevalece como uno de sus objetivos disolver los lazos entre ciudadanía política, responsabilidad ética y colectividad, el sistema pretende y lo ha ido alcanzando de manera gradual, un modelo de emprendedor joven, triunfante e insolidario. Se quiere que los emprendedores sean consumistas, egoístas y partidarios a la adulación y el éxito individual. Se busca potenciar un emprendedor atrevido, competitivo y egoísta. Capaz de pasar por encima de todo y de todos, con el único interés de lograr su fin de triunfar. Rechaza la acción colectiva, y no le interesa en absoluto el bien común. No hay que perder de vista que ambas concepciones están hoy bien encumbradas en los mensajes de las universidades, donde se repite que en el presente lo importante es formar emprendedores y no profesionistas comprometidos socialmente con su país.