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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La paciencia: los mesurados y los locos

La paciencia, virtud necesaria para enfrentar la adversidad y los tiempos aciagos

José Alarcón Hernández

Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.

Lunes, Julio 10, 2017

En la vida cotidiana, ordinaria, como en el trabajo y en las actividades trascendentes, es fácil reconocer el proceder de las personas.

Por sus palabras, por sus actitudes, por sus gestos, incluso por su mirada y el saludo, es perceptible detectar y advertir con precisión el carácter de una persona.

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El carácter es indispensable para el desempeño de muchas actividades, de un gran número de encomiendas. Hay personas a las cuales les invade el temor, otras la aceleración y otras más la mesura.

Los cargos pues, deben ser para las personas y no las personas para los cargos, esto es, no cualquier persona puede desempeñar el cargo que se le ocurra o la actividad que se le antoje.

Para cada persona siempre existe su propia encomienda.

Un cargo de venta de bienes y servicios no se le puede encomendar a un dictador, a un impaciente, a un loco.

Una responsabilidad para dirigir a un grupo, en la empresa, en el ejército, en la iglesia, siempre requiere del consenso que conlleva la virtud de la paciencia y la mesura.

La paciencia, no equivale a decir la tolerancia extrema, como tampoco la intolerancia significa falta de razonamiento.

La paciencia es de las virtudes que se adquieren por ejercicio de otros elementos como la razón y la voluntad, que necesariamente exigen el ejercicio a través del tiempo, desde que se nace hasta el último día.

Hay que aprender a ser paciente frente a los múltiples momentos difíciles y violentos que a veces se tienen.

Violencia con violencia, no se llevan, violencia no lleva a la paciencia, prudencia y paciencia son hermanitas para resolver conflictos y para lograr resultados.

Cuando hay paciencia y hay conflicto, es indispensable saber esperar para hacer uso de la razón, e incluso valorar los intereses de los demás y así lograr los resultados que se pretenden.

Sin paciencia los conflictos se agravan y estos conducen frecuentemente a desastres o a resultados indeseables.

Aprender a ser paciente no se logra con leer un libro o escuchar consejos referentes, es necesario ejercitarse en esa virtud.

El buen médico, el buen profesional, no logra coronar sus objetivos si no se ejercita, si no aprende y comprende cómo tiene que proceder.

Lo mismo ocurre con la persona que poseedora de una potestad o responsabilidad de conducción de grupos no se ejercita en ese camino, si no aprende, no comprende y no da resultados.

En la aviación, para ser un piloto eficiente, seguro, confiable, es indispensable ejercitarse en esa profesión. Esto ilustra claramente la necesidad de preparar en la virtud de la paciencia a las personas que deben tener como condición esa virtud para ejercer cargos.

Los gobernantes no pueden ser impacientes ante los diversos problemas, porque lo más seguro es que actúen como locos, en vez de proceder con gran prudencia y así demostrar que merecen el cargo y que son buenos gobernantes.

Los altos mandos del ejército, de las fuerzas armadas también tienen que ser prudentes. El hecho de que posean armas no determina que las usen en cualquier momento y circunstancia, porque entonces caen en el ámbito de los violentos y de los locos, porque no se ejercitaron en la paciencia y en la prudencia.

Paciencia no quiere decir que siempre hay que ser tolerantes, esto es, dejar pasar todas las cosas. Eso no es tolerancia ni paciencia.

“El paciente pide valor para cambiar lo que se pueda cambiar, serenidad para aceptar lo que no se pueda cambiar, y sabiduría para conocer la diferencia.”

El hombre que se ejercita en la paciencia, requiere serenidad y dominio de sí mismo. Para esto es indispensable conocerse, por dentro y por fuera.

Conocerse significa, analizarse, autoevaluarse para saberse paciente, violento o loco.

Los psicólogos y los psiquiatras, siempre tienen necesidad de estudiar la conducta de las personas, para poder definir sus flaquezas y sus aciertos.

Carlos Díaz, escribió en su libro “La virtud de la Paciencia” que: “La paciencia y el sufrimiento son madre de la honra y padre del aumento, afirma el refrán. El impaciente, por el contrario aparece como aquel que no puede o no sabe, o no quiere soportar ni sufrir, de ahí que un buen antídoto frente al padecimiento exacerbado sea la tranquilidad, ese saber esperar tiempos mejores en que el sufrir decrezca, ese poder aguantar lo que se soporta peor, ese tener calma en medio del agobio y serenidad en la tormenta, ese en tiempo de crisis no hacer mudanza, conforme a la recomendación de Ignacio de Loyola.”

“Mientras las vidas breves de los personajes se suceden, los grandes libros de la humanidad enseñan frecuentemente la paciencia, virtud que permite afrontar las adversidades y soportar el mal sin dejarse destruir, sin venirse abajo, sin desfondamiento, haciendo posible de este modo la lucha contra la tristeza y la desesperación del alma. Si la fortaleza es la virtud que arrostra peligros, la paciencia es la que soporta todo el resto. La paciencia sería, pues, la fortaleza del alma en la vida cotidiana, sin que por eso se convierta en una virtud ‘femenina’ en sentido kantiano.”

La paciencia exige perseverancia. Corregir sí, pero pacientemente

Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com

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