El aforismo dice que para conocer a un hombre es mejor juzgarlo por sus hechos que por sus dichos.
Y es el caso del gobernador electo Tony Gali. El primer paso por el que empezará a ser evaluado, él y su gobierno, es la integración de su gabinete.
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Él alude con frecuencia su vida en Puebla. En su propaganda y en los actos donde se presenta, saca a colación aquello que lo identifica con la gente, con las familias o con la vida social, económica o laboral de la capital más que del estado.
Este hecho indicaría que pondrá cuidado y un acento especial en la designación de su equipo de colaboradores.
En torno a ésta y otras decisiones, se especula ampliamente en cualquier reunión donde se toca el tema del cambio de gobierno. Y en efecto, un aspecto clave en el arranque del gobierno que él encabezará dentro de unas cuantas semanas, es el signo de sus colaboradores.
Habrá que ver si privilegia y en qué medida la oriundez de los integrantes de su equipo, y junto con ello las características de cada uno: su formación académica o experiencia de trabajo, sus antecedentes en las carteras que habrán de ocupar, la relación o no con el gobierno que termina, y el origen mismo de cada uno: los sectores público o privado, la formación instituciones de Puebla o de otras partes y otros aspectos.
Esta decisión, trascendente, ofrecerá los primeros signos para evaluar qué trae entre manos el gobernador entrante. Qué cuenta para él en cuanto a sus compañeros de trabajo en el proyecto que le corresponde. Y acaso lo más relevante en el aspecto directamente político, qué nexos o no guardarán con el gobierno que termina.
Tony Gali tiene una oportunidad extraordinaria en su experiencia como gobernador, al enviar ese primer mensaje a la sociedad del estado.
Todo gobierno que concluye deja claroscuros, pendientes, agravios e incluso polarización social.
Y la historia es cíclica. El que llega, por sentido común, busca restañar aquello que lesiona a la sociedad y empieza por tender puentes de entendimiento. Casos ha habido en Puebla y en otras partes, en que el clima es de tal crispación que, como en el caso del doctor Alfredo Toxqui, tuvo por lema “Cancelemos odios y Rencores”, para apagar el fuego que amenazaba con incendiar el estado.
Hoy no es ese el caso pero tiene otras aristas que no pueden pasar inadvertidas.
Por eso, lo primero que se pone a prueba en los días por venir es el sentido común del nuevo gobernante. Eso, que parece tan simple, pero que suele pasar inadvertido, o atropellado abiertamente en las sucesiones gubernamentales de todos los niveles.
Esa es pues, la primera clave del nuevo gobernador, y los ojos y la atención de diversos sectores de la sociedad están atentos a ese hecho. Como suele ocurrir, empiezan a surgir versiones, interpretaciones o signos en torno al gabinete.
Y en este tipo de especulaciones cabe todo, desde la febril imaginación de personas interesadas hasta chismarajos o intereses para promover a alguien o lesionar a algún prospecto.
Dejemos entonces que sean los hechos los que empiecen a configurar al nuevo gobernador y su gabinete.