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OPINIÓN

Campaña de letargo para la gubernatura poblana

Los votantes ratificarán la continuidad de las políticas actuales o votarán por el cambio

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Jueves, Mayo 10, 2018

Las elecciones para gobernador en Puebla solo se pueden ver de dos maneras: continuidad de las políticas gubernamentales o cambio de las mismas, lo que significa ratificación o alternancia en el poder estatal. No hay medias tintas ni matices. Los votantes ratificaran la continuidad de las políticas actuales o bien votaran por el cambio del partido en el poder.

Considerando las últimas encuestas, un 60% de las preferencias electorales, se encuentran repartidas entre dos candidatos pretendidamente adversarios al actual grupo en el poder: Luis Miguel Barbosa Huerta y Enrique Doger Guerrero.

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En el otro extremo, quieren al PAN en la gubernatura cuando menos el 35% del electorado.

Los dos candidatos que representan a la oposición, sin embargo, pelean denodadamente por asegurar el segundo sitio. Ambos desde su lugar se han enfrascado en una campaña de descalificaciones. Para su mala fortuna, la rispidez de sus desencuentros verbales hace las veces de muro de protección para que la candidata del Frente por Puebla tome un puerto seguro y cómodo de fuga hacia Casa Puebla.

La estrategia del golpeteo entre segundo y tercer lugar puede llegar a ser infructuosa, de aventura política que costaría a la mayoría de los votantes poblanos la posibilidad de construir una nueva gobernabilidad.

Por la virulencia de los ataques priva en el imaginario social la idea de un pacto soterrado para desgastar al candidato de Morena.

Dicha percepción se robustece con la estrategia implementada por la vocería de la candidata panista, quienes se subieron al carro propagandístico haciendo segunda voz.

De esta apreciación tampoco se salva el candidato de Morena. No hace lo que debe hacer como candidato opositor: poner permanentemente en jaque mediático al grupo que se ha mantenido en el poder. En vez de ello se trenzó en dimes y diretes personales que no aportan nada al elector. Los señalamientos (la falta de explicación pública sobre la poca consistencia entre sus ingresos, bienes y gastos suntuosos) lo hace ver como si fuera él quien ejerciera el gobierno estatal y no sus adversarios azules. Lo que asombra es su actitud omisa, indolente, hasta indiferente ante sus verdaderos adversarios azules.

Siendo incisivos diríamos desde el mirador democrático, que los mensajes de los candidatos contrarios a la continuidad solo han desviado la atención del cumplimiento de uno de los prerrequisitos de la democracia: el elector para decidir debe tener la mayor cantidad de información, esta debe ser de calidad y de origen diverso. ¿Han aportado nuevos, más y suficientes datos respecto de la evaluación de los resultados de gobierno? No la han hecho a pesar de ser políticos experimentados.

En el caso del priista su participación ha representado retos extraordinarios. Sin lugar a dudas es un candidato fuerte con posibilidades de crecimiento por surgir de un contexto adverso; su partido definió muy tarde; enfrenta la terrible debilidad de una organización política que se auto marginó de la esfera pública estatal desde hace ocho años; la campaña presidencial de su partido no le ayuda; sus verdaderos adversarios son la sombra local de una candidatura presidencial fuerte y el éxodo de los priistas continúa imparable.

Con todo, el ex funcionario federal resulta representar un liderazgo fresco, fuerte, con potencialidades para disputar en serio la gubernatura de Puebla, a condición de erigirse en la voz que someta a revisión los resultados y alcances del periodo largo de la actual elite política. Es incluso el imperativo de liderazgos democráticos, de otro modo la omisión respecto al balance final de resultados de gobierno resulta costosa porque deteriora el tejido social, mina la función institucional y desacredita la resolución pacífica de conflictos.

El equívoco borrón y cuenta nueva, el dominio del mercadeo sobre el mensaje y la crítica pública, la publicidad del slogan hueco y solapador de irresponsabilidades públicas no construye gobernabilidad ni ambientes sanos de competencia política. El deber ser de una candidatura de oposición es con la cosa pública, con el interés público.

En la diáspora, la rispidez de Luis Miguel Barbosa Huerta lo acerca más a una promesa que a una efectiva alternativa. Es un secreto a voces: no hace campaña. El mensaje es de pereza. No confronta lo que tiene que confrontar, tampoco cuestiona, menos valora públicamente los alcances y déficits democráticos y de justicia. Tampoco en sus propuestas incorpora como eje de su plataforma política una efectiva rendición de cuentas. El tema de la seguridad pública nada más no pinta. Si su candidatura al gobierno de Puebla se circunscribió para servir de cuña y obligar a la elite política actual a romper la posibilidad de un pacto con José Antonio Meade Kuribreña, los alcances de dicha acción son difusos, etéreos y nocivos para cubrir el déficit democrático poblano.

A pesar de ello e incluso a contracorriente de la estrategia soporífera en que se convirtió la campaña por la gubernatura, hay al  menos una posibilidad de que el voto opositor se re direccione hacia uno de los dos candidatos que juegan del lado de la no continuidad.

En situaciones de hartazgo social aplica el voto anti. Aquel que convierte elecciones en mecánica plebiscitaria que de facto deja dos opciones, dos candidatos. No ocurre siempre, únicamente cuando la crispación social es extendida.

Las actuales elecciones estatales se encuentran rodeadas de un contexto complicado, difícil, plagado de variables de todo tipo, de control político ilusorio, que podrían meter mucho ruido, incluso a la intención de nuestros actores políticos locales para garantizar resultados tersos, a modo, de conveniencia para todos ellos.

La perspectiva del ex rector es hacer atractiva su oferta para direccionar en un solo sentido al votante y esto solo será posible si y solo si el enjuiciamiento valorador de los déficits gubernamentales es claro, contundente, categórico, preciso.

Los candidatos se deben a sus electores antes que a los compromisos facciosos. De otro modo la  tendencia por la alternancia puede dar lugar en territorio poblano a un mayor deterioro institucional y social.

gnares301@hotmail.com

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