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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El Estado de Derecho y la paz social

Legalidad y conciencia. Democracia y participación. Desarrollo y educación. Proceso en México.

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Lunes, Mayo 22, 2017

El Estado de Derecho de un país se sustenta, primero que nada, en el arraigo que tenga la cultura de la legalidad en la sociedad. El respeto a la ley es un valor que debe fomentarse en la conciencia de los individuos desde el nivel más elemental de convivencia social y fortalecer a lo largo de las diferentes etapas de la vida, mediante la educación en las instituciones, la formación ética en las familias y el reforzamiento cívico en las sociedades. Si la idea del Estado de Derecho no se traduce en un sistema normativo de cuya aplicación se deriven beneficios o costos tangibles, es difícil que la propia cultura de la legalidad llegue a permear en la conciencia de las personas y de las comunidades.

La Legalidad por sí, constituye uno de los cimientos más fuertes que no caduca en el tiempo ni en la evolución, pero que sí conforma y guía el respeto por las leyes de la convivencia entre los individuos que integran una sociedad; provoca que exista confianza entre la sociedad, y al mismo tiempo entre la sociedad y el Estado; logrando la paz y la justicia social.

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Con la participación de todas las fuerzas políticas, el trabajo coordinado entre los órdenes de gobierno, la planeación integral conjunta y el uso responsable y transparente de los recursos públicos, podremos impulsar políticas en favor de un desarrollo más equitativo de las regiones, las entidades y municipios del país.

El desarrollo democrático de México ha sido un proceso en ocasiones lento y complejo; sin embargo, también ha sido ordenado y en paz. Lo anterior es producto del fortalecimiento de nuestras instituciones electorales, así como de una serie de reformas a nuestro sistema político y al sistema de partidos, que ha dado pie a la inclusión de cada vez más grupos de la sociedad en la toma de decisiones públicas. En menos de 20 años pasamos de un sistema concentrado a uno multipartidista, donde la posibilidad de la alternancia política es una realidad a nivel nacional y en todos los órdenes de gobierno.

La impunidad, corrupción y simulación han sido obstáculos para el desarrollo del país a lo largo de su historia. Esta distorsión que, entre otras cosas, ha derivado en ocasiones en un ejercicio discrecional del poder, ha generado desconfianza en la sociedad respecto a las instituciones de gobierno y a la actuación de las autoridades. Igualmente grave es la desconfianza que prevalece entre la ciudadanía.

Es necesario fomentar el desarrollo de proyectos integrales que promuevan la práctica de valores morales y sociales, y aseguren una convivencia democrática con una verdadera Cultura de la Legalidad, cuyos beneficios conlleven el objetivo de colocar a nuestro país en niveles de bienestar y seguridad, para finalmente, lograr la paz social.

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