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OPINIÓN

Cultura y política

Las tesis de Herder en la perspectiva del MORENA. Cultura como proceso de humanización.

Samuel Tovar Ruiz

Catedrático de la Maestría en Ciencias Políticas de la BUAP.  Autor de los libros: Hume: el Fundamento del Estado y Derecho Moderno, Epistemología de las Ciencias Sociales y Políticas

Viernes, Junio 1, 2018

Tratar como problema el binomio Cultura-Política, implica no sólo plantear como preocupación el determinar cada uno de estos términos, sino además un tercero consistente en la articulación de ambos.  Este último a propósito de un escenario electoral conlleva a un cuarto, consistente en saber ¿qué sea esa articulación en ese escenario específico? De modo harto breve podríamos decir que la cultura simplemente la asumimos con Herder, como <<ascenso a la humanidad>>; pero al mismo tiempo advertimos en ella dos aspectos, uno subjetivo y otro objetivo. El primero esencialmente es formativo en el sentido de que la cultura coincide con la enseñanza y el aprendizaje de una persona subjetivamente considerada. Pero, de este modo, la cultura, a su vez, es resultado y proceso.  En el primer sentido, es formación concreta de una persona vía enseñanza y aprendizaje de específicos conocimientos, capacidades, dominios, habilidades, hábitos,  etc., cuyos contenidos están en correspondencia con las realizaciones objetivas en que se cifra un determinado desarrollo civilizatorio de una sociedad históricamente determinada. Como proceso no es sino ese mismo acervo presentado como serie de ingredientes que en distintas etapas surgen y poco a poco configuran el complejo de prácticas, valores e instituciones de una relación social, o lo que genéricamente se llama <<civilización>> cuya significación es al propio tiempo significante  del entorno que es inmediato al sujeto de la enseñanza y el aprendizaje cultural, por lo que, con tales ingredientes, durante toda su línea de tiempo de vida, el actor o sujeto de cultura no hace sino interactuar, precisamente, en diversos aquí y ahora y que como actor de enseñanza y aprendizaje le son especialmente concretos.  

Con esto llegamos al sentido objetivo de la cultura, que aquí sólo reiteramos como un conjunto de realizaciones objetivas pertenecientes a una civilización en su esfuerzo por dominar la naturaleza que le es inmediata y por extensión dominarse a sí misma. En ese sentido, como aquí se advierte, ambos aspectos de cultura, el subjetivo y el objetivo, coinciden. El primero es esencialmente formación cultural, sólo que  subjetiva; mientras el segundo, es lo mismo sólo que aquí se trata de una formación de la sociedad vista en su conjunto, en que estarían empeñados los esfuerzos de toda una comunidad que se produce y reproduce justo como cultura. Tales contenidos, vistos en el contexto de un sistema educativo, no son sino los mismos contenidos en su sentido objetivo, sólo que tramitados como currículum de la misma enseñanza-aprendizaje, o agujetas, estas últimas,  con que se teje la cultura en el sentido subjetivo aquí avizorado. Ahora bien, en uno y otro caso, lo que está en juego no es sino lo señalado por Herder a propósito de la cultura: un fundamental <<ascenso a la humanidad>>. Tal es la Cultura.

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Ahora bien, como sujeto de enseñanza y aprendizaje por serle concretos, a su vez les recrea; es decir, no solo les reproduce, sino (ojo) subjetivamente les produce. Pero esta específica producción y reproducción ya es esencialmente humana, cultural, y desde luego, también objetiva. Con ésta, el actor de la cultura, al producir su obra  recrea esencialmente lo social. Aquí la naturaleza inmediata queda superada, por la otra naturaleza, la social, la cultural, mediada por el trámite de una praxis esencialmente humana, como aquí lo hemos advertido. Tal creación no puede hacerse sino elevándose a lo humano, lo que implica reconocerse en este elemento, por tanto, elevarse al punto de vista más general de la especie a que pertenece, y que ahora en su acto cultural simboliza y representa.

