No es el sufrimiento, sino la esperanza de cosas mejores
lo que incita las rebeliones.
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Eric Hoffer
Este levantamiento político social de la mayor parte de los mexicanos se efectuó en respuesta a la opresión y a la pobreza que padecían la mayor parte de los habitantes.
La revuelta iniciada en 1910 había tenido su antecedente desde 1905, y alimentada por diversos ideólogos y políticos inconformes con el régimen porfirista.
Total que la revolución no se llevó a cabo de un día para otro, transcurrieron varios años entre esa fecha y 1917 cuando se promulgó la nueva Constitución en Querétaro, en la cual se contenía la solución a las demandas de la mayor parte del pueblo.
Así fue como, en base a la Constitución de 1857, se cimentaron algunos artículos centrales, como el artículo 3º el 127, el 124, y otros.
Los resultados después de 100 años, no hay que negarlo han sido positivos, y tampoco hay que negar que nos encontramos ahora en una situación comparativamente casi igual a la de 1910.
Es cierto, al inicio del movimiento el noventa y cinco por ciento de la población no sabía leer ni escribir, ahora más de la mitad de la población no se encuentra en los niveles de competitividad desde el punto de vista del desarrollo, en relación con otras naciones. Nuestro atraso es innegable.
En el ámbito de la salud publica también, en esos 100 años se han tenido avances, sin desconocer que más de la mitad de la población no tiene para médicos, medicinas y hospitales.
En cuanto a la habitación, apenas el cincuenta por ciento de los ciudadanos tienen casa propia, originada en parte por la inmigración del medio rural al ámbito urbano, campesinos todavía hay, pero no pasan del treinta por ciento. Ahora habitan en las ciudades y conforman los cinturones de miseria.
Alguna vez, escuché decir a Jesús Reyes Heroles, que pleno empleo nunca habría, y en efecto, nunca ha habido. Ahora el desempleo en nuestro país, es innegable de una gran parte de la población.
Los ingresos de las personas y de las familias no son suficientes, o mejor dicho son escasos para el sesenta por ciento de ellas.
Ahora la Revolución Mexicana, para la mayor parte de la población es algo desconocido, como si no hubiera existido, con todo y las referencias que se hacen en los libros de texto gratuitos.
Esa revolución fue grande e importante, costó la vida a más de un millón de mexicanos.
Ciertamente abrió paso al modelo capitalista y se hizo desaparecer las estructuras casi medievales, prevalecientes en la época porfiriana.
Hay que recordar, que los primeros gobiernos después de 1917, empezaron a arreglar las cosas públicas, pasando por el asesinato del presidente Francisco I. Madero y su vicepresidente José María Pino Suárez.
No olvidamos el asesinato del presidente Venustiano Carranza, el de Francisco Villa y el de Emiliano Zapata.
Ese periodo entre 1910 y 1917, hizo correr sangre de los líderes surgidos en la revolución.
El asesinato del expresidente Álvaro Obregón, también forma parte de ese periodo de penas y sangre.
Como hemos referido, a partir de la constitución de 1917, producto de esa revolución, se empezó a construir un México distinto al prevaleciente hasta esos años.
En fin, el gobierno de Plutarco Elías Calles, dio un curso acelerado a las reformas para dar satisfacción a las demandas populares, sin olvidar la cristiada.
Luego, vino el periodo de los presidentes interinos, hasta llegar al gobierno del presidente Lázaro Cárdenas que continuó aplicando los mandatos constitucionales, para dar respuesta a las demandas populares.
Por cierto, Lázaro Cárdenas, mandó al extranjero a Plutarco, que pensaba que era el hombre indispensable y dueño del país.
Llegó 1940, y asumió la presidencia el poblano, general Manuel Ávila Camacho, que procuró continuar con las medidas de política, económica y social, para dar satisfacción a las demandas planteadas desde 1910.
Bueno, el país fue avanzando lentamente, y así llegamos hasta el 2017 donde parece que no hubo ni revolución, ni gobiernos que hubieran transformado las precarias situaciones de la población.
No hay necesidad de señalar las causas por las condiciones difíciles en las que nos encontramos.
Para empezar, la impunidad envuelve a la nación. Es increíble que los exgobernadores abusivos no hayan sido capturados y llevados a juicio. Es una vergüenza. Eso exaspera a la población. Los electores se cobrarán esos agravios. ¿Porque no han podido meterlos a la cárcel? Pues porque no han querido.
¿Cuantos negocios impúdicos se habrán hecho, de los que todavía no nos enteramos?
El descontento social se expresará en la urnas y no hay que sorprenderse si se presenta una situación violenta para derribar al régimen podrido prevaleciente.
Ya pasaron 100 años, entonces bien puede haber otra revolución violenta.
Ahora no hay lugar para despresurizar la caldera.
Tantos errores son imperdonables.
Hace falta un líder que por la vía pacífica resuelva los problemas o un dirigente que convoque a una rebelión que revolucione el estado de cosas.
Estamos en la etapa de la involución desde hace varios sexenios.
Los comicios de 2018, nos dirán qué hacer: cambio pacífico o violento.
La Revolución Mexicana no existe más que en las páginas de algún libro.
¡La Nueva Revolución nos convoca!
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