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OPINIÓN

Elecciones para gobernador en Puebla

La danza de los membretes. Los cálculos del Frente en Puebla pueden ser riesgosos y aparentes.

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Jueves, Marzo 29, 2018

Vista la confrontación alcanzada en la precampaña entre Martha Erika Alonso Hidalgo, ex Secretaria General del Comité Directivo Estatal del Partido Acción Nacional, Enrique Doger Guerrero, candidato del PRI, y Luis Miguel Barbosa Huerta, postulado por Morena, el PT y Encuentro Social, no es dudoso afirmar que de alguno de los tres saldrá el próximo gobernador. El resto, Alejandro Romero Carreto, candidato del PANAL y Michel Chaín Carrillo, del Verde Ecologista de México son comparsas. No harán campaña o bien acabarán declinando por alguno de los dos punteros. Venderán su participación marginal aun sin la anuencia de sus dirigentes nacionales.

El ex rector de la BUAP, abanderado del PRI, Enrique Doger Guerrero, compite apoyado desde el centro, al igual que su adversario de Morena, Barbosa Huerta. Ambos saltaron a la oposición gracias a sus respectivos candidatos presidenciales. Apenas hace dos años mantenían relaciones más que diplomáticas con la elite gubernamental poblana. En corto tiempo aglutinaron diversos sectores inconformes. Su postulación modifica radicalmente la geometría del sistema político poblano y encarece de modo extraordinario la posibilidad de victoria de la candidatura de Por Puebla al Frente. Sin regateos, hay que decir que, en su faceta actual como opositores, han contribuido para la recuperación del trance plural perdido. De ganar alguno de los dos, la la profundización democrática debe ser obligada. Incluso, en la hipotética –lo subrayo: hipotética- condición de competidores débiles deberán presentar una oferta de gobierno realmente ambiciosa, superior a la que postule su contraparte. Los muchos déficits que presenta nuestro contexto político son escenario de oportunidad para incrementar competitividad electoral. Dejar perder la ocasión, no ofrecer más, evadir la confrontación, suavizar la crítica y evaluar de modo benevolente la función pública, servirá únicamente para adherirse al séquito de cortesanos.

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El juego electoral en el estado de Puebla es peculiar. A primera vista los cinco candidatos apoyados por 11 partidos (nueve nacionales y dos estatales) reflejan una primera imagen de pluralidad. En un acercamiento más fino, el proceso aparenta ser en extremo, civilizado: partidos que apoyan a una candidata a la gubernatura disputan entre ellos distintos municipios y en otros van coaligados con quienes postulan otro candidato a gobernador. En esa perspectiva el escenario donde todos compiten por todos los puestos locales, todos apoyan a una sola candidatura al ejecutivo estatal aparenta ser indescifrable, enigmática. Hay quien, incluso, califica dicha estrategia de auténtica proeza de competencia electoral democrática.

No es así. En principio, la pléyade de partidos y candidatos se reduce a dos opciones. Un opositor que será el que despunte al final del primer mes de campaña y la candidata panista. Es altamente probable que los votantes del tercer lugar dirijan útilmente su voto hacia el opositor más fuerte.

 La pelea se reduce: continuidad o alternancia. Marta Erika Alonso Hidalgo es apoyada por una sumatoria de siglas, de membretes, que dejaron de representar lo que ha sido hasta hoy, el mayor esbozo de pluralismo político y que derivó en burocracia gubernamental.

El ejercicio coalicionista funcionó en la elección del 2010, desde una postura opositora, otro tanto lo hizo el hartazgo social contra el PRI y otro más la cobertura de Felipe Calderón como presidente de la república. Hoy las condiciones han cambiado. La cruda realidad supera la verosimilitud de cualquier propuesta. Se requiere sagacidad y audacia para reconocer los aspectos deficitarios del entorno poblano y altitud de miras para construir una oferta puntual para los electores.

A pesar de ser urgente delinear horizonte, se otorga mayor relevancia a la estrategia política que a la oferta en sí misma. Se presta mayor atención a los membretes que forman Por Puebla al Frente que a lo que tendría que ser ya el esbozo de una conducta política innovadora para la sociedad.

Visto en otra perspectiva, hay razón. La estrategia política es noticia por ser un adelanto del tenor de la campaña formal que en mucho marcará el desenlace de la competencia.

Llaman la atención los membretes coaligados en la elección apoyando a Marta Erika Alonso Hidalgo y compitiendo cada quien por su lado o en alianza con sus adversarios. En apariencia puede constituir ventajas: otorgar a la candidata a gobernadora más tiempo en radio y televisión; concentrar recursos públicos de 5 siglas partidarias y, además, con el apoyo de sus aliados embozados (PANAL y PVEM) propinar a su adversario golpes mediáticos al declinar sus candidatos a gobernador.

Tal maniobra no necesariamente se traducirá en un mayor número de votantes. Su aparente ventaja mediática disminuye por el impacto que hoy tienen las redes. Por otro lado, los recursos económicos concentrados son irrelevantes ante el potencial ejército de burócratas supeditados al trance electoral. Por último, la declinación de candidaturas débiles no garantiza que sus contados electores no enfoquen su voto a otros candidatos.

El problema de la actual coalición oficial es otro. Saben que su fuerza real, activa, son los candidatos a senadores, diputados federales y locales y presidentes municipales. Sus bases sociales se esfumaron.  Acción Nacional podría salvarse de esta caracterización, sin embargo, para el caso poblano su radiografía es sombría. Al PAN estatal lo forman políticos con experiencia electoral que se convirtieron desde el 2011 en funcionarios públicos. La militancia se encuentra dividida, una parte apoya la campaña de la candidata independiente Margarita Ester Zavala Gómez del Campo y otra a López Obrador.  

El PRD y Movimiento Ciudadano acabaron por desfondarse. Sus principales dirigentes y sus bases sociales se corrieron hacia el candidato presidencial de Morena. En Puebla son esqueleto de un cadáver. La única importancia que tiene son sus siglas: sirven para vender señuelos a políticos caídos en desgracia, sobre todo del PRI, quienes a su vez harán como que compiten y como que apoyan. Aunque simultáneamente tiendan puentes con los emisarios del candidato presidencial puntero.

Los otros dos partidos, Social de Integración y Partido Compromiso por Puebla son auténticos bodrios, en realidad cacha incautos. Sus dirigentes no representan a nadie. Son símiles de partidos cuya curva de utilidad va en descenso. Arrastran escándalos que anclarán hacia abajo. Hoy restan a la principal figura. En tiempos de polarización y de aversión hacia una opción política, cualquier escándalo tiende a magnificarse.

A pesar de la imagen sepulcral de los acompañantes y de su poca utilidad mediática y económica, son el preciado tesoro, por no decir lo único que tiene Por Puebla al Frente para echar el resto en la contienda para la gubernatura.

El único problema es que los supuestos de la estrategia todos contra todos y todos para una candidatura, son equivocados, de alto riesgo. Puede significar una apuesta al vacío, como veremos en la próxima entrega.

gnares301@hotmail.com

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