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OPINIÓN

NUEVO GOBIERNO EN EL ESTADO DE PUEBLA

Puntos fuertes de Gali, experiencia administrativa. Transición sin rupturas. Perfiles del gabinete.

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Miércoles, Enero 18, 2017

A poco menos de 15 días ocurrirá la transferencia institucional gubernamental. La nueva administración gobernará alrededor de 20 meses. La peculiaridad ha sido señalada infinidad de veces. El lapso es breve y cien por ciento electoral. Lo cual, matizado el asunto, debe ser visto como un escenario de oportunidades.

No es un deseo, hay argumentos: Tony Gali tiene una importante trayectoria en la política local. Las funciones administrativas desempeñadas y los resultados entregados son activos de primer orden. Es justo mencionar que no es un improvisado.

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La legitimidad alcanzada en las urnas, las formas personales de interactuar con la sociedad, su condición política de ciudadano y los resultados obtenidos, son elementos sustanciales de prueba. Apuntamos uno más: la transferencia del poder ocurre sin mayores sobresaltos y garantiza gobernabilidad. Es un primer acierto en razón de  la inestabilidad provocada por políticas nacionales erróneas. Nadie puede negar la situación delicada de la economía y la política como efecto de la administración pública federal.

Obligado es, además del liderazgo que ejercerá el primer responsable, la definición de un equipo sostenido en perfiles con experiencia en la política y en la gestión pública, afines en perspectivas y lealtades al gobernador. Nunca como hoy son tan importantes  las trayectorias de prestigio sólidas, probadas, comprometidas y en la mejor disposición de ofrecer buenos resultados en lapsos breves.

Los funcionarios estatales tendrán que sobreponerse a las veleidades electorales. Es obligado dedicar tiempo y energías para la búsqueda de gobernabilidad, por encima y a pesar del accidentado trance del país. Se trata de garantizar efectividad y eficacia decisional para enfrentar retos en todos los ámbitos, especialmente en aquellos provocados por las políticas de restricción que implementará Donald Trump.

En el contexto poblano la mesura ha sido relevante para enviar claves de certidumbre. El arranque se dibuja claro, contundente, enfático. El próximo gobernador  no apresuró los tiempos ineludibles de inicio, ha sido respetuoso de la institucionalidad y el perfil político manejado cerró el paso a especulaciones nocivas para la entrega recepción.

En la bruma el horizonte muestra luces: hay liderazgo, expectativas para un buen gobierno, criterios para definir equipo de trabajo y metas específicas para cumplir. 

 

Los 22 compromisos que condensan el Plan para Puebla. Son acciones con criterio de equidad social. Además, serán medibles y evaluables.

La próxima administración enfrentará circunstancias significativas demandantes de amplitud de miras, tolerancia y capacidad para la resolución pacífica de conflictos. Hoy las dificultades de gobierno se derivan de escenarios de crispación social que obligan a considerar innovación en la negociación para inhibir rupturas  y garantizar gobernabilidad. No hay mejor referencia que la reconsideración creativa de la participación ciudadana.

El buen gobierno lo es si tiende puentes de interlocución con todos los sectores de la sociedad. Es positivo que tal criterio sea considerado en lo “22 compromisos”.

Es innegable: en el estado de Puebla el pluralismo político tiene ya carta de naturalización. Ponerle límites desde la función gubernamental solo atrofiaría el desarrollo político.

El eje ciudadano es estratégico, a final de cuentas es una dimensión nada alejada de la experiencia y condición política del próximo gobernador. Él mismo se mantiene en su faceta de político no afiliado a ningún partido y tal característica es útil  para orientar acciones con rasgos ciudadanos. Los tiempos de inestabilidad se sortean desde criterios decisionales asociados a formas de participación social inclusivas. La dirección de gobierno local en dicha perspectiva marcaría realmente nuevos estilos en el ejercicio del poder público. Liderazgos innovadores son liderazgos inclusivos que observan sin temor, miedo o aversión, la participación permanente de agentes sociales diversos en el seguimiento, evaluación y crítica de todas las acciones gubernamentales.

La resolución de problemas debe acercarse al interés social, máxime cuando a contracorriente de voluntarismos políticos, emerge en nuestro entorno, como actor, una sociedad plural, mejor informada, que ha dejado  condiciones de obediencia autoritaria, que es demandante de buen gobierno, castigadora de las elites políticas y con propensión a explorar nuevos escenarios de convivencia y alternancia.

En la política poblana  el hábito del buen gobierno democrático debe instalarse a cabalidad.

El ejercicio del  poder por el poder mismo, su alejamiento de la sociedad, el predominio del interés electoral partidario por sobre los intereses de la comunidad, marcarán tiempos perdidos para los ciudadanos. No es la mejor opción y vendrán, en este caso, paradójicamente muy temprano, las cuentas electorales por cobrar.

Gnares301@hotmail.com

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