A partir del 1 de julio por la noche, cuando los candidatos presidenciales José Antonio Meade y Ricardo Anaya reconocieron el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, varios sentimientos afloraron en el ánimo nacional. El primero, la sorpresa del reconocimiento, algo inusitado desde el tiempo de Ernesto Zedillo. Segundo, el alivio y el gozo mezclados al constatar que “sí lo dejaron ganar”. El tercero, la esperanza que habría nuevos aires, acaso mejores. Y, finalmente, la incertidumbre sobre las formas y maneras que se instrumentarían para lograr lo prometido.
Entonces recordé la secuencia de escenas de la película Los Diez Mandamientos (1956, Cecil B. DeMille), protagonizada por Charlton Heston, cuando inicia el Éxodo de los judíos, todo alegría y esperanza, para tiempo después enfrentarse a la realidad de su infinito vagar por el desierto sin arribar a la Tierra Prometida, porque el plan de los judíos no era suyo, sino de su Dios, mismo que les fue comunicado durante su peregrinar. Años les tomó a los judíos (40 según la Biblia) entender que mientras no hicieran suyo el plan de Yahvé, este no se concretaría. Mi abuela me lo explicó en forma más sencilla y didáctica: “Con un plan, hasta los tontos triunfan; sin un plan, hasta los listos fracasan”. O sea, el quid es el plan… que todos los demás hagamos nuestro; y, para que ello suceda, primero, debemos conocerlo. Por ello mi interés en señalar la indefinición e impresión del proyecto cultural del nuevo gobierno, a tan solo 120 días de su inicio.
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Queda claro, hoy día, que no conocemos el proyecto cultural del nuevo gobierno. A menos que Alejandra Fraustro y Andrés Manuel López Obrador consideren “plan” tanto al documento El Poder de la Cultura, como a las tres páginas del Proyecto de Nación 2018-2024, denominadas Cultura Comunitaria. Quiero suponer que no es así y que habrá un verdadero plan, en algún momento. O si no lo hay, que nos informarán cuál será el mecanismo con el que se creará dicho proyecto: ¿consulta popular? ¿Mesas de trabajo ciudadanas? Etcétera. Pero hoy solo tenemos los dos textos arriba mencionados para, a partir de ellos, inferir lo que culturalmente vendrá en los próximos años.
Primero, atenderemos El Poder de la Cultura de Fraustro y, después, la Cultura Comunitaria de AMLO.
El Poder, cuenta con tres apartados generales: 1) Nuestros Principios; 2) Ejes y líneas de trabajo; 3) Temas prioritarios. De estos grandes apartados el de mayor contenido es el segundo, con siete sub apartados; Temas prioritarios, cuenta con cinco, mientras que sus Principios son cuatro. En esta reflexión abordaré los Principios.
El Poder, señala cuatro principios –en el sentido de postulados-, que regirán la actuación cultural de la nueva Secretaria de Cultura: 1) La cultura, un derecho humano; 2) Cultura incluyente; 3) Derechos de las audiencias y a la creación (sic); 4) Vinculación comunitaria. Como todos los principios, estos son: categóricos, amplios e intemporales. Su propósito es provocar empatía, destacar su prospectiva moral y afirmar el compromiso del enunciante con los destinatarios que honrará los principios de forma indefectible.
Dos de estos principios, derecho a la cultura y derecho a las audiencias y la creación, son tan solo una afirmación de Fraustro de que cumplirá lo mandado por la fracción V del Artículo 3° (el Estado alentará el fortalecimiento y difusión de nuestra cultura), el Artículo 4° de la Constitución mexicana, en su párrafo noveno y el Artículo 2° en sus primeros seis incisos. Los artículos en cuestión dicen; el 4°:
Toda persona tiene derecho al acceso a la cultura y al disfrute de los bienes y servicios que presta el Estado en la materia, así como el ejercicio de sus derechos culturales. El Estado promoverá los medios para la difusión y desarrollo de la cultura, atendiendo a la diversidad cultural en todas sus manifestaciones y expresiones con pleno respeto a la libertad creativa. La ley establecerá los mecanismos para el acceso y participación a cualquier manifestación cultural.
Y el 2°:
La Ley (General de Cultura y Derechos Culturales) tiene por objeto:
I. Reconocer los derechos culturales de las personas que habitan el territorio de los Estados Unidos Mexicanos; II. Establecer los mecanismos de acceso y participación de las personas y comunidades a las manifestaciones culturales; III. Promover y respetar la continuidad y el conocimiento de la cultura del país en todas sus manifestaciones y expresiones; IV. Garantizar el disfrute de los bienes y servicios que presta el Estado en materia cultural; V. Promover, respetar, proteger y asegurar el ejercicio de los derechos culturales; VI. Establecer las bases de coordinación entre la Federación, las entidades federativas, los municipios y alcaldías de la Ciudad de México en materia de política cultural.
Recordemos que las modificaciones constitucionales culturales se hicieron durante el mandato de Enrique Peña Nieto, es decir, que hasta este momento del análisis de El Poder de la Cultura, Alejandra está siendo más Enriquista que Enrique.
El tercero de sus principios, cultura incluyente, también se encuentra contemplado en el mismo párrafo noveno del Artículo 4° constitucional, si bien Alejandra le da un leve giro al puntualizar que: “Una de nuestras (sus) prioridades será el acceso a personas con discapacidad. (Y) Nuestras (sus) convocatorias serán publicadas en lenguas indígenas mexicanas”. El adendum de Fraustro al texto constitucional, es puntualizar su marcado interés en atender a las personas discapacitadas (mexicanas, preferentemente, pero no exclusivamente) y su compromiso expreso de que todos los hablantes indígenas podrán enterarse de las convocatorias culturales en su propio idioma… pero, nada más.
El cuarto de los Principios fraustrianos, refiere la vinculación comunitaria. Este es el más difuso e impreciso de los enunciados. Postula: Ampliar el alcance de las diferentes áreas y programas del sector cultural, involucrando a la comunidad artística de cada región.
Creo entender que la vinculación comunitaria busca unir (vinculatio significa atar, en el sentido de unión), a una comunidad artística regional dada, mediante su involucramiento en una ampliación de los servicios y programas culturales que ofrecerá la Secretaria del ramo a partir del 1 de enero del 2019. Es decir, que los artistas y artesanos (espero) se beneficiarán de los recursos monetarios, estructurales y organizacionales que tendrá la Secretaría del ramo, para algo que aún está por definirse; que lo mismo podría ser la difusión de su arte, el registro de su manifestación artística, la preservación de las técnicas y saberes de su oficio, el apoyo para la comercialización de sus productos, etcétera, etcétera. O sea, todo eso y más… o tal vez menos, dependiendo del artista y su arte.
Como se ve, los Principios de El Poder no están ni bien ni mal, sino todo lo contrario, pues tan solo postulan lo ya existente en la Constitución mexicana, a cuyo cumplimiento estamos obligados todos y más aún los funcionarios gubernamentales. Lo cual nos regresa al inicio de este texto, si hemos de participar de la Cuarta Transformación Nacional en materia cultural, lo primordial es que cada uno de nosotros la hagamos nuestra mediante el conocimiento puntual de sus derroteros y alcances; si no ¿cómo?
Bien decía mi abuela, el plan es lo primordial.