Fide, sed cui vide.
Confía, pero fíjate en quien.
Anonimo
Las relaciones humanas son complejas y a veces, hasta insospechadas.
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La confianza considero que no es una cualidad ni una virtud, porque se da cuando menos entre dos personas.
Uno de los actores puede ser confiable, seguro, pero el otro es probable que sea exactamente lo contrario; entonces la confianza existe si se da entre todas las partes o cuando menos dos o muchos actores.
La confianza en una persona no es como la humildad, o la paciencia o la prudencia, que se ejercitan por un solo actor.
La confianza es una actitud que se expresa entre el yo y el nosotros o entre estos y yo.
Confiamos en una persona cuando estamos seguros de que lo que tiene que llevar a cabo, lo hace conforme a la instrucción recibida.
Un ciudadano que lleva a cabo actividad o actividades que no son acordes a los fines que se persiguen o a las instrucciones que se le dieron, por supuesto que no es confiable.
La confianza entonces necesariamente vincula a las personas con base en los resultados requeridos.
Hay desconfianza cuando no se alcanzan por cualquier razón y por cualquier camino los objetivos señalados.
En la vida cotidiana, la confianza o la desconfianza están presentes como la respiración o la alimentación, si no respiras, te mueres; si no te alimentas, pues llegas a tu fin.
Lo importante pues, de este tema, es contestarnos las preguntas siguientes: ¿Cómo formar o encontrar personas confiables? ¿Cómo descubrir personas inconfiables o no merecedoras de confianza?
La confianza como las demás cualidades y virtudes, se entrelazan: un soberbio no puede ser persona confiable; un imprudente no es de fiar, esto es, no es confiable; un acelerado o un impaciente, tampoco es una persona en quien se pueda confiar.
A través de la historia los integrantes del gobierno, en las sociedades esclavistas, en las feudales, en las capitalistas, en las socialistas e incluso en las sociedades primitivas, siempre tuvieron curso la confianza y la desconfianza.
Es más, en la sociedades primitivas en lo seres humanos, cuando aún andaban errantes y todavía no se asentaban en un lugar, los miembros de las tribus, unos eran confiables y otros no merecían respeto ni atención por parte de los jefes de las tribus y a la inversa.
En las sociedades modernas la ley ayuda a este género de comportamiento, la confianza pero no garantiza que la confianza exista, como parece ha sucedido en las recientes elecciones de Estados Unidos.
Y bueno, para qué les cito las últimas elecciones de gobernadores y demás autoridades efectuadas recientemente. No fueron elecciones confiables, se violó la ley y se violaron las normas no escritas de respeto mutuo de organizaciones y ciudadanos, por más que los que engañaron traten con gran descaro de afirmar que son instituciones confiables, que son dignos de confianza, que no adulteraron la voluntad de los electores.
Es más, yo afirmo que las últimas elecciones que ha habido de los papas de la Iglesia católica han sido confiables, pero las que se llevaron a cabo durante varios siglos por allá de fines de la edad Media eran tramposas y desleales.
Si queremos encontrar la confianza, en el comercio por ejemplo, entre empleados y patrones, es notoria la ausencia de ese comportamiento.
Es común que en un comercio, que en una fábrica, los empleados sean poco confiables porque se roban las materias primas o los bienes producidos, como también algunos patrones son poco confiables porque no pagan lo justo a sus trabajadores o les hacen contratos para evadir las leyes o el seguro social.
En este renglón del comercio por la competencia y el aseguramiento de las ventas de bienes y servicios también se practican métodos poco confiables. Se incurre en actividades de dar “gato por liebre” o “atole con el dedo”.
En los ejércitos lo que rige es la disciplina pero se cimenta en el factor confianza, si un militar de alta jerarquía no es confiable, no se le otorgan responsabilidades más importantes que implican lealtad absoluta.
En el ejército se da la confianza y la desconfianza, la disciplina y la indisciplina, la lealtad y la deslealtad.
En el clero, para ascender del rango de presbítero a obispo es indispensable haber acreditado confianza, lealtad y obediencia, aparte de pobreza y castidad. Si un clérigo no es casto ni pobre, lo lógico es que sea desleal y que sea poco confiable y por lo tanto no es digno de ascenso en la jerarquía eclesiástica.
Algunos obispos también son desleales, son poco confiables, no son humildes, ni pacientes, ni prudentes. Claro, también son seres humanos, no santos. Lo mismo pasa en el otro clero, en el de las otras religiones.
La confianza es muy difícil, incluso entre las parejas.
Desde otro ángulo, la confianza incluye confidencias, que a la postre terminan en no serlo.
La infidelidad es hermanita de la desconfianza y estas son enemigas de la confianza.
Finalizo afirmando que la confianza siempre debe ser un encuentro compartido o recíproco. La confianza exige generosidad recíproca y también transparencia.
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