El joder entró a los verbos de la política mexicana. Lo que el presidente Enrique Peña Nieto quiso decir es que no se levanta con el ánimo de afectar al país. La expresión fuerte y clara obliga a pensar que habrá muchos mexicanos que crean lo contrario.
La frase presidencial revela que el mandatario está cansado de los señalamientos, las críticas y por supuesto los insultos de quienes se empeñan en evidenciar las fallas de su gabinete y principalmente de su persona. Nadie dijo que sería fácil ser Presidente de México, sobre todo cuando los puntos negativos han acaparado los titulares de la prensa y los comentarios en redes sociales.
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El presidente se muestra incomprendido, impopular. Veo a un hombre desanimado y convencido de que "haga lo que haga o deje de hacer" será objeto de burla, de acusación, de irritación social. Los errores han costado muchísimo a su imagen... Hoy ya no se habla de "Mover a México" sino de "No Joder a México"... Terrible el concepto, la percepción, el resultado.
Las encuestas revelan que ningún otro mandatario había tocado fondo en las preferencias ciudadanas. Los números son fríos y arrojan que está a la par de la desaprobación del presidente de Venezuela (21%). La convulsión económica, política y social en ese país explica la mala imagen de Nicolás Maduro pero qué hizo Peña Nieto para colocarse en ese renglón.
Sería absurdo creer que hay una estrategia intencional de aplastar y recomponer la figura presidencial. ¿A quién le gustaría ser recordado como un presidente decepcionante o incapaz? Nadie en su sano juicio aceptaría gobernar así. He escuchado a quienes piensan que Enrique Peña Nieto tiene mala suerte, más bien creo que no estaba preparado para asumir la conducción del país.
"Que lo bueno no se cuente pero cuente mucho" suena a reproche. Intenta decir que ni los medios de comunicación ni la sociedad se esfuerzan en ver las buenas noticias, los logros, el cambio (así interpreté el slogan del cuarto informe presidencial).
A Peña Nieto lo han marcado diversos sucesos, la trágica desaparición de los 43 normalistas, la vergonzosa huida del Chapo, la creciente inseguridad, una economía debilitada, la visita de Trump y la percepción de que su familia sangra las finanzas públicas además de usar su posición para beneficios personales -principalmente su esposa-.
(Aquí he señalado que no hay una sola acción de beneficencia que otorgue liderazgo a Angélica Rivera; sus notas casi siempre están relacionadas con su belleza y vestidos de diseñador -hasta hace unos meses su mansión-. La primera dama del país es más que una cara bonita y portada de revista social; es la parte humana de la administración federal. Era una buena oportunidad de terminar con la etapa de actriz y colocarla en un punto visible sin protagonismos).
Pero partiendo de la base que el presidente dice la verdad sería mucho mejor que lo demostrara con hechos. Me gustaría que dentro de sus atribuciones fuera contra quienes sí se levantaron con la idea de joder al país. Hoy hablamos de Javier Duarte y Guillermo Padrés pero cuántos más cayeron en la misma mezquindad en los últimos cuatro años y recibieron el perdón político. La gente está cansada de los rateros que abusaron del poder. La congruencia podría ayudarle a Peña Nieto a recuperar los popularidad que dejó escapar.
En paralelo con la actuación obligada de la PGR para capturar a Duarte y Padrés, el gobierno federal tiene en sus manos otros expedientes que podría acelerar antes de que Roberto Borge, César Duarte u otros más burlen la ley como penosamente sucedió con los antes mencionados. Y si en verdad no hay cabida para los corruptos prepárense porque las cárceles se van a colapsar, mucho pillo político anda suelto.
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