“Para Naye, por su compañía,
generosidad y espíritu aventurero”
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Para todos, la palabra mercado nos recuerda un lugar de compra-venta. Según la Real Academia de la Lengua española, mercado es el sitio público destinado permanentemente o en días señalados, para vender, comprar o permutar bienes o servicios.
En México existe la tradición de visitar los mercados para comprar nuestros artículos básicos, especialmente de la comida. Recordando nuevamente a mi abuelo, que decía que: “siempre y en cualquier lugar a donde llegues, hay que visitar y comer en su mercado”.
Los mercados en nuestro país están divididos en secciones, aun cuando sean pequeños, los productos que se comercian están generalmente frescos y conforman una vista con una variedad de colores deslumbrantes y de sabores inigualables. También encuentras todo tipo de productos, especialmente artesanías locales y comidas tradicionales de la región y del país.
La historia de México, nos recuerda que desde antes de los olmecas, ya existía el comercio, a través del cual llegaron a lugares mucho muy distantes que el centro del actual territorio nacional.
Estos contactos constituyen los primeros intercambios comerciales de la época prehispánica. Después, los teotihuacanos y los mayas llevan a la práctica relaciones formales de comercio. Con el creciente poderío militar y político de los aztecas se inicia y desarrolla lo que se podría llamar el comercio exterior mexica donde los mercaderes traían a su capital desde lejanas tierras, valiosos productos como el jade, el algodón, el cacao y los metales preciosos.
En la plaza principal de México, que casi corresponde a la actual, se estableció el mercado de la ciudad. Cuando los aztecas dominaron Tlatelolco construyeron allí el mercado principal. También había mercados especializados en ciertos productos, como el de sal en el barrio de Atenantitlan, el de perros para comer en Acolman y los de esclavos en Azcapotzalco y en Iztocan.
Ahora la situación actual del comercio al menudeo en las ciudades mexicanas ofrece un contraste muy marcado, están los mercados, misceláneas y expendios de abarrotes y además las modernas cadenas de autoservicio surgidas en la segunda mitad del siglo XX. Considero que ahora es muy importante contribuir a la subsistencia de los tradicionales mercados, impulsando el pequeño comercio recordando que también son un legado de la época prehispánica.
Pero no solamente hay mercados en México, en Europa también existen, establecidos en lugares específicos como el de la Boqueria en Barcelona, hasta los que se ubican en las calles como mercados rodantes de acá o los tradicionales navideños.
En la guía de mercadillos navideños, se lee que en la comunidad europea el país que tiene más mercados navideños es Alemania con aproximadamente ciento dos. Recorrí con mi hija tres ciudades alemanas, en las cuales los mercados navideños son una tradición histórica.
El más antiguo de Europa es el de Dresden: el Striezelmarkt. Su antigüedad se remite a 1434, con una ruta de un kilómetro de largo y en donde se venden bebidas especiales como el tradicional Glühwein, especie de ponche de frutas y especias en vino tradicional, los dulces, la comida, las artesanías más tradicionales de la región de Sajonia y múltiples y especiales adornos y escenas navideñas elaboradas con madera, tela, cristal, porcelana, lana, papel etc. Expuestas en especies de casas de campaña sobre las cuales están grandes escenas navideñas con movimiento, elaboradas en madera.
También realizan una serie de actividades lúdicas para los niños en salones recreados para su imaginación. La torre central del mercado con movimiento circular de manera permanente, también está elaborada con madera, en dónde en cada nivel se observan diversas figuras con escenas de navideñas. En el primer nivel se muestra el nacimiento del niño Dios.
Además de este mercado, también se encuentran otros en Dresden, como el Medieval, el Romántico, el de Adviento, cada uno con especiales características propias de esta época y muy cercana a sus tradiciones y costumbres.
Otros mercados tradicionales se encuentran en Niurenberg, ciudad en la región de Franconia, en el estado de Baviera, donde además del central, se encuentran el especial para Niños, el cultural de Naciones y el del niño Dios. El especial para los niños es realmente hermoso; en él al levantar la mirada observas nuevamente, encima de las tradicionales casas del mercado, múltiples escenas dedicadas a los niños, pero que están relacionadas con cuentos tradicionales y que remiten a la imaginación. También está el del niño Dios, donde se vende todo lo necesario para realizar tu nacimiento; y el de las Naciones, donde encuentras artesanías y comida de las ciudades hermanas de Niurenberg en el mundo.
Coburgo, es otra de las ciudades maravillosas de Alemania en dónde también se pone un tradicional mercado. Es una antigua ciudad ducal de Baviera, dominada por una fortaleza con varios monumentos y hermosos edificios renancentistas. Su mercado tiene lugar en la hermosa y encantadora plaza central de la ciudad: Innenstadt, en donde además de la comida tradicional y el Glühwein, están a la venta muchos productos artesanales locales y regionales: cestas, porcelana pintada, transformaciones de vidrio y madera de talladores y maestros vidrieros y madereros muy talentosos, además de venta de pieles y artículos para la época invernal.
En estos mercados no encontré un solo artículo chino, ni tampoco comida chatarra. Todos son verdaderamente tradicionales en donde sus habitantes y los turistas locales e internacionales valoran lo suyo y lo adquieren con especial entusiasmo y motivación.
Aquí, hemos permitido que toda clase de productos chinos y chucherías se vendan en nuestros mercados. Los artesanos de Analco por ejemplo, tienen una cerrada competencia con quienes comercian productos que nada tiene que ver con lo tradicional de Puebla; lo mismo en los Sapos o en la calle del Carolino; inclusive en la Acocota o en el mercado Hidalgo. El año pasado nuestro mercado navideño en el zócalo, tenía ventas de Telcel y otro tipo de mercancía, pocos eran los puestos que vendían artesanía y comida regional típica.
Si queremos sobresalir en este mundo globalizado, solo lo podemos hacer con lo nuestro y una de esas estrategias es apoyar a los artesanos locales y regionales. Si en Alemania venden y todos toman con especial placer el Glühwein. ¿Por qué aquí casi nunca encontramos nuestro tradicional ponche? ¿Por qué no promocionamos como lugar turístico la visita a nuestros mercados? y ¿por qué nosotros, no valoramos tanto nuestras tradiciones y costumbres?
Tarea para todos, especialmente para quienes pretendemos educar.