Esto mismo, visto en otro giro concuerda absolutamente con la finalidad que en materia estética avizoraba Kant; pero también con toda evidencia concuerda con el específico <<ascenso a lo humano>> que propusiera Herder, concepción que aquí venimos desarrollando, y que no se refiere a otra cosa que a <<superar>> nuestra naturaleza inmediata; es decir, la particularidad que traemos a cuestas o la individualidad individualista conque nos encontramos. Ya, en lo inmediato de nuestra existencia quedamos anclados en ésta, por tanto es un verdadero desatino, o un primitivismo iconoclasta, tránsfuga, que por supuesto nos condena a una actuación solo con sello primitivo, por supuesto, ajena y extraña a la esencia de la especie de la que provenimos. Véase entonces la extraordinaria vigencia de la exigencia paradigmática de Herder, consistente en: <<ascender a lo humano>>.  Adviértase cómo en este baremo de Herder se trasluce claramente la esencia de nuestro ser, pues no es el <<ascenso a lo humano>> sino tanto nuestro esencial principio como nuestro fin.

Como corolario de esto igualmente percíbase aquí y no en otra parte la clave para resolver el problema social actual; en lo verdaderamente humano. Así, en la comprensión está la gran clave, la de la cultura en términos herderianos, ya se transluce lo que no se encuentra en la sola pelleja de la inmediatez nuestra. Como complemento de la exigencia de Herder y de Kant también traemos a cuenta la otra exigencia paradigmática de los clásicos antiguos consistente en que: <<nada de lo humano me es ajeno>>. Tal proclama como aquí fácilmente se infiere es el otro <<Baremo histórico>> de la cultura y de toda política cultural del género humano.     

Respecto a la expresión política, ésta no puede entenderse sino como capacidad organizativa de fuerzas sociales, o construcción de una representación del grueso social, esto es, representación de una comunidad vista no sólo como un todo sino como posibilidad real de poder, y del cual depende la realización o no de alternativas ideales en que se cifra la solución de los problemas que práctica y cotidianamente aquejan a la comunidad en cuestión.

Si la cultura es un enorme manantial en que creativamente se dibuja y reproduce la vida humana, y por eso se asume como <<asenso a la humanidad>>, la política no puede ser sino capacidad organizativa que mientras reconoce y detona esa creatividad como necesidad social suya, es igualmente capaz de proyectarla y difundirla en y desde todas partes para éstas, y por tanto de recrearse otro tanto en ellas. Así mientras la política no es sino cultura, ésta igual no es sino política, pues no es sino el mismo bien que al comunizarse deviene política o bien común.

Así entre cultura y política no puede haber sino un mismo ideal simbiótico como esencial coágulo común entre ellas, y tal ideal no puede ser sino lo señalado de manera muy clara y sencilla por Herder, ascenso humano o  <<ascenso a la humanidad>> (ascenso significa situarse o ponerse en la dirección correcta, para ascender permanente a un nivel civilizatorio superior. De ahí que en esta negación de la naturaleza que nos es inmediata, es ahí donde se construye lo <<humano>> tal y como lo postula Herder). Tal <<ascenso>> al ser un ideal comunitario, esto es, de cada hombre en cuanto se reconoce en cada hombre en cuanto humano, no sólo lo es de  la cultura, sino de la misma política vista como cultura.

Ese es el carácter de una y otra, pues en su hacerse comunidad se hacen otro tanto humanidad, y por tanto así esencialmente ascienden a lo humano una y otra.  La primera reconociendo que la solución de los problemas políticos no consiste sino en resolverlos en su plenitud social, esto es, en la perspectiva de resolverlos de tal manera que no puede ser sino una solución común, un bien común, y por tanto un bien en favor de la especie humana, o por tanto <<ascendiendo>> con ello a la <<humanidad>>, como lo exigía Herder.

La segunda, la cultura, si bien es resultado-proceso, no se concreta sino como autoconciencia. Pero esto significa tener conciencia de la conciencia, o una especie de unidad de lo diverso.  Pues la cultura al ser diversa, no es sino como: arte o más bien lo bello diversificado como arte, pero también como costumbre, tradición, ciencia, técnica, oficio, profesión, folclore, religión, sentido común, etc., empero en ninguno de estos ingredientes se sabe a sí misma sino como elevación a la autoconciencia, lo que significa ni más ni menos asumir el punto de vista más general desde el cual revalorar cada ingrediente precisamente como un ingrediente de cultura. Esta valoración que no es sino una valoración de sí de la cultura, es justamente el <<ascenso a lo humano>> al que se refiere Herder, por lo que esta conciencia en que está presente lo más general del hombre, o el punto de vista de la <<especie>> a la que pertenece, es lo primero del ascenso de ese ascenso humano. Así esta formación cultural es lo primero y lo que frecuentemente se pasa de largo. Este punto de vista es el específico sentido común o sentido comunitario de los hombres donde quiera que se encuentren esencialmente revolucionario porque invita no solo a una formación a secas sino a una <<formación cultural>>, desde la cual se revalora el arte, la ciencia, la técnica, los oficios, las costumbres, las tradiciones, etc., precisamente adquiriendo el sentido específico de  cultura humana.          

