Dice el dicho popular: “¡Las veredas quitarán!, las costumbres, ¿cuándo…..?” Tal vez para la clase política priísta, nunca. Es así, como de esta manera, con la misma liturgia política y los mismos estilos anacrónicos se eligió, por “dedazo”, al pre candidato del Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República, que no fue otro que José Antonio Meade, quien siempre si fue electo a partir del halago y del aplauso.
La verdad es que la clase política priísta no tiene remedio. Un día después de que Secretario de Relaciones Exteriores se desviviera en elogios y aplausos hacia el aún Secretario de Hacienda, Enrique Peña Nieto, Presidente de México, fue claro al señalar: “No se despisten, el PRI no elige candidato a partir de elogios y aplausos. Entonces… ¿en qué quedamos…?
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Las declaraciones forzadas a los medios del Presidente de México, levantaron una oleada de murmullos y especulaciones en el caldero político nacional. Sus palabras se interpretaron como que Videgaray se había adelantado y que en su acelerón se había llevado por delante a José Antonio Meade, sin embargo, en la praxis política, el primer mandatario, el gran elector -queda claro que fue una designación presidencial-, había lanzado una especie de mentiras, pero que en el pragmatismo político, hablaba con la verdad.
Luego del “destape”, no podía ser de otra manera, aparecieron de su oscuro ostracismo los sectores: CTM, CNOP y CNC, levantando la mano a Meade y en medio de los tradicionales rituales, el vetusto y sempiterno líder obrero, Carlos del Olmo, lo declaraban a José Antonio Meade, el “candidato de la esperanza”. La verdad es que las centrales obrero, campesino y popular, ya no representan a casi nadie y el corporativismo quedó extinguido desde hace algunas décadas. Su presencia en el “destape” obedece a tener presencia para asegurar posiciones políticas, como antaño.
La verborrea, siguió, pero ahora en la sede del Revolucionario Institucional, donde ya se preparaban para el registro de Meade como precandidato, para después ungirlo, de acuerdo con el protocolo priísta, como el candidato del tricolor, no sin antes haber dejado por el camino algunos “cadáveres políticos”, que pudieran jugar las contras a Peña Nieto y a Meade, como una especie de revancha por no haberles hecho “justicia la Revolución”.-
Aquí en Puebla, la unción de José Antonio Meade, fue recibida por el diputado federal Jorge Estefan Chidiac, como un regalo de los dioses. Su cercanía con la familia Meade es conocida por muchos. El también Presidente del CDE del PRI, fue secretario particular de don Dionicio Meade, padre de José Antonio Meade, quien por cierto, recientemente acudió en calidad de testigo a la boda del hijo de Estefan Chidiac.
De allí que no sería sorpresivo que Jorge Estefan Chidiac, pudiera ser el candidato del PRI a la gubernatura del Estado de Puebla para los comicios del 2018, dejando atrás a Enrique Doger Guerrero, Juan Carlos Lastiri y demás pipitilla, que definitivamente no logra prender al electorado.
De esta manera, de aquí para adelante se verán muchos “destapes” para los diferentes cargos de elección popular. La realidad es que algunos abanderados del PRI, podrán ser candidatos, pero difícilmente candidatos ganadores, simplemente por el descrédito en que se ha sumido el Revolucionario Institucional. Los electores ya no creen en los priístas, así de sencillo. SALUCITA DE LA BUENA.
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