La salud del pueblo está
en la supremacía de la ley.
Cicerón
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¡En pocas líneas es bueno recordar las hazañas y los méritos de los hermanos Ávila Camacho.
Esta triada, bien puede aplicarse a la familia del Mazo.
Al conocer a unos y a otros, las diferencias son formales, los fondos son parecidos, iguales o idénticos.
Al fin y al cabo unos y otros se comportan en los océanos del poder.
Maximino, de arriero y empleado de una compañía para vender máquinas de escribir y de coser, fue capaz de escribirle al presidente Francisco I. Madero, para pedirle oportunidad para servirlo y también fue capaz de traicionarlo.
De Maximino sabemos mucho, gobernó Puebla de 1937 a 1941, llegó con el apoyo del presidente Lázaro Cárdenas.
A Maximino hay que reconocerle que de arriero llegó hasta Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas, tuvo gran habilidad para acumular bienes, fundamentalmente tierras y ranchos.
Hoy todavía muchos recuerdan su estilo de gobierno: a los opositores y a los contrarios, cárcel o cuello. Ordenaba que se echaran a alguno y lo colgaran a la vista de todos. En los dos o tres restoranes existentes, tenía contratados a los meseros para que escucharan lo que hablaban los comensales y aquellas cosas que le eran contrarias, las sabía de inmediato, y al salir del restaurante esos pobres eran víctimas de atropello y de cárcel. Allí en la puerta los esperaban los policías. Ese era un método eficaz de gobierno. Así mantuvo la entidad en paz.
Una vez que terminó su cuatrienio fue a la ciudad de México, le ordenó al Secretario de Comunicaciones y Obras Públicas que abandonara la oficina, porque él la ocuparía. En seguida tomó el teléfono, le avisó al presidente, su hermanito, Manuel y le dijo: “quiubo hermano, albóndiga desgraciada, ya estoy aquí, como Secretario”.
Entonces, Maximino ordenó construir la carretera Puebla-Veracruz, que naturalmente pasaría por su tierra, Teziutlán.
Maximino hizo buenas cosas y obras públicas como gobernador, pero lo que más se reconoce por sus biógrafos y analistas es: su estilo de gobernar, mano dura y asesinatos.
La entidad se desarrolló en “paz y en orden”. Nada de drogas ni de narcotraficantes. Fue preferible tener acuerdos con ellos; eran pocos.
Otro “acierto” de él fue que, al gustarle una señora, le decía a ella: “hoy, te hare mí mujer, ¿aceptas o te quedas viuda?”.
Hay mucho que recordar de Maximino.
Del presidente Manuel Ávila Camacho, lo primero que hay que decir es que parecía ser un hombre bueno. Al fin soldado, no sabía elaborar y decir discursos, se los redactaban y así parecía muy ilustrado.
Él no hizo mala fama, es más, los primeros días de su gobierno, invocando el artículo 110 de la Ley de Responsabilidades de Funcionarios y Empleados de la Federación, formuló la manifestación de sus bienes raíces: “Soy propietario –explicó– de la granja la Herradura, ubicada en la ex municipalidad de Ixtapalapa, D.F., con un valor de $ 20,000.00. Predio rústico la “Naranja Chica” ubicado en la ex municipalidad de Tacubaya, D.F., con un valor aproximado de $ 7,000.00. Casa y huerta en Teziutlán, Pue., con un valor de $ 10,000.00”
“Manifiesto, además no tener depósito en numerario en alguna Institución de Crédito. Mi esposa, la señora Soledad Orozco de Ávila Camacho, es propietaria de nuestra casa habitación, cita en la avenida del Castillo No. 135, Lomas de Chapultepec, de esta capital, adquirida en la Dirección de Pensiones Civiles de Retiro hace ocho años, en la cantidad de $23,500.00; de la casa número 215 de la propia avenida, con valor de $25,000.00, comprada en 1935 a la señora viuda de Bustillos y, por último, en Atzingo, Morelos, una granja de valor aproximado de $20,000.00”.
Esta es una afirmación de Alfonso Taracena, escrita en el libro “La vida en México bajo Ávila Camacho” de Editorial JUS, México. Primera Edición, Diciembre de 1976.
En ese mismo texto se escribió: El Procurador General de la República, licenciado José Aguilar y Maya comentó: “El Señor General de división Manuel Ávila Camacho, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, ha sido, dentro del régimen iniciado el día primero del mes en curso, el primer funcionario que ha dado cumplimiento a las disposiciones del Artículo 110 de la Ley de Responsabilidades de los Funcionarios y Empleados de la Federación, que previene, que al asumir las funciones de un cargo público, se haga ante el Procurador General de la República, la manifestación de las propiedades raíces y de los depósitos en numerario en las Instituciones de Crédito a fin de que el Ministerio Público, esté en aptitud de comparar el patrimonio respectivo, antes y después del desempeño del mismo cargo”.
Ya no tengo espacio, para enumerar y detallar las propiedades de Don Manuel, en Tecolutla, en Hueytamalco, la finca “Las margaritas”, camino a Papantla, la finca la “Limontita”, que constaba de quinientas hectáreas, el rancho “Coapa Grande” en el camino de San José Acateno, el rancho “Coapa Chico”, y otras más.
Acerca del quehacer público de don Manuel como Presidente, escribiré en otra oportunidad.
También, me queda pendiente la biografía de don Rafael Ávila Camacho, a quien visité acompañando a mi padre, varias veces, fue presidente del PRI, presidente municipal de Puebla y Gobernador del Estado y quien impuso como gobernador a Fausto Manuel Ortega, a quien un día fueteó, por no obedecer sus órdenes.
Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com