Una vez tratadas las tres determinaciones precedentes (cultura, política, articulación de ambas), nos resta la cuarta: política y cultura en el actual escenario electoral. Aquí se sustentas que Morena se ha propuesto primeramente transformarse, esto es salir de la política que sólo “engrilla” (la política como “grilla” no sólo “sujeta” o “aliena”, sino lo hace precisamente porque el “político”  convertido en “grillo”, sufre una especie de “estado de schok” que le fuerza a actuar como alguien ajeno a su especie,  y así más bien se vuelve un “grillete”, muy peligroso que ata, que enajena o incluso coarta la libertad, sobre todo mental y social,  de sus víctimas)  y así encarar su propia transformación, para transformar o coadyuvar con el pueblo de México (aquí Puebla), en su lucha por transformar y emancipar a todo ser humano de las garras y grilletes de la ignorancia, del analfabetismo, del atraso cultural en que por siglos se nos ha tenido sumidos.  Así MORENA reivindica la <<cultura>> como la soñara ese gran sabio del siglo XVIII, como fundamental <<ascenso a la humanidad>>.  Este <<asenso cultural>> esa conciencia de la conciencia está en general por hacerse en todos los rubros de la actividad humana, no solo en el arte, también en la ciencia, en la técnica, en la costumbre, en las tradiciones, en las sensibilidades, etc., etc.  MORENA sueña con que el pueblo de México (aquí Puebla) salga de su “atraso actual”, que no sea ninguneado por nadie, ni de afuera ni de adentro. Busca que el pueblo de México por fin rompa con el pasado de servilismo y atraso, y por tanto postula que sólo a través de la cultura como <<ascenso a la humanidad>>  será posible una sociedad justa, humana, igualitaria verdaderamente libre, en la que se erradique todo signo de esclavitud, sumisión y oprobio.  

Morena y sus candidatos aspiran a esa otra política, distinta de la que nos tienen acostumbrados los “cretinos” de la actual política cultural alienante en Puebla.  Morena, AMLO, Barbosa, Claudia, y todos los candidatos que luchan por su proyecto y colores, pretenden dar el gran salto en el sentido de una política cultural que emancipe, que libere y detone la creatividad de cada poblano, especialmente de niños y jóvenes.  Se plantea poner en práctica políticas públicas de la cultura y la educación que dignifiquen la condición de los seres humanos.  Donde quiera que haya grupos de seres humanos allí tiene que llegar la política cultural, MORENA se propone desarrollar la cultura en todas las partes de nuestra entidad federativa, en todos los rincones, pues donde quiera que haya un ser humano la política cultural que se propone MORENA tiene algo fundamental que hacer: primero reconocer que toda persona es un ser humano, luego en este desarrollar como irrenunciable derecho suyo su <<ascenso a la humanidad>>. Tal es la <<cultura del cambio>> o el <<cambio en la cultura>>. Tal es el reto de la política cultural ¡MORENA VA!, <<humanizar de la manera más digna a poblanos y poblanas, para que estos se reconozcan de modo irrenunciable en un nivel de dignidad y civilización superiores>>.  Ya en PUEBLA 18, se oye casi en un solo grito, en una sola garganta, MORENA ¡VA!, AMLO ¡VA!, BARBOSA ¡VA!, CLAUDIA ¡VA!, O MÁS CLARAMENTE: SEIS DE SEIS ¡VA!,  POR TANTO ¡AHORA O NUNCA! REIVINDIQUEMOS NUESTRO DERECHO A LA VERDADERA CULTURA HUMANA  EN PUEBLA ¡VA!

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