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OPINIÓN

Un romano: Cicerón

Figura y relevancia de Cicerón. Las leyes. Las virtudes. La justicia. La república.

José Alarcón Hernández

Lic. en economía, con mención honorífica. Diputado Local dos veces y diputado federal dos ocasiones. Subsecretario de Educación Superior de la Entidad y Subsecretario de gobernación del Estado. Autor de 8 libros publicados por la Editorial Porrúa. Delegado de la SEP Federal en el Estado. Actualmente Presidente del Colegio de Puebla. A.C.

Martes, Septiembre 27, 2016

La mitad del mundo 

se está riendo de la otra mitad

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Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.) fue un príncipe de los oradores de Roma. Fue autor de varias obras.

 

Fue un orador brillante  en todos los géneros, el forense, el senatorial, el judicial y el panegírico. Fue un artífice del idioma.

 

También fue un patriota, frecuentemente se enfrentó a los poderosos en turno: al dictador Sila, al tribuno Clodio, a Marco Antonio cuyos soldados habrían de decapitarlo.

 

Cicerón fue un hombre de gobierno, fue cuestor en Sicilia, edil curul, pretor urbano, cónsul, gobernador de Cilicia. También fue un filósofo que fue calificado de ecléctico porque tomó conceptos de Filón, de Larisa y de Antíoco, de Diodato, de Posidonio, de Fedro y Zenón.

 

A los 20 años se fue a estudiar a Atenas; entonces Antíoco influyó notablemente en él. Estudió ahí como ahora ocurre que los nuestros se van a Oxford o a Cambridge, en esos tiempos abrevó de Platón, de Aristóteles, de Crantor, Panecio, Clitómaco, y otros.

 

Poco después escribió sus primeros tratados filosóficos y políticos: “De Republica” y “De Legibus”.

 

También escribió algunos textos referentes a la metafísica y otros como “Académica”, “De finibus bonorun et malorum”, “De natura deorum”.

 

También fue autor de tratados morales: “De officiis”, “De consolatione” y otros más.

 

Por cierto, estas obras influyeron en los padres de la Iglesia, sobre todo en San Ambrosio y San Agustín.

 

Joaquín Antonio Peñalosa afirma que: “Lo que salva la filosofía de Cicerón del silencio y la penumbra, en vista de su flojedad sistemática y falta de profundidad metafísica, son sus exposiciones jurídicas y sus ideas éticas, con las que ha suministrado fórmulas bellísimas a toda la filosofía posterior; y ese fondo psicológico, humano, histórico y documental. La honradez y nobleza de alma de Cicerón se nos revela mejor en sus obras filosóficas que en sus discursos y tratados retóricos, donde muchas veces la pureza de sus intensiones quedó mal trecha”

 

Lo más relevante para estos tiempos es el pensamiento jurídico de Cicerón, que escribió su obra “De Legibus”. 

 

En su obra jurídica afirma que “los hombres son semejantes entre sí, esencialmente iguales aún los esclavos”. Igualdad en la naturaleza, en el modo de conocer, en las perfecciones y aún en los vicios.

 

Como buen observador afirmó que “todos los seres humanos buscan el placer, el honor, la vida. Así como huyen del dolor y la muerte”.

 

De la igualdad ontológica que postula hace derivar la sociabilidad. Para ello, los hombres tienen necesidad de comunicarse y así vivir en sociedad y como consecuencia, dar a cada uno lo que es suyo, sin daño mutuo e implantar la igualdad de trato que no es más que la justicia.

 

Cicerón establece la diferencia entre equidad, que es algo objetivo, y la justicia que es algo subjetivo.

 

“Sin justicia –comenta Joaquín Antonio Peñalosa- el hombre no podría vivir en sociedad, ni realizarse como ser social. La sociabilidad efectiva es el fruto de la justicia”.

 

La equidad exige la realización de la utilidad común.

 

El egoísta que busca su propia comodidad, no se comporta como igual, sino como superior, que pretende lo ajeno.

 

Las exigencias de la justicia  son: no dañar a nadie y servir a los demás.

 

Cicerón afirmó: “el hombre nació para la justicia y el máximo esplendor de la virtud es la justicia”.

 

“No puede darse la justicia – escribió Joaquín Antonio Peñalosa – sin fe, sin buena fe, sin confianza mutua, sin credibilidad recíproca, en cuanto uno dice o hace. La vida se reduce a dar y recibir, mandar y servir, enseñar y aprender, comprar y vender, lo que el propio Cicerón llama un intercambio general de oficios”.

    

“Si los hombres se engañan entre sí, si no guardan los pactos, la sociedad y la igualdad simplemente se imposibilitan. El dolo, el fraude, la simulación, desarticulan la vida social. Por eso la justicia reclama la buena fe, ya que la buena fe es un acto de justicia”.

 

La buena fe supone la verdad, la equidad se basa en la verdad.

 

Por todo ello, “el derecho que es uno, que es único, brota de la misma naturaleza humana. La naturaleza del hombre es el origen y la sustancia del derecho. Su voz y su imperio, su razón de ser estriba precisamente en la razón del hombre. No hay varios derechos sino uno solo, el derecho natural, el que fluye de la única naturaleza del hombre”.

 

Cicerón distingue también el derecho positivo con la expresión “ius civile”.

 

Por ello la ley positiva es la ley natural determinada y sancionada por la voluntad humana.

 

Cicerón fue un estudioso pleno, amó a Roma hasta hacer de sus obras un poema para la república.

 

“Cicerón supo imprimir en todo el sello de su pueblo, y conferir a lo extraño ciudadanía romana”.

 

En su tratado de la amistad define que ésta nace de la misma naturaleza del hombre como “espontánea inclinación del alma”.

 

“La amistad verdadera –afirma José Antonio Peñalosa-, a propósito, difícilmente se encuentra en los que siguen la carrera política”. “Los amigos son pocos, dice Cicerón, dos personas, o un poco más.

 

 

Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com

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