Desde fechas recientes, bastantes compañeros me han asaltado con una pregunta al parecer bastante insistente, en el sentido de si MORENA es o no partido, o sólo es un movimiento. Tal pregunta hasta cierto punto es justificada, incluso un poco conmocionante si tomamos en cuenta que no hace mucho el mismo MORENA tan sólo era un partido de los llamados “chicos” con escasa participación en la composición del congreso federal y no se diga en el local; empero, a partir del primero de julio, la duda asaltó a todos y ya con gran fuerza se tradujo en la pregunta ¿qué es MORENA?
Tal pregunta, cuando tal “expresión política” era in nuce, pequeñita, en términos de representación formal ante los órganos institucionales, no se hacía y mucho menos con tanta insistencia. Pero después del Tsunami: López Obradorista, la pregunta cobró de nuevo gran fuerza. Y en efecto la gente se pregunta qué es “MORENA”. La respuesta parece, sin embargo harto obvia, pero no lo es tanto. Algunos responden es un movimiento no es aún un partido. Otros es un partido, formalmente lo es. Otros se quedan en la indefinición, sin dar una respuesta concreta. Pero tal respuesta en efecto existe, pues MORENA no viene de la nada y tampoco ni mucho menos se dirige allí, a la nada.
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Entonces qué es MORENA, bueno tal entidad no puede ser sino un partido, pero no sólo un partido político, sino esencialmente después del 1º de julio es un partido de masas. Tal cosa es un hecho absolutamente extraordinario, pues si bien por el lado de la forma, indiscutiblemente, es un partido político; por el lado del contenido social, igualmente lo es pero, de <<masas>>. Esta cualidad, este atributo, es lo que desde el 1º de julio tomó por asalto a todos, a propios y extraños, incluso si nos apuramos un poco, tomó por asalto a la misma dirigencia nacional, no se diga la local. Creemos que sin embargo no es el caso de su dirigente nacional nato. Pues éste con toda conciencia ya articuló una política en el sentido de las masas MORENA, y y estas respondieron a ese llamado: masificaron las urnas.
MORENA no sólo formalmente, conforme a la ley, es un partido, esto es, es una institución de interés público, que cumple esenciales funciones de mediación y representación políticas dentro del contexto del sistema de partidos de nuestro país, sino sociológicamente es igualmente un partido, es decir lingüísticamente es un participio que sin personalizar algo, alude a ese algo, a un cuerpo social, por ejemplo, cuyas partes vistas de ese modo como participio no son sino un partido; es decir, ese mismo cuerpo social visto como partido, que al ser muchos son cada uno de ellos intrínseca y extrínsecamente un partido.
Sexológicamente la sociedad humana de ese modo se divide en dos partidos, el de las mujeres y el de los hombres, incluso el de los niños o el de los viejos. Deportivamente un juego determinado se conoce como partido en cada una de sus exhibiciones, por ejemplo en el fut bol, entre nosotros, el partido de las chivas y américa, o a la misma cascarita de la calle o el barrio decimos que es un partido. Políticamente la cosa es más clara, fue la sociedad inglesa la que por primera vez en la época moderna, desde sus albores, se dividió en partidos: el de los “Whigs” (Partido de los liberales) y el de los “Tories” (partido de los conservadores); ya en plena efervescencia de la revolución francesa durante el siglo XVIII, pero todavía previo a 1789, la asamblea nacional registró tres partidos: el de la nobleza, el aristócrata y el estado llano: futuro partido burgués. Luego un poco más tarde, ya en pena revolución, la composición devino en solo dos partidos: los girondinos (compuesto por hombres citadinos, urbanos, de trato moderado) y los jacobinos (los montañeses, hombres del campo, revolucionarios, rebeldes).
Equipados con este arsenal histórico, más muchos más datos que sobre el particular abundan, la respuesta a sí MORENA es o no partido, salta a la vista. Indudablemente lo es, pero se trata de un <<partido político de masas>>. Y he ahí el origen de la actual perplejidad. La actual dirigencia “no está acostumbrada” a semejante partido, sus costumbres fueron adquiridas de partidos sólo formales, “pequeñitos” unos, otros de “membrete”, en realidad igualmente pequeñitos, pero “marrulleros”, es decir, siendo “pequeñuelos”, de tamaño en realidad chico, se las ingeniaban para aparecer formalmente “grandotes”. Esto, lo del tamaño y lo de las trampas simuladoras, ahora nos queda muy claro, con los hechos del fraude en Puebla, en contra del senador Barbosa. Lo que queda a los dirigentes de MORENA es un aprendizaje un poco largo, pero, por otra parte, también urgente. Pues ya no se puede seguir “delegando” responsabilidades de dirección a “gentes sin experiencia” en esa clase de partidos de grandes masas, o con costumbres extrañas, demasiado “neoliberales”, que dejan a los militantes de Morena muy “sacados de honda”.
Si MORENA no quiere caer en “prácticas distorsionantes” de dirigentes que vienen de “partidos chiquítos”, urge que sus dirigentes den un informe `pormenorizado de sus responsabilidades en el reciente proceso electoral, más aun, que convoquen a un <<gran Congreso>> del partido de masas en que actualmente está convertido MORENA, para que se replantee la nueva estrategia de dirección nacional, regional y local, de acuerdo a su nueva naturaleza y carácter. No se debe olvidar que de nuevo los <<retos>> de MORENA se reducen a dos aspectos básicos: la representación política y la mediación social no menos política. MORENA se encuentra como una especie de <<péndulo>> entre la necesidad de construir un verdadero <<Estado Democrático>> en México y la necesidad de mediar las necesidades de una sociedad civil altamente compleja y diversificada, como lo es la de los mexicanos en su relación interna y con el mundo exterior. Luego entonces, requiere de dirigentes mucho menos “aldeanos” o de “escasa” visión política, y sí mucho más universales y de gran estrategia política, y además verdaderamente representativos, con amplia capacidad de convocatoria. MORENA actualmente está convertida en una camiseta muy grande y cualquiera que traiga “costumbres depravadas” o extrañas de los partidos “chicos” o de los “tramposos” está absolutamente fuera de lugar. Urge un <<Nuevo Gran Congreso Nacional>> para esa redefinición. Se trata de estar a tono con las enseñanzas de un nuevo movimiento social capaz de proezas como al del 1º de julio.