Se requiere una política de planeación que cuantifique las grandes necesidades, las presupueste y establezca plazos para su solución en un horizonte que no rebasen 20 años, es decir, atención a corto, mediano y largo plazo como se intentó hacer con la Agenda del Agua 2030.
Necesitamos una revisión objetiva y reconocimiento a lo que ha funcionado. Dar continuidad de obras y proyectos acertados y no inventar el país o los estados cada 6 años, ni los municipios cada 3 o 4 y, principalmente, dar seguimiento y hacer evaluación de programas, algo de lo que más se ha carecido en los últimos 50 años
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En la política financiera necesitamos un presupuesto público que no sólo contenga los problemas y que, en algunos casos, genere prosperidad; requerimos un presupuesto que también genere riqueza para hacer sustentable el bienestar y que no sólo considere inversión en obras nuevas ya que, en este caso, no se considera también un presupuesto para mantenimiento de las mismas.
Se requiere desarrollar una política ambiental real que establezca como prioritario la reforestación para proteger manantiales y fuentes de agua; limpiar ríos, presas, lagos y lagunas; reforestar aéreas por semilla en el caso de espacios inaccesibles; adoptar especies forestales más productivas; desarrollar mayor apoyo para adoptar las energías limpias y mayor impulso a métodos biológicos para el tratamiento de aguas residuales ante una notable inviabilidad de los métodos tradicionales de altos costos operativos.
Además, es necesaria una política de financiamiento productivo con mayor impulso al emprendedurismo de la población; crear cajas comunitarias de ahorro y préstamo para incentivar la producción de bienes; apoyar a proyectos integrales de tamaño mínimo rentable dentro de los programas de fomento y al desarrollo de infraestructura de acopio así como la transformación de materias primas para acceder a mercados.
Es necesaria una política alimentaria y acuícola que ayude a los productores de autoconsumo y pequeños productores a elevar la productividad, subir sus rendimientos, bajar los costos, que permita al mismo tiempo alimentarse mejor, vender mejor y aumentara ingresos cuidando los recursos naturales. Integrar y desarrollar cadenas productivas y de valor, revertir la contaminación y sobrepesca de los mares; fortalecer y apoyar de forma integral a la acuacultura e impulsar la adopción de innovaciones tecnológicas como las jaulas flotantes, las cuales permiten aumentar la producción acuícola facilitando la alimentación manejo y pesca en los cuerpos de agua.
Aún falta en este México, en esta Puebla de tantas riquezas naturales, desarrollar muchas políticas públicas que beneficien al conjunto de la sociedad en que vivimos cuya visón nos permita desarrollar un mejor futuro.
[El autor es Director del Centro Internacional de Seguridad Alimentaria
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