En tiempos pasados, el PRI marcaba las definiciones electorales, las “cargadas” aparecían y la “bufalada” en estampida buscaba cobijo, heno, agua y especialmente certidumbre para obtener el “hueso deseado”, para sexenalmente vivir en las mejores condiciones posibles siendo parte del ejercicio del poder político por parte de la “familia revolucionaria”. Los caudillos, hijos, entenados, amantes, jefes, caciques, generales, “cachorros” y demás pipitilla se subían al “carro de la revolución”. Tiempos donde el PRI, cuando no ganaba, arrebataba elecciones con descaro, cinismo y sin pudor alguno.
La oposición apareció simbólicamente con diferentes matices ideológicos, paulatinamente contribuyó a generar un nuevo clima político, donde la búsqueda de aire fresco condujera a luchar con mucha valentía y dignidad por la existencia de libertades políticas democráticas, contra el “partido de estado” y su “familia revolucionaria”.
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Como signo distintivo y diferenciación aparecieron los decálogos de ética pública, las convicciones políticas, disciplina y la lucha en contra del régimen autoritario y anti democrático. Nuevos tiempos de competencia y efervescencia política marcaron tres grandes tradiciones: la izquierda, derecha y el nacionalismo revolucionario.
La “apertura democrática”, reforma política, sistema de partidos plural, organismos electorales ciudadanizados desde el poder, aparecieron para que las minorías accedieran a la representación política. Llegó la alternancia política, gobiernos divididos, el PRI perdió su hegemonía electoral en las gubernaturas, municipios y de control del congreso de la unión, especialmente el vértice del sistema político mexicano: la presidencia de la república.
Hoy, ya no es suficiente la estirpe, liderazgo, militancia, el trabajo partidario, la disciplina, los códigos de ética, para acceder a espacios de representación política. El pragmatismo racional de la mano con el marketing político hicieron su aparición y emergieron “nuevos políticos profesionales” en todos los partidos registrados que se han convertido en franquicias electorales al mejor postor de las elites políticas y económicas.
Los nuevos tiempos muestran que las campañas ganadoras tienen un factor estratégico determinante, la cantidad de dinero que se dispone para comprar y coaccionar el voto. Una historia de cualidades y atributos extraordinarios artificiosos aparecen para presentar al hombre o mujer que debe ser el gobernante en turno. Frívolos, excéntricos, megalómanos, incultos, ignorantes, corruptos, mentirosos, rapaces, mezquinos, demagogos son los rasgos distintivos de la “nueva clase política” que aspira gobernar el destino de millones de mexicanos.
Los partidos políticos se han convertido en espacios organizacionales donde las conductas facciosas, la traición, deslealtades y predominio del interés personal o de grupo se imponen para definir candidaturas.
Rumbo al 2018, aun con la “civilidad política” que anuncian los contrincantes internos de cada partido rumbo a la presidencia de la república, gubernaturas, senadurías, diputaciones, presidencias municipales, regidurías, están actuando y lo seguirán haciendo, por analogía y con la sabiduría de la picaresca política, como en los “pleitos de vecindad”, las “madrizas de barriada” , “ el agandalle”, “ el descontón traicionero”, “patadas bajo la mesa”, juramentos de dios en vano” , trabajos de brujería”, todo ello para resultar ganadores… “se chingue quien se chingue”. Es la nueva cultura política imperante.
Vendrán tiempos de perdón, conciliación, venganza, ajuste de cuentas, cobro de facturas, cicatrización, nuevos acuerdos y complicidades para que con espíritu renovado, los veamos nuevamente en próximas elecciones pidiendo el voto de los electores para ganar y de inmediato decidir y actuar en contra de la voluntad e intereses de los ciudadanos.
Con las coaliciones electorales que se avecinan, no a todos les tocara un “hueso que roer”, habrá quienes se quedaran con hambre, otros serán damnificados, algunos padecerán delirio de persecución, habrá heridos, golpeados, entierros políticos, viudas, desheredados, apestados, a los muchos les aplicaran la máxima que dice “a lavarse las nalgas a otro lado”.
A los políticos poblanos, solo hay que decirles que la suerte los acompañe y que Dios los agarre confesados. Amén.
nish76@hotmail.com