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OPINIÓN

La presidencia de Trump: la alarma infundada.

En semanas pasadas me cansé de decirle a la gente que no descartara a Trump como vencedor.

Raúl Bringas Nostti

Es licenciado en antropología por la Universidad de las Américas Puebla. Es también maestro en Estudios sobre Estados Unidos de Norteamérica por la misma universidad. Y es doctor en Historia por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Miércoles, Noviembre 16, 2016

En semanas pasadas me cansé de decirle a la gente que no descartara a Trump como vencedor. Incluso cuando las encuestas indicaban que Hillary Clinton tenía el triunfo en la bolsa y ya se daba por muerto al candidato republicano, insistí en que muchos votantes no decían la verdad al ser encuestados. Simpatizaban con Trump, pero temían que se les acusara de racistas o intolerantes. Con tristeza, aunque no exento de un sentimiento de triunfo, contemplo que mi predicción se materializó. Si usted duda de lo que digo, lo invito a que lea un comentario mío en la reputada revista colombiana Negocios y Petróleo, publicado el 17 de octubre, justo cuando casi todos descartaban a Trump y afirmaban que no venía al caso el escenario que yo pintaba. En dicho comentario señalé lo que América Latina podría esperar de una presidencia encabezada por el empresario.

Recuerdo también, y lo hago con triunfalismo, cómo fui uno de los pocos analistas que pensó que era un acierto que Peña Nieto invitara a Trump a México, pues al hacerlo preveía la posibilidad de que el republicano fuese el siguiente presidente estadounidense. Un buen jefe de Estado debe anticiparse a todas las posibilidades. Y que conste, nunca he sido un apologista del gobierno de Peña Nieto, sino todo lo contrario. Sin embargo, la ceguera de quienes piensan con el corazón y no con la mente era de antología. Acusaban de traidor y hasta de fascista a quien argumentaba que lo hecho por el presidente era un acierto. Ahora sólo esconden la cabeza.

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Basado en las anteriores consideraciones, ahora le comento mis nuevas predicciones. En el entorno alarmista en el que vivimos, y que alimentan algunas plumas supuestamente “informadas” y “conocedoras”, se afirma que ya viene el fin del mundo, que México sufrirá una embestida sin precedentes, que sólo hay nubarrones en el horizonte. Mi área de especialidad a lo largo de décadas ha sido el estudio específico de Estados Unidos, en particular sus relaciones con México. No soy un advenedizo en el tema, como muchos que en las semanas previas comenzaron a soltar opiniones a los cuatro vientos. ¿Qué ocurrirá?

No ocurrirá gran cosa, estimado lector. Olvídese de las imágenes apocalípticas. Trump advertirá que una cosa son las promesas de campaña y otra la realidad. Los vínculos económicos entre los dos países son impresionantes. De cumplir lo que prometió, Trump chocaría con grandes intereses empresariales, que van desde Ford hasta General Electric, pasando por Monsanto. Si coloca impuestos a las manufacturas mexicanas castigará al consumidor estadounidense, quien asumirá el incremento en los precios. Tampoco puede deportar a la mano de obra barata que permite que las empresas estadounidenses reduzcan costos. Mucho menos logrará que México le pague un muro, que, ese sí, construirá parcialmente. El peso mexicano sufrirá las embestidas del mercado por unos meses, pero finalmente se estabilizará.

Claro que puedo equivocarme. Por ello, en una futura colaboración sugeriré las acciones que podría tomar México en caso de que el peor escenario se materialice. Tenemos muchas opciones a la mano, sólo hace falta un poco de inteligencia de parte de quienes nos gobiernan.

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