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OPINIÓN

¿Cuándo aprenderán los «intelectuales», los «comentógrafos» y los analistas políticos?

Chicago Daily Tribune, 1948. Bush perdía en 2004, según los medios. Trump perdía en 2016

Mario De Marchis

Ingeniero Químico de la UAEM, con maestría en computación del ITESM, Campus Morelos. Posteriormente cursó un Doctorado en Administración en el Programa del ITESM, Campus Ciudad de México y la Universidad de Texas en Austin.

Es profesor del ITESM, desde 1985.

Ha recibido en varias ocasiones la distinción de profesor mejor evaluado en el Campus Morelos, Ciudad de México, Monterrey y Santa Fe y en la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín, Colombia.

Es fundador del Campus Santa Fe, donde fungió como director de la División de Negocios y Posgrado.

Ha sido consultor en diferentes Instituciones, tanto públicas como privadas, tales como  IMTA, GFT, la ONU-Méx, Línea Bancomer, Confitalia, Canacintra, Coparmex, Inophos e Infonavit, entre otras.

Es autor del libro “Yo, el Director” de Editorial Océano y fue reconocido por la revista “America Economía” como el segundo mejor libro de gerencia en español del 2010 y primero en Latinoámerica.

Actualmente es profesor de tiempo completo del Departamento de Administración de Empresas en la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP).

Martes, Noviembre 22, 2016

“Aprendemos de la experiencia

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que los hombres nunca aprenden nada de la experiencia”.

George Bernard Shaw

En 1948, el Chicago Daily Tribune, publicaba en primera plana la derrota del presidente Truman, que el día anterior buscaba su reelección, justo cuando los cómputos electorales decretaban la victoria del supuesto perdedor. Y así, Truman pudo salir con el periódico entre las manos, que anunciaba su irrealizada derrota. Y así nos volvió a ocurrir en el 2004, cuando todos los “profetas” daban a John Kerry la victoria sobre George Bush, en las elecciones presidenciales de ese año, y en el 2016 con la Brexit, el plan de Santos en Colombia y ahora, por enésima vez, en las elecciones a la máxima magistratura en Estados Unidos. Creo correcto y revelador el titular de el periódico español El País, del 9 noviembre, el temible “day after”: “No podemos seguir pensando que la realidad se equivoca”, y nos recuerda el famoso dicho de Chesterton:

“Lo que comúnmente llamamos mundo intelectual se divide en dos categorías de personas: aquellos que adoran el intelecto y aquellos que lo usan. Hay excepciones, pero, casi siempre, nunca son las mismas personas. Los que usan el intelecto, no lo adoran, porque lo conocen demasiado bien. Aquellos que veneran el intelecto, no lo usan, como demuestran con los discursos que hacen”.

Y viendo los principales opinógrafos que escriben el “Día después”, me temo que no aprendieron nada de sus errores, siguen condenando a quien el pueblo eligió, descalificando y ninguneando a sus electores, reduciéndolos a un grupo de Neandertales ignorantes, quedando embelesados en la adoración de sus supuestos perspicaces y agudos intelectos, que rozan, según ellos mismos, a la  omnisciencia.

Es interesante analizar la siguiente gráfica:

Podemos ver el promedio de los pronósticos de los principales periódicos: como cambiaron en el radio de cuatro horas. Deberían ser una verdadera fuente de reflexiones y de análisis de conciencia.

Ya es hora de admitir que entre los votante del señor Trump, hay muchos que también son hombres de color, son hispanos legales y son mujeres, que no encontraron una propuesta de parte de Hillary Clinton, respecto a los problemas reales, que la gente común enfrenta día a día, en la realidad del mundo concreto. Creo que sea difícil para una feminista aceptar una mujer que en lugar de usar su apellido de soltera, Rodhman, que nadie conoce, hace gala de su apellido ganado por ser la “mujer del sr. Clinton”. Es irónico, ¿no?

Ya es hora de preguntarnos si unos opinionistas puedan reflejar la realidad, utilizando Twitter, Facebook e Instagran, para retroalimentarse entre ellos mismos, con los mismos lugares comunes de una “Inteligencia” soberbia, pagada de si misma, creyendo que el mundo real sea solamente el mundo de Silicon Valley, de Wall Street y del “Turbo-CEO”. Obsesionados por hacer sentir a todos su sabia e informada opinión, se han vuelto incapaces de escuchar y hasta de sentir la opinión de los otros. Separados en tantas pequeñas burbujas de realidad virtual, cada una de ellas separadas de las demás por compartimientos impenetrables, creen que la realidad dependa de cuantos “like” recibe una idea.

Lamentablemente parecería que por incontables veces, la experiencia no enseña nada a nuestros analistas. Falta totalmente cualquier intento de autocrítica, así como carece totalmente de autocrítica la estridencia que se desata en los socials: 

¡Trump ganó porque América es racista! Sin preguntarse: ¿cómo esos mismo estados votaron antes por un negro con nombre musulmán? Y, ¿por qué han votado los hispánicos, exactamente como hace 4 años a Romney, es decir uno de tres, pero ahora a favor de Trump? y ¿por qué las mujeres han votado al candidato republicano exactamente como hace 4 años otorgaron su sufragio a Ronmey, es decir el mismo 38%?

Por un lado, reconocen que todos los pronósticos que se basan en encuestas de opiniones que se demostraron equivocadas, porque las personas no dicen la verdad sobre quien piensan elegir, más si los medios y los intelectuales descalifican al candidato, como sucedía con Berlusconi y sucedió con Trump el 8 de Noviembre. Es políticamente incorrecto decir que se vota por ellos. Y al reconocer lo anterior, en lugar de callar, están analizando los “exit pool”, para ver si los blancos son los electores del sr. Trump o si las mujeres y los negros apoyaron a Billary, afirmando que los Millennians votaron en un mayor parte por la candidata demócrata, llegando a especular que si hubieran votado solo los Millennians, Hillary habría obtenido 479 grandes electores frente a solo los 59, que corresponderían al ya Presidente electo de Estados Unidos.

Déjenme concluir con dos frases célebres respecto a la experiencia y a la naturaleza humana:

Para la mayoría de los hombres, la experiencia es como las luces de popa de un barco, que iluminan sólo el camino que queda a la espalda”, de Samuel Taylor Coleridge y, por eso, nuestros opinionistas reconocen que se equivocaron brutalmente en los pronostico y antes de terminar el razonamiento ya especulan con la misma información que reconocen ser falsa, para inferir quien votó, cómo y para quien, así que Friedrich Schiller sigue trágicamente actual y, tal vez así será en eterno, cuando afirma:

“contra la estupidez los mismos dioses luchan en vano”

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