Cada día que la humanidad aparentemente avanza en materia educativa, existe una tendencia por el ser autodidacta y no depender de nadie en el ámbito de la enseñanza, esto debido al colapso y/o carencia de muchos sistemas educativos tradicionales, detonando que el estudiante aprenda por su propia cuenta a través de tutoriales en youtube, Khan Academy y otras plataformas virtuales.
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Sin embargo, una consecuencia preocupante en este sentido, es la ausencia de los padres en el acompañamiento educativo de sus hijos, solamente sirviendo como rescatistas, ya que confían a ciegas que los dispositivos harán su trabajo, pero jamás un video “formará” al niño, tal vez le proporcione conocimientos académicos útiles pero jamás le darán un criterio y forma de mirar al mundo como lo es el rol de padre.
Hay una frase popular que se ha viralizado en muchas conversaciones entre padres de familia, “la mejor niñera para entretener a un niño, es una tableta”, y en gran parte, para bien o para mal, tienen mucha razón, lo preocupante es la irresponsabilidad con la que el niño sin supervisión pasa horas en el aparato, jugando, aprendiendo, “matando tiempo”; tiempo en el que los padres no quieren ser molestados.
Ante este panorama, ha surgido una palabra muy característica para describir a los padres sobreprotectores de los nuevos niños de la generación Z, “padres helicópteros”, los cuales sobre-estimulan la autodependencia de sus hijos, muchas veces inconscientes del aislamiento de una buena relación padre-hijo, disfrazada con brindarle materialmente todo lo que el niño necesita para que tenga una infancia placentera y sin ningún signo de estrés o crisis que afrontar, ejemplos como las múltiples actividades extracurriculares a las que son inscritos, así como el sinfín de artefactos y ropa específica que el niño desea. Muchas veces, el hecho de que tengan todo a la mano, los convierte poco a poco en personas caprichudas que creen que merecen todo, y que con el paso del tiempo son objetos de bullying, mismo que genera frustraciones y crisis emocionales a los niños, siendo tan graves, que cuando los padres lo detectan o son avisados, ya es demasiado tarde y solo llegan a rescatar lo rescatable de la situación de su hijo. Por eso, bien descrita la conducta del padre helicóptero, porque primero cree rescatar a su hijo de todo daño al brindarle todo, y segundo, al no atender su labor humana de acompañamiento, normalmente tiende a estar rescatando los problemas sociales y de valores que su hijo tiene a causa de la dejadez del padre, y preferir “educar” a la forma ligth, sin formarlo.
Hoy los padres helicópteros abundan, y sobre vuelan frecuentemente en los ambientes escolares y extracurriculares, sin darse cuenta de los ciudadanos que están deformando para el país, pintando un vida llena de rosas y ofreciéndoles un mundo lleno de retos que afrontar, retos que son incapaces de sobrellevar.
La idea tampoco es ser crueles y llenarlos de realidades fatalistas de la sociedad, pero sí dejarles en ocasiones topar con pared y aprender de la escuela de la vida, no siempre darles todo, “ni tanto que queme al santo ni tanto que lo alumbre”, solo así, estamos brindando al mundo ciudadanos concientes de las realidades y capaces de superar todo reto que les depare.
Bien decía un maestro al que aprecio mucho, “tenemos que usar la educación como pretexto para formar nuevas y mejores personas”.
¿Conoces algún padre helicóptero? ¡Denúncialo!